Jesús Baliño, ferrolano, es uno de los pocos gallegos que sigue residiendo en la capital de la República Sudafricana Después de sufrir los desmanes de un Gobierno namibio aferrado a la idea de que cualquier blanco extranjero es un peligro potencial contra las posibilidades laborales de los nacionales de ese país, y tras muchos problemas y amenazas de cárcel por un despiste en la duración del visado, llegar a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, resulta más que gratificante. Allí vive Jesús Baliño, un marinero ferrolano de 59 años que, deseoso de ver mundo y tras un largo periplo vital, llegó a la capital de un país en el que hoy apenas quedan algunos de los cientos de gallegos que emigraron allí en plena época del racismo oficializado por el «apartheid».