El PP, ante unos resultados como los que obligaron a su refundación

El 28A el porcentaje de apoyo en sus 32 feudos tradicionales fue incluso peor que el de 1986, y la encuesta del CIS le deja ahora como segunda fuerza en comunidades y ayuntamientos


Redacción

Retorno a la segunda mitad de los años ochenta, pero incluso en peores condiciones si cabe. Esta es la conclusión para el PP del análisis de la encuesta del PP del CIS sobre 12 comunidades en las que hay elecciones el 28 de mayo, y tras los resultados (ratificados, no encuestas) del Partido Popular en las 32 circunscripciones que pueden considerarse sus feudos territoriales. El CIS apunta a una pérdida de poder en la Comunidad de Madrid, y a una seria amenaza en Castilla y León y en Murcia, dos territorios en los que se ganaba con holgadas y mayorías, y ahora quedaría como segunda fuerza.

Los datos de las recientes generales son claros en esas 30 provincias y las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. En ellas el PP logró más del 50 % en las elecciones del 2011, cuando Mariano Rajoy consiguió la última mayoría absoluta desde la restauración democrática. Entre ellas, por supuesto, están todas las provincias gallegas, castellanas y leonesas y valencianas, así como comunidades uniprovinciales como Madrid, La Rioja, Murcia y Cantabria, entre otras.

Estos son los territorios donde el centroderecha, agrupado en sus distintas facciones en el PP, se hizo fuerte electoralmente, especialmente a partir de la refundación planteada por Manuel Fraga en enero de 1989, cuando rebautiza a Alianza Popular como Partido Popular, aspira ya sin prejuicios ni ambigüedades al centro político que dejó huérfano la UCD y, poco después señala a José María Aznar como candidato a las elecciones de octubre de ese mismo año. Un año después oficializaría ese giro al centro político que ahora se quiere recuperar. 

Así comenzó la reconstrucción del espacio de centroderecha en plena hegemonía de los socialistas de Felipe González: agrupando a las distintas familias liberales y conservadoras e incluso a los más nostálgicos del régimen franquista. En las últimas elecciones antes de ese proceso de refundación que después lideraría Aznar con Francisco Álvarez Cascos a cargo del aparato del partido, en provincias como A Coruña el PP lograba el 36,1 %, subiría en el 2011 al 51,5 % para después volver a ese suelo electoral en el 2015 (35,5 %) y, en menor medida, en el 2016 (40,1 %), para después caer al 25,5 % en las últimas generales, cuando ya era una realidad el centroderecha de tres cabezas que representan los populares, Ciudadanos y Vox.

La circunscripción coruñesa se sitúa en la temperatura media de pérdida de apoyo con respecto a las elecciones de 1986. El resultado es inferior en algo más de 10 puntos a lo que había obtenido el la Alianza Popular de Fraga. En Pontevedra, la diferencia es aún mayor (casi 15 puntos), un margen que solo es superado o igualada por Melilla (22); Guadalajara (21,9); Soria (15,5); Burgos (14,5) o Ceuta (14,9). Lugo pierde 13 puntos con respecto a 1986 y Ourense, con un plus de resistencia muy superior al de la mayoría de las provincias con un sustrato sociológico más proclive al centroderecha, solo 3,7. Este registro solo sería superado por Almería (3,4) y Ávila, la única provincia del acerbo territorial del PP que mejoró en estos últimos comicios los resultados de 1986.

Si puede ser motivo de preocupación que el PP haya desaparecido virtualmente de nacionalidades históricas como Cataluña o el País Vasco, lo es aún más que sufra de esta manera en los territorios donde su liderazgo era indiscutible. Y la comparativa con aquellas elecciones de la segunda mitad de los ochenta es pertinente, pues en aquel momento las derechas también estaban divididas. Tanto en 1986 como en 1989 aún estaba en el escenario electoral con cierta fuerza el CDS fundado por Adolfo Suárez. En las primeras elecciones, la Coalición Popular formada por AP, PDP y el Partido Liberal había logrado 25,9 % de los votos y 105 diputados; en las de 1989, ya como Partido Popular, obtuvo el 25,7 y 107 actas. En las últimas generales, el PP con Pablo Casado al frente redujo su apoyo al 16,70 %, quedándose en tan solo con 66 escaños tras el proceso de fragmentación más relevante del voto de centroderecha.

Resistencia

Quizás si el PP hubiera resistido mejor en sus feudos tradicionales no se hubiera producido un hundimiento electoral de tales proporciones. Hay circunscripciones como Castellón en la que obtuvieron el 52,8 % de los votos en el 2011 y en esta última cita electoral ese apoyo se redujo al 20,3. En Teruel, una de los territorios que se movilizó en la antesala electoral por la España vaciada, pasaron del 51,8 % hasta el 23,7, quizás porque otros partidos recogieron mejor todas estas demandas. En Soria, otro territorio que también protagonizó estas movilizaciones, la evolución fue desde el 54,9 % hasta el 26,6. En esta última provincia el ganador fue el PSOE y, en Teruel, Ciudadanos estuvo a punto de alcanzar al PP.

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Después de su victoria en las elecciones generales, el PSOE obtendría también un amplio triunfo en los comicios autonómicos, hasta el punto de imponerse en todas las comunidades excepto Cantabria, donde la victoria sería para los regionalistas de Miguel Ángel Revilla, que podrían repetir Gobierno con su actual alianza con el PSOE, y Navarra, donde el primero sería Navarra Suma (la coalición del PP, Ciudadanos y Unión del Pueblo Navarro) aunque no lograría gobernar. La magnitud del cambio se expresa en el hecho de que en el 2015, hace cuatro años, el PSOE solo se impuso en Asturias y Extremadura. La única buena noticia para el PP es que mantiene con claridad el segundo puesto y aumenta su ventaja sobre Cs respecto a las generales. 

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