Mitos y realidades de la economía asturiana


Coordinador del Laboratorio de Análisis Económico Regional. Profesor de Economía Urbana y Regional de la Universidad de Oviedo

Asturias ha sido una de las economías regionales más profundamente estudiadas. La intensa especialización en sectores tradicionales que entran en declive en toda Europa inicia en nuestra región una crisis industrial que es paradigmática. Durante los 80 y 90 se publicaron múltiples trabajos de investigación, monografías, informes y análisis que diseccionaron, estudiaron y diagnosticaron con precisión qué había ocurrido. Surge así una clara visión académica de la situación de Asturias de la que emana un claro proyecto político regional que se ha venido desarrollado durante las dos/tres últimas décadas.

Pero hoy han pasado más de 20 años desde aquellos análisis de los 80 y 90. Han cambiado muchas cosas en nuestra estructura económica y demográfica, se han hecho muchos esfuerzos en infraestructuras y equipamientos y ha cambiado mucho el entorno político e institucional de toda Europa. El proyecto político que hemos aplicado durante estos últimos 20 años se queda obsoleto. Surgen nuevas prioridades que requieren nuevas políticas.

En el trabajo Asturias: impulso metropolitano para afrontar los nuevos desafíos, publicado en un especial de la revista académica Papeles de Economía Española, realizamos una revisión actualizada de las principales variables socio-económicas en Asturias. Sin ánimo de hacer una revisión exhaustiva del análisis que en ese trabajo se presenta, en este breve artículo quisiera simplemente remarcar algunas ideas sobre nuestra economía que se toman como ciertas y empiezan a no serlo. Desataría las cinco siguientes.

Primero. Asturias es una región agraria en las alas e industrial en el centro. Esto ya no es del todo cierto. La actividad económica principal de toda Asturias, tanto en las alas como en el centro, son los servicios. El turismo, en las alas, principalmente en la oriental; y los servicios públicos, empresariales y comerciales, en el centro. Es cierto que en el interior de las alas, sobre todo en la zona occidental, el peso de la agricultura y ganadería sigue siendo relevante, pero secundario si lo comparamos con el volumen de empleo y producción que genera el sector servicios incluso en estas zonas. El tamaño en términos de empleo y producción de las actividades industriales en el centro ha caído mucho, aunque sigue siendo un motor importante para los servicios empresariales y de apoyo técnico que, junto con el comercio, la hostelería y el sector público, son las principales actividades económicas del área central. Asturias es una región de servicios.

Segundo. Asturias es una región con fuertes deficiencias en infraestructuras y limitados equipamientos. Esta es una de las cosas que más han cambiado en nuestra región y sobre la que somos menos conscientes. Tras tres décadas de inversiones en infraestructuras y equipamientos estamos por encima de la media nacional y en la propia media europea. Nuestras dotaciones de infraestructuras portuarias son significativamente superiores a la media de las provincias españolas costeras. También estamos por encima de la media de toda España en carreteras y autovías de alta capacidad. Solo nos situamos un poco por debajo de la media en vías férreas de alta capacidad, a causa de la ausencia del AVE en nuestra región. En equipamientos públicos, hospitales, facultades o colegios, también estamos por encima de la media nacional.

Tercero. Asturias es una región periférica con una muy difícil accesibilidad. Es evidente que en tres décadas pueden cambiar muchas cosas, pero no nuestra posición en el mapa de España y Europa ni nuestra orografía. Seguimos estando en una esquina montañosa de la Unión, alejados de los principales centros económicos del continente. Pero el desarrollo del Arco Atlántico y las nuevas infraestructuras realizadas en España, como la autovía del Cantábrico o el gran puerto de Gijón, nos han aproximado mucho a ese centro continental. Aunque la posición de Asturias sigue sin ser óptima, ya no somos la región ultra-periférica que describía Jovellanos.

Cuarto. Asturias presenta una tendencia al envejecimiento y a la emigración de la población joven. Este es un caso donde la afirmación se queda corta. Ya no presentamos una «tendencia», como se decía en los estudios demográficos de los 80. Hoy, Asturias es ya una región altamente envejecida, de donde la población joven más cualificada huye a ritmos alarmantes. Todo ello está afectando ya a la sostenibilidad de nuestro sistema público sanitario o de jubilaciones. No hablamos ya de «proyecciones» o «tendencias», sino de hechos actuales. La demografía de Asturias se ha convertido, en mi opinión, en uno de nuestros principales problemas, si no el mayor.

Quinto. Las ciudades del área central forman un conglomerado urbano interrelacionado, aunque cada ciudad sigue siendo independiente del resto. De nuevo creo que es una visión que es obsoleta y se basa en la observación de los datos en los 80 o 90. Tres décadas después, Oviedo, Gijón y Avilés, y los espacios intermedios y anexos, presentan una interrelación tan fuerte, unos flujos de trabajo, residentes, comercio y unas relaciones económicas tan intensas que, vistos sobre el papel, sin conocer la historia y geografía del lugar, cualquiera pensaría que se trata de barrios de una única ciudad. La metrópoli central está emergiendo. Nuestras empresas operan en escala metropolitana y cada vez mayor porcentaje de la población desarrolla su vida en esa misma escala, con desplazamientos diarios entre los distintos núcleos.

Todos estos cambios dibujan una Asturias muy diferente de la que fue tan profundamente analizada en los 80 y 90. Hay nuevos desafíos y las políticas aplicadas estos años ya no sirven para responder a ellos. Por eso es importante que encontremos un nuevo proyecto regional ilusionante que vertebre la política regional como se hizo en el pasado. Aún nos falta esa visión de conjunto adaptada a la nueva realidad de la región.

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