La UE carece de plan B por si cae May y abre el proceso para ratificar el acuerdo

Los gobiernos pronostican una crisis «muy seria» si el proceso de divorcio se paraliza


bruselas / corresponsal

¿Qué pasa en Londres? ¿Qué va a ser de May? De eso estuvieron pendientes ayer las 27 cancillerías europeas. También los arquitectos del divorcio en sus despachos de Bruselas. «Tenemos que ser prudentes, ojalá todo vaya bien allí», sostenían. La UE aguarda, con el corazón en un puño, a que la situación se estabilice al otro lado del canal de la Mancha. Cualquier traspié de Theresa May puede echar al traste el frágil acuerdo de salida. 

¿Por qué se tambalea el acuerdo?

Porque su futuro está ligado al de la supervivencia política de la primera ministra británica, a quien sus rivales dentro del Gobierno y partido tory quieren derribar. La cascada de dimisiones dentro de su Ejecutivo la han puesto al borde del precipicio. Si dimite, o la echan del cargo, no se podrá firmar el texto del divorcio. También se ha puesto en tela de juicio la legitimidad del acuerdo después de la dimisión del ministro negociador británico, Dominic Raab. La Comisión Europea trató de apagar ayer ese fuego dejando claro que ahora su interlocutora es May.

¿Cómo se desarrollará el proceso de ratificación?

El próximo lunes se reunirán en Bruselas los 27 embajadores permanentes ante la UE, para debatir el texto y preparar los documentos para aprobarlo formalmente en la cumbre extraordinaria de líderes que se celebrará el domingo 25 de este mes. Una vez que el Consejo dé luz verde al acuerdo en esa cita, arrancarán los procesos de ratificación nacionales, incluido el del Parlamento británico, el que genera más dudas. A mediados de diciembre, la Eurocámara publicará una opinión preliminar sobre el acuerdo. Pero el voto definitivo no llegará hasta principios del año 2019. «Tendremos la última palabra», recordó ayer el presidente de la institución, Antonio Tajani.

¿Qué ocurre si la UE y el Reino Unido tropiezan?

«No hay plan B. Si no se ratifica, estaríamos en el precipicio. Entraríamos en una crisis muy seria», aseguran fuentes comunitarias. El escenario del brexit duro todavía no está tan lejos. Basta con que una de las piezas de todo el engranaje falle. Un parlamento nacional, un motín en los Comunes o un desliz de la Eurocámara. Apenas hay tiempo para volver a encauzar el proceso de divorcio si se atasca. Los deberes tienen que quedar listos antes de la fecha de salida (29 de marzo del 2019), aunque el Consejo puede conceder «por unanimidad» unas semanas más de margen al Reino Unido, eso sí, siempre que no interfieran en la preparación de las elecciones europeas de mayo. En esa fecha, el escenario debe estar despejado. 

¿Benefician a España los términos del divorcio?

En términos globales, sí. Fuentes de la negociación valoraron ayer de forma «muy positiva» el resultado de un acuerdo que trae calma relativa a la economía española. Reino Unido, uno de los socios comerciales más importantes para el país, seguirá integrado dentro de la unión aduanera, un espacio libre de tarifas y cuotas de exportación. Eso sí, Londres se someterá a las normas regulatorias de la UE. Y lo hará hasta que sea capaz de sellar en el futuro un acuerdo comercial tan ambicioso que no requiera introducir barreras y controles en la frontera entre las dos Irlandas.

Su estatus aduanero podría prolongarse de forma indefinida. En cuanto a los españoles residentes en el Reino Unido y los que lleguen antes de que termine el período transitorio, todos sus derechos serán garantizados. Podrán trabajar, estudiar, recibir ayudas y demandar la reagrupación familiar como venían haciendo. También hay buenas noticias por el flanco financiero. Sin brexit duro y con los británicos dispuestos a pagar la parte que les toca por los compromisos adquiridos para financiar programas conjuntos, los españoles notarán menos el agujero de las finanzas europeas de las que se alimentan algunas regiones como Galicia.

La disputa sobre el Peñón queda a expensas de la cooperación bilateral

Cuando los negociadores europeos quieren dejar espacio para los cambios o giros inesperados en las negociaciones, suelen retorcer los términos. Con una suficiente dosis de ambigüedad, lo que hoy era rojo mañana puede ser verde. Eso mismo es lo que le ha ocurrido al protocolo de Gibraltar, incluido dentro del acuerdo de salida del Reino Unido.

El Peñón sigue en disputa. El territorio, históricamente reclamado por España, se irá de la UE junto al resto de británicos, pero el Gobierno español no tiene previsto vetar la aplicación del acuerdo del brexit a los gibraltareños. Al menos si Londres cumple con las cada vez más desdibujadas promesas que hizo en torno a este territorio peninsular pendiente de descolonización.

A lo largo de las siete páginas dedicadas al Peñón, la UE insta al Reino Unido y a España a colaborar en todas esas materias «irritantes» para las autoridades españolas. El problema radica en la redacción superficial del protocolo, que deja en manos de los dos países la labor de llegar a acuerdos sobre los derechos de los ciudadanos, el contrabando de tabaco, la fiscalidad, la pesca, el medio ambiente y la cooperación policial y aduanera. 

Período transitorio

Londres ya ha conseguido el visto bueno del negociador europeo, Michel Barnier, a un divorcio gradual, suave, menos doloroso. También para Gibraltar, que disfrutará de un período transitorio a pesar de los escasos pasos que ha dado el Gobierno británico para responder a las reclamaciones españolas. Solo hubo cierto avance en materia de cooperación y transparencia tributaria y en la fijación de una fecha (2020) para aplicar en Gibraltar una nueva normativa más estricta contra el contrabando. Cuestiones como la gestión del aeropuerto o los derechos de los trabajadores fronterizos siguen estancadas.

No solo eso. Para evitar obstáculos insalvables en las negociaciones, la cuestión de la cosoberanía del Peñón ha quedado fuera del protocolo, que no aborda el estatus futuro de Gibraltar una vez que expire el período transitorio. Eso será harina de otro costal. Sus detalles se irán afinando en los cinco memorandos bilaterales que negocian Londres y Madrid.

Las cancillerías europeas, entre el recelo y la cautela

El ánimo en las cancillerías europeas era ayer de cautela, recelo y optimismo contenido. El anuncio del acuerdo fue una «gran noticia» para el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, cuyo país, sus empresas y sus ciudadanos respiran aliviados. Con todo, el galo se resiste a descorchar el champán. París sabe bien que hay demasiados riesgos e incertidumbres en el camino hacia la ratificación del texto. No solo por las presiones a las que se está viendo sometida en casa Theresa May. Sus socios europeos deberán pasar la lupa a la letra pequeña y puede haber reservas.

«Recomiendo cautela porque tenemos que estar seguros de que las normas fiscales y medioambientales que tenemos en el mercado interior son respetadas por el Reino Unido, así que no nos precipitemos», sostuvo. Su compañera de gobierno, la ministra de Asuntos Europeos Nathalie Loiseau, puso la nota de advertencia sobre la mesa: «Queremos un buen texto que garantice que los intereses de la UE son respetados. Estamos particularmente vigilantes en lo que se refiere a las condiciones justas de competencia».

Las suspicacias francesas contrastan con la satisfacción del Gobierno español. Pedro Sánchez juzgó «razonable» el acuerdo. El secretario de Estado para la UE, Luis Marco Aguiriano, puso el foco en el protocolo sobre Gibraltar, que obliga al Reino Unido a colaborar en áreas de interés para España: «No abandonamos ninguna de nuestras reivindicaciones», deslizó ayer, recordando que si el Reino Unido tropieza y se va sin acuerdo, el Peñón también. «Esperamos que May reciba el apoyo de su Parlamento», subrayó.

Algunos países creen que todavía existe un pequeño margen de maniobra para matizar cláusulas y términos acordados, pero la canciller alemana, Angela Merkel, rechazó esa posibilidad. No quiere tentar ni cargar de razones a Londres para renegociar el texto. Lo hecho, hecho está. «Tenemos un documento sobre la mesa acordado. No hay duda sobre si deberíamos continuar negociando», sostuvo. El Taoiseach (jefe de Gobierno) irlandés, Leo Varadkar, recordó que queda «un largo camino por delante», pero aplaudió el paso dado por May. «Quiero reconocer su integridad. Ha sido fiel a su palabra», manifestó.

Curiosamente, los gobiernos tenidos por populistas y, con frecuencia, también locuaces, como Italia, Hungría o Polonia, adoptaron ayer una línea de discreción y evitaron valoraciones.

May aguanta el tirón, por ahora

Miguel-Anxo Murado

El punto fuerte de May es que no hay alternativa. No hay tiempo para una renegociación, ni la UE tiene interés en emprenderla

El miércoles, el plan para el brexit de Theresa May superaba su primera prueba, la aprobación del Gobierno; pero el horizonte no se ha aclarado en absoluto. Esquivado el riesgo de una dimisión en masa, estaba claro que ayer empezaría un goteo de dimisiones, y así fue. En total, al menos siete altos responsables abandonaron el Gobierno. En general, se trata de cargos menores, salvo dos ministros del gabinete (un tercero parecía ayer noche dispuesto a unírseles). El problema para May es que uno de ellos, Dominic Raab, era precisamente el ministro para el brexit, el teórico negociador del plan que quiere aprobar la primera ministra. Su marcha es un golpe duro para ella y su capacidad de vender el acuerdo a la sociedad británica. 

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