El turismo confía en espantar el miedo

Pese al castigo en bolsa a aerolíneas y cadenas hoteleras, el sector descarta que se produzca una ola de cancelaciones

Ciudadanos y turistas llenaron ayer las Ramblas de Barcelona, que, unida frente a la barbarie, recuperó la normalidad tras el ataque terrorista del jueves
Ciudadanos y turistas llenaron ayer las Ramblas de Barcelona, que, unida frente a la barbarie, recuperó la normalidad tras el ataque terrorista del jueves

Redacción / La Voz

El jueves fue el día del terror, pero también de la solidaridad. Tras el atentado, mientras se formaban colas para donar sangre en los hospitales y algunos taxistas ofrecían carreras gratis a quien quería escapar de la Rambla, hoteles y restaurantes prestaron refugio a los transeúntes sorprendidos por el ataque en el centro de Barcelona. Pero, pasado ese primer momento, el sector turístico se enfrenta ahora a las consecuencias de un atentado que, si se repite la experiencia reciente en Londres y París, podría cobrarse una abultada factura también en lo económico.

El primer golpe lo sufrieron el viernes en bolsa aerolíneas y cadenas hoteleras. En el Ibex, IAG (la matriz de Iberia y Vueling) se dejó un 2,2 %, mientras Meliá Hotels cayó 1,97 % y Aena, el gestor de los aeropuertos, un 1,94 %. Fuera del selectivo, NH sufría todavía más y su acción perdía un 3,8 % de su valor en un día. Los números rojos tiñeron también el resto de grandes mercados europeos, afectando a otras compañías que viven del turismo, como Ryanair, Air France o el grupo galo AccorHotels.

Pero no es la reacción de los inversores, que suelen actuar en caliente y olvidan enseguida (como prueba, el brexit), lo que preocupa. Es el miedo a que los atentados puedan generar en los viajeros una sensación de inseguridad que provoque una fuga hacia otros destinos. No sería extraño, sobre todo cuando se analizan las causas del momento dulce que atraviesa el sector turístico en España, que tiene mucho que ver con el declive de otros mercados azotados por el terrorismo o la inestabilidad política, desde el norte de África (Túnez o Egipto) a las grandes capitales europeas, pasando por Turquía.

Hasta 16 millones prestados

Según las estimaciones de Exceltur, la patronal que agrupa a las principales empresas turísticas, España habría recibido entre 14 y 16 millones de turistas prestados de esos mercados desde que en el 2011 se desencadenara la llamada primavera árabe. Según la asociación, la reiterada caída de visitantes en estos países explica «un 49 % de la demanda extranjera adicional acumulada en España desde entonces».

A esto hay que sumar el desplome de los grandes destinos urbanos en Europa. La constante amenaza terrorista desde los atentados del Charlie Hebdo ha desangrado a París, que perdió cerca de 1,5 millones de visitantes el año pasado, en el que las reservas hoteleras fueron un 6 % inferiores a las del año anterior. En el Reino Unido, donde Londres y Mánchester han sido objetivo del yihadismo, los informes estiman caídas de 250.000 turistas.

Mientras, España cotizaba al alza en el mercado internacional. Los poco más de 56 millones de turistas que visitaron nuestro país en el 2011 crecieron hasta superar los 75,3 millones al cierre del 2016, un incremento del 34 % en un lustro. A este ritmo de crecimiento, el trono de Francia (que acogió a 83 millones de visitantes extranjeros el año pasado) parece al alcance de la mano, si no este año, sí en los siguientes.

Y a la cabeza de ese crecimiento, Cataluña. La comunidad, que a comienzos de la década pasada recibía menos visitantes que Canarias y Baleares, se ha convertido en el destino preferido de los extranjeros que eligen España para sus vacaciones. El año pasado acogió a más de 18 millones de turistas, un 4,3 % más que en el ejercicio anterior. El ritmo se ha acelerado en lo que va de año, con un repunte del 10 % entre enero y junio.

Amenazas al crecimiento

Hasta ahora, la principal amenaza para el sector (que sostiene más de 2,5 millones de empleos en el país, según la EPA) venía de las protestas que se empezaban a organizar en ciertos puntos muy masificados contra la aglomeración que, según los residentes, les impide disfrutar de sus ciudades. Pero la turismofobia que tanto debate ha generado en las últimas semanas, incluso entre los políticos, palidece cuando se compara a la amenaza real que se introduce tras los ataques terroristas perpetrados en Cataluña.

De momento, tanto la Generalitat como los operadores turísticos niegan que se esté produciendo una cancelación masiva de reservas. «No hay anulaciones ni cambio de planes», afirmó en Twitter el consejero catalán de Empresa, Santi Vila, citando a los operadores internacionales contactados desde la agencia autonómica de turismo. Desde Galicia, Juan Rivadulla, presidente de la Asociación Galega de Axencias de Viaxes (Agavi), destacó que ninguno de los asociados con los que ha podido hablar tras el atentado «manifestó ningún tipo de cancelación». Al contrario, destaca el buen hacer del sector en Barcelona, que «está actuando con total normalidad, se mantienen las excursiones programadas, las visitas, el bus turístico... No se altera la rutina más que en lo imprescindible, y eso es lo importante: lanzar un mensaje de unidad».

«No anticipamos muchas cancelaciones inmediatas. Estos incidentes cada vez son menos infrecuentes y la gente comprende cada vez más que pueden ocurrir en cualquier lugar», dijo a Efe Tom Jenkins, presidente de la Asociación Europea de Turoperadores, que augura un impacto limitado. Desde Rusia y Francia lanzaban mensajes similares. En evitar ese primer impacto ha ayudado, además de la destreza de las fuerzas de seguridad para desarticular la célula terrorista y evitar nuevos ataques, la prudencia de las cancillerías europeas, que no han desaconsejado viajar a España.

Por eso, Rafael Gallego, presidente de la Confederación Española de Agencias de Viajes, se muestra seguro: «[El terrorismo] es un riesgo con el que venimos conviviendo desde hace ya algunos años y, por este motivo, no se va a ver afectada la imagen de Barcelona, ni de España, ni de Europa».

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