Gala González: «Por casualidad hemos pasado el confinamiento en Hawái y ha sido un verdadero lujo»

Por pura casualidad y sin haberlo planeado, cuando las cosas se pusieron feas, ellos se encontraban en el mejor de los escenarios. Rodeados de naturaleza han vivido los meses de confinamiento, y la mejor de sus experiencias vitales


Después de haber pasado unos días en Los Ángeles trabajando en una campaña y tras una breve escala en Hawái de dos días, Gala tenía pensado coger un avión de vuelta a Nueva York, la ciudad en la que reside desde hace años. Sin embargo, al día siguiente de aterrizar en Maui, la ciudad de los rascacielos entró en estado de alarma y se decretó su cierre. A pesar de que solo llevaba una maleta para tres días, y con la incertidumbre de no saber cuánto iba a prolongarse la situación, ella y su pareja, John Steiner, decidieron que lo mejor era no regresar a Nueva York. Han pasado cinco meses y la gallega continúa viviendo en plena naturaleza. «Cuando las cosas se pusieron feas y nos planteamos tener que vivir aislados, nos alegró darnos cuenta de la suerte que teníamos viviendo en una isla como esta, con árboles llenos de fruta y cerca del mar. Ha sido un regalo de la vida, una lección que aprender, pero sobre todo, estar en contacto con la naturaleza ahora mismo es absolutamente esencial», explica Gala González desde el paraíso.

Cosas de la vida, la empresaria, que recientemente ha lanzado su propia firma, siempre había tenido Hawái en su lista de destinos pendientes. «Siempre me queda muy lejos -confiesa-, ¡y quién me iba a decir que terminaría viviendo aquí!». Explica que en el estado de Hawái es donde menos infecciones ha habido, y que parte del éxito ha sido la rápida reacción de sus habitantes. «Llevan toda la vida sobreviviendo y entendiendo qué es estar realmente aislado (no dejan de ser unas islas en medio del Pacífico), así que desde el primer día han respetado a rajatabla todas las indicaciones del gobernador», señala.

El primer mes miraba el recuento de los casos día a día, pero pronto se dio cuenta de que Hawái se había convertido en uno de los lugares más seguros del mundo donde pasar el confinamiento. «Doy gracias de que las cosas hayan salido así por pura casualidad, esto nunca fue planeado, y mucha gente se olvida de que mudarse conlleva seguir pagando otra casa y estar lejos de los tuyos», asegura. A día de hoy, indica, algunas partes de la isla continúan cerradas y solo puedes acceder si tienes permiso de residente de la zona. Los parques y las playas también han estado cerradas durante meses, sin embargo, durante este tiempo sí que han permitido su uso a todo aquel que quisiera hacer una actividad física que no pudiera hacerla en casa (surf, correr o nadar), pero nunca para tumbarse o tomar el sol. Durante meses, la situación ha estado controlada, pero desde que se ha permitido la entrada a los turistas, señala, los casos han empezado a subir, y temen volver a una cuarentena más estricta.

Pasar del bullicio de Nueva York al silencio de Hawái es un gran cambio, y aunque dice que desconectar de la Gran Manzana siempre es positivo «aunque eche de menos usar ropa de verdad», señala que vivir en una isla tampoco es tan fácil. «He tenido la mala suerte de sufrir un esguince de cuello haciendo surf, y llevo tres meses con dolor crónico, quizás lo más doloroso que he sufrido en toda mi vida. Si he tardado tanto tiempo en curarme ha sido, en parte, por vivir en una isla, ya que muchos de los especialistas están en Honolulú. Sin duda, este no es un buen lugar para ponerse enfermo. Todavía sigo a tratamiento y no veo el día en el que pueda regresar a España donde la sanidad es excelente», señala Gala, que asegura que lo más duro de estos meses es haber estado alejado de su familia y amigos, «porque aquí no dejamos de ser unos visitantes».

MALETA PARA TRES DÍAS

Confiesa que su maleta se planeó para tres días, «quizás algún pantalón más, pero desde luego no incluí ni ropa de baño ni chanclas: lo básico para vivir en Hawái». Al principio estaba todo cerrado y los envíos tardaban mucho tiempo, pero afortunadamente pudo conseguir que le enviaran piezas de su colección de Amlul y así pudo disponer de su propio armario. Y a pesar de encontrarse confinada en el paraíso, estos meses se ha dedicado a trabajar más que nunca. Al inicio de la pandemia su marca apenas tenía ocho meses, y todavía quedaba mucho por hacer. «El tiempo y la diferencia horaria de 12 horas han hecho que duerma muy poco, y a horarios muy raros, pero me he implicado a fondo para entender cómo funcionaba la empresa», explica Gala, que no ha podido tener mejor escenario para fotografiar su última colección de baño que las playas de Hawái.

El plan es regresar a Nueva York en cuanto se pueda, y de ahí a España. Dice que la situación va a hacer más difícil volar a menudo, y es algo que le apetece. «Poder estar más de una semana en un lugar es todo un lujo, -confiesa-. Los próximos meses pienso aprovechar y estar en mi casa en España todo lo que pueda». Ah, también tiene claro que en sus próximas viviendas se va a fijar mucho en la luz y en el espacio. «En momentos como estos es lo más importante para mantenerse sanos por dentro y por fuera. Mi apartamento de Nueva York es muy amplio, pero esto ha sido un verdadero lujo».

Brais Mahía: «Llegué a Filipinas para diez días y estuve cinco meses»

Noelia Silvosa

Mientras el mundo estaba de cuarentena, el coruñés Brais Mahía estaba viviendo la aventura de su vida. Cuando cogió una avión desde China -donde trabaja en la empresa Grama Football Academy-, para pasar diez días vacaciones, no imaginaba ni por asomo que su destino vacacional, Filipinas, se convertiría en su hogar durante cinco meses. Pero así fue: llegó allí el 28 de enero y volvió a Galicia a finales de junio. La crisis del coronavirus le sorprendió cuando estaba visitando Laos. «Estaba allí de vacaciones por el Año Nuevo Chino y la empresa me envió una circular en la que informaba al personal que el trabajo quedaba suspendido desde el 1 de febrero, y que podía volver a España en ese mismo momento o regresar a China cuando se resolviese la pandemia. Yo me quedé en la isla de Palawan», explica Brais, que durante sus meses en Filipinas jamás dudó de que había tomado la decisión más acertada. «Yo pensaba: ‘Si realmente quiero volver, puedo. ¿Pero para qué voy a gastarme más de dos mil euros en un vuelo y pasar unos días en Manila, que es carísimo, haciendo gestiones? ¿Para llegar a España, que tiene unas medidas contra el virus más restrictivas, y estar 14 días encerrado yo solo en aislamiento?», insiste. La verdad es que la pregunta se responde sola.

Seguir leyendo

Tags
Comentarios

Gala González: «Por casualidad hemos pasado el confinamiento en Hawái y ha sido un verdadero lujo»