Los agricultores suecos que se aliaron para buscar formas de cultivar sostenibles

Maruxa Alfonso Laya
M. Alfonso REDACCIÓN / LA VOZ

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Cornelia Smet

Dieciséis granjas crearon una plataforma para encontrar sistemas de producción que fuesen rentables y, al mismo tiempo, respetuosos con el medio ambiente

27 jun 2023 . Actualizado a las 20:41 h.

Hace ya más de treinta años que un grupo de granjeros suecos se dieron cuenta de que no podían seguir produciendo de la misma forma. «Los políticos les decían que tenían que pasarse al ecológico, pero ellos quisieron apostar por un sistema que fuese más holístico», cuenta Lena Holm, coordinadora de Agricultura en Equilibrio, la asociación que en el año 91 pusieron en marcha hasta 16 profesionales del campo de Suecia.

Su objetivo era conseguir un sistema de producción que les permitiese cultivar sus tierras de una forma respetuosa con el medio ambiente, pero sin perder de vista la necesidad de que sus granjas fueran rentables. La entidad sigue hoy viva y de ella forma parte también empresas y hasta organizaciones ecologistas.

Cuenta Holm que, en los años 80, comenzaron a aplicarse un sinfín de programas para reducir el uso de productos químicos en la agricultura. Fue entonces cuando muchos granjeros suecos se dieron cuenta de la necesidad de cambiar el sistema. Pero no querían ser ecológicos, creían en la producción integrada, donde las medidas de prevención se combinaban con un uso más selectivos de los productos. Para probar el nuevo sistema, los granjeros se aliaron con las industrias del sector y crearon esta plataforma.

El principal objetivo de esta entidad es que las granjas trabajen en red. Estas se sitúan en el sur de Suecia y representan diferentes sistemas de producción y zonas climáticas. La idea es que en cada una de ellas se pongan en marcha diferentes proyectos que permitan encontrar formas de producir más respetuosas con el medio ambiente, pero igual de rentables para las grajas. Estas investigaciones se refieren a cultivos como el maíz, las patatas o los vegetales, pero también el ganado, de cerdos, vacas o aves. Además, las empresas tienen la oportunidad de probar en estas explotaciones sus productos y los resultados son compartidos por todas. Se trata de crear un puente entre la investigación, la ciencia y la agricultura práctica para conseguir una agricultura más respetuosa con el entorno.

Cornelia Smet

El mayor productor de brotes quiere usar fertilizantes naturales y reciclar el agua

Per Nordmark es la sexta generación de su familia que se hace cargo de Södervidinge gard, la granja más grande dedicada al cultivo de brotes para ensalada de Suecia. Es también una de las explotaciones que forma parte de la red Agricultura en Equilibrio y, quizás por eso, entre sus objetivos está el de buscar siempre formas de producir más respetuosas con el medio ambiente. En estos momentos, en esta explotación están a punto de poner en marcha dos proyectos: uno que le permitirá obtener un fertilizante natural a partir del compostaje de los residuos generados en su planta de envasado de brotes y otro que busca reutilizar para el riego el agua que generan esas mismas instalaciones.

«Necesitamos ser eficientes». Esa es una de las máximas que defiende Nordmark, en cuya explotación se producen alrededor de 2.500 toneladas de brotes por temporada en sus 500 hectáreas de extensión, 65 de las cuales cultiva en ecológico. Rúcula, brotes de espinaca y acelgas se cultivan en estas instalaciones, que compran la lechuga a otros productores por la imposibilidad de mecanizar su cultivo. Y es que, en esta explotación, la recogida de la cosecha se hace con cuatro máquinas y dos equipos de operarios, lo que les permite recoger dos toneladas por hora y equipo.

Esta explotación cuenta con su propia planta de envasado, donde procesa y embolsa buena parte de su producción. Son 21.000 metros cuadrados en los que trabajan 225 personas y donde, cada vez más, se apuesta por la automatización de procesos. También, por la economía circular. Por eso tiene en marcha dos nuevos proyectos que le permitirán, por un lado, disponer de fertilizante natural para abonar sus cultivos y, por otro, conseguir agua con que regarlos. Para ello, ha comprado en China una nueva maquinaria con la que quiere hacer compost aprovechando, precisamente, todos los restos que se generan en el lavado y envasado de sus ensaladas. «Es una inversión muy alta, pero creemos que es bueno hacerlo porque podemos usar todo lo que tenemos en la granja y no tirar nada», explica. Lo mismo sucederá con el agua. Quiere recoger la que usan para el lavado de las ensaladas y llevarla hasta sus campos para abastecer con ella los sistemas de riego. Como manda la economía circular.

Cornelia Smet

El sistema que detecta cuántas semillas es preciso plantar

Ola Drevas ha conseguido reunir cerca de mil hectáreas de terreno en el sur de Suecia. Buena parte de ellas son alquiladas. En ellas cultiva remolacha azucarera, maíz, cebada y centeno, entre otros. Pero lo hace utilizando la agricultura de precisión, que le ayuda a decidir el aporte de fertilizantes que tiene que hacer en cada parte del suelo, así como la cantidad de semillas que debe utilizar para lograr los mejores resultados posibles. Toda esa información la obtiene gracias al sistema de agricultura de precisión que diseñó la empresa Soyl AB, que escanea los suelos y elabora mapas para la distribución de semillas y fertilizantes.

«En cuatro años utilizando este sistema hemos conseguido resolver los problemas del suelo, los resultados se ven muy rápido», asegura Drevas. Soyl AB utiliza un escáner con el que recorre todo el campo y mide la conductividad eléctrica de la capa superior. Con los datos que obtiene, elabora un mapa, que permite ver las diferencias que hay por el tipo de suelo, la capacidad de retención de agua, el contenido en piedra o la compactación, entre otros factores. Esa información se completa con la que se obtiene de las parcelas a través del satélite y, con todo ello, se elaboran unos mapas que informan de las necesidades que tiene cada parte del suelo. «El terreno solo se escanea una vez, después ajustamos los datos con la información del satélite», cuenta Hans Alvemar, responsable de la empresa en Suecia. Con esa información, se decide los aportes de nutrientes que precisa cada parte del terreno y la cantidad de semillas que es necesario plantar para obtener un rendimiento óptimo. «Con este sistema se consiguen solucionar los problemas que tiene el suelo», añade. Además, en el caso de la granja de Drevas, el sistema está automatizado, con lo que la información sobre la aportación de fertilizantes y semillas se envía directamente a las máquinas que van a realizar las tareas agrícolas, que se encargan de realizar el trabajo siguiendo esos parámetros.