Saúl Craviotto paga la inocentada: «¡Me la habéis colado!»

Carmen Fernández REDACCIÓN

VIRAL

Saúl Craviotto en el programa «Inocente, Inocente»
Saúl Craviotto en el programa «Inocente, Inocente» RTVE

La gala «Inocente Inocente» invitó al deportista para gastarle una broma

29 dic 2018 . Actualizado a las 12:42 h.

Como todos los años, coincidiendo con el 28 de diciembre, Día de los Inocentes, TVE celebró su gala más divertida y solidaria, con el lema «Juntos somos capaces». El programa Inocente, inocente es ya un clásico de la televisión, además de solidario, recauda fondos para ayudar a los niños con discapacidad física, intelectual y sensorial y a sus familias. Este año, la inocentada le tocó, entre otras celebrities, al piragüista, hijo adoptado asturiano, Saúl Craviotto. El deportista acudió a un falso programa de televisión en el que tuvo que retransmitir una regata de piraguas un tanto peculiar, que lo dejó alucinado.

Desde sus inicios, la Fundación Inocente dedicó su esfuerzo y empeño en recaudar fondos par ayudar a aquellas entidades sin ánimo de lucro que ayudan a los niños y niñas con enfermedades, discapacidad o riesgo de exclusión social. La gala de este año, que recaudó la cifra de más de un milón de euros, estuvo presentada por Juanma Iturriaga, Anne Igartiburu, Jacob Petrus y Marta Solano. Durante cuatro horas y tras las actuaciones musicales de Malú, Luz Casal, Adrián Martín, José Manuel Zapata, Núria Fergó y Julián Fontalvo. Y mientras que más de 300 voluntarios atendían a las llamadas telefónicas procedentes de todos los extremos de la península para donar. Las bromas comenzaban a surgir para Ana Guerra, Eduardo Noriega, Maggie Civantos, Koke Resurrección, Saúl Craviotto y Jaime Nava.

Casi finalizando la gala le tocó el turno a Craviotto. El medallista olímpico acudió a un falso programa montado por Televisión Española y durante lo que también fue un falso directo, el ex concursante de Masterchef tuvo que hacer de invitado de honor, así como de comentarista de una competición de piraguas entre dos pueblos enfrentados que era, cuanto menos, surrealista. El asturiano intentaba ser lo más profesional posible, aunque de vez en cuando su cara de incredulidad y su risa se dejaban ver ante el montaje. Los competidores, que se hacían pasar por dos pueblos rivales de Madrid, chocaban sus piraguas constantemente, además de darse collejas en la cabeza, entre otras trampas.