Las principales economías mundiales se enfrentan a un período de ralentización del crecimiento. Las señales son cada vez más evidentes. El problema para Europa es que el BCE, a diferencia de la Reserva Federal estadounidense, se está quedando sin margen de maniobra con los tipos en mínimos históricos y la compra masiva de deuda en algo más del 40 % del PIB de la eurozona. El paralelismo con la situación que desde hace años sufre Japón es cada día que pasa más evidente
Julio G. Sequeiros