Una disputa de tres siglos: Gibraltar, el contencioso que siempre vuelve

España nunca ha renunciado a recuperar la soberanía, pero Londres se ha negado a negociar


España nunca ha abandonado su pretensión de recuperar la soberanía de Gibraltar, pero durante los últimos años ha optado por el pragmatismo ante la cerrazón británica a negociar.

En las últimas fechas, el Gobierno llegó a asegurar que estaba dispuesto a votar no al acuerdo de la UE sobre el brexit al considerar que arrebataba a nuestro país el derecho a tener la última palabra sobre el futuro del Peñón.

¿Por qué Gibraltar es británica?

Como consecuencia de la firma del Tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la Guerra de Sucesión Española, que se desató en 1701 al morir sin descendencia Carlos II, último representante de los Austrias, y que impuso a la corona española ceder la soberanía de Gibraltar al Reino Unido. Fue el precio que tuvo que pagar Felipe V, primer rey de la Casa de Borbón, en un intercambio de «paz por territorios», que incluía la cesión de otras posesiones. En su artículo X, el Tratado establece que cede a la Corona británica «la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, conjuntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen». También que España tendrá derecho preferente de adquisición si en algún momento Londres decide «dar, vender o enajenar» el territorio.

¿Cuál es la posición de España?

Según se puede leer en la web del Ministerio de Exteriores, «este vestigio colonial destruye la unidad nacional y la integridad territorial de España» y es «incompatible con la Resolución 1514 (XV) de 1960, sobre descolonización». Destaca que Naciones Unidas ha señalado que, en el proceso de descolonización de Gibraltar, el principio aplicable no es el de libre determinación de los pueblos sino el de restitución de la integridad territorial española y que la cuestión «debe ser resuelta mediante negociaciones bilaterales entre España y el Reino Unido». Por tanto, la reivindicación histórica de Madrid es recuperar la soberanía del Peñón, basándose en que Gibraltar fue incluido en 1963 en la lista de la ONU de territorios sometidos a descolonización. Además, la diplomacia española niega que exista título británico alguno sobre las aguas territoriales, el espacio aéreo o el istmo, porque nunca fueron cedidos. Sin embargo, tal como afirma un análisis del Real Instituto Elcano publicado ayer, el europeísmo de España y la importancia que concede a la relación bilateral con el Reino Unido «han llevado a adoptar desde los años 80 una actitud pragmática», lo que «no ha significado que Madrid descuide sus pretensiones a la hora de tratar con Londres o, sobre todo, negociar multilateralmente en Bruselas».

¿Qué sostiene el Reino Unido?

Londres rechaza devolver el Peñón, basándose en que los gibraltareños han dejado claro que quieren seguir perteneciendo al Reino Unido, y se niega sistemáticamente a entrar en cualquier negociación bilateral en ese sentido. En el 2002 el 98,48 % de los llanitos rechazaron en referendo una propuesta de soberanía compartida entre Madrid y Londres.

¿Qué ha pasado estos últimos años?

«La gestión del contencioso se ha caracterizado por la coexistencia complicada, con picos conflictivos y relativa distensión, facilitada por la común pertenencia a la UE y la mucha población que reside en el Campo de Gibraltar y cruza todos los días la Verja para trabajar», según el informe del Elcano. Se han sucedido confrontaciones entre ambos países por diversas cuestiones, como la territorialidad, el contrabando o la fiscalidad, ya que para España y otros miembros de la UE, Gibraltar es un paraíso fiscal. El conflicto entre ambos países es como un Guadiana, aparece y reaparece periódicamente, ahora con especial virulencia porque afecta a un acuerdo histórico como es el brexit.

¿Cómo ha influido el «brexit»?

España vio que tenía una oportunidad histórica, ya que le permitiría tratar sobre un contencioso enquistado desde la posición de un Estado miembro frente a otro que había decidido marcharse aunque desde el primer momento quedó claro que el tema de la soberanía quedaba fuera de las negociaciones. Los resultados el referendo sobre el brexit del 23 de junio de 2016 mostraron que los gibraltareños querían permanecer en la UE por una aplastante mayoría (96 %). Madrid movió pieza y en octubre España presentó ante la ONU una propuesta de cosoberanía hispano-británica, que incluía la posibilidad de que los llanitos accedieran a la nacionalidad española sin renunciar a la británica; una amplia autonomía; o el desmantelamiento de la Verja, que dificulta el libre tránsito entre la colonia y su entorno español.

La demanda de soberanía

En la negociación del «brexit» nunca ha estado sobre la mesa la negociación sobre la soberanía del Peñón, que es la pretensión máxima de España, ya que se consideraba que no era el momento ni se daban las condiciones. Pero Madrid se apuntó un tanto cuando el Consejo Europeo de 29 de abril del 2017 respaldó la tesis española de que Gibraltar no pertenece al Reino Unido, algo por otro lado ya admitido explícitamente por el Derecho Internacional o el de la UE e implícitamente por el británico. Estableció que una vez que este país consumara el «brexit» en marzo del 2019, cualquier acuerdo sobre el Peñón debería contar con el visto bueno de España. Esto suponía un derecho de veto sobre el futuro de Gibraltar, que sin embargo no se reconoce ahora en el texto del acuerdo de salida.

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