Unos puntos imposibles para intentar poner fin a la guerra en Oriente Medio

P. MEDINA MADRID / LA VOZ

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Manifestante a favor del régimen iraní en Teherán.
Manifestante a favor del régimen iraní en Teherán. XINHUA vía Europa Press | EUROPAPRESS

Tel Aviv busca una agenda propia contra el régimen de los ayatolás

09 abr 2026 . Actualizado a las 11:22 h.

Siempre que la república islámica de Irán acepte la apertura total, inmediata y segura del estrecho de Ormuz, acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante un período de dos semanas». Con esas palabras, el presidente de EE.UU., Donald Trump, reveló el acuerdo para un alto el fuego temporal con Irán que sirva como lanzadera para un futurible cese de la guerra. Uno que, de momento, solo ha plantado cimientos en suelo pantanoso. Ni Washington ni Tel Aviv están dispuestos a que Teherán sea una amenaza en Oriente Medio, y los máximos que exige la república islámica, van en dicha dirección. Y esta tampoco está dispuesta a renunciar a reclamaciones que considera legítimas, como el enriquecimiento de uranio o la seguridad de su país.

Irán y EE.UU. aún tiene que limar sus asperezas. Ninguno de los dos bandos enfrentados consiguió conciliar las reivindicaciones dispares de Washington y Teherán en un documento único y consensuado, sino que se consiguió trazar una base de trabajo propuesta por el régimen persa con correcciones de la Casa Blanca que aún deben de ajustarse y que están lejos de ser una solución última a la guerra.

Tras el anuncio de tregua temporal de Trump, Teherán publicó una propuesta de 10 puntos sobre los que trabajar las conversaciones de paz, aunque dichas reivindicaciones ya habían sido filtradas a la prensa a lo largo de la guerra y defendidas públicamente por figuras de primera línea de la república islámica. En suma, el régimen de los ayatolás recogía en ellas el blindaje y la supervivencia del país y su economía. El decálogo recogía el cese de la guerra en su país y sobre las milicias afines a Teherán en Yemen, Palestina, Irak, y el Líbano. Incluía la reapertura del estrecho de Ormuz —la máxima exigencia de la Casa Blanca y la comunidad internacional—, pero con los peajes millonarios aprobados por el Parlamento durante la guerra, así como el fin de las sanciones económicas a la república islámica y el reconocimiento de EE.UU. y aliados del derecho a enriquecer uranio, siempre con supervisión y con opción a negociar el nivel de dicho enriquecimiento.

A cambio, Irán mostró su compromiso a no desarrollar armamento nuclear y a negociar acuerdos de paz con los países de la región que se han visto envueltos en la guerra, un punto especialmente referido a las petromonarquías del Golfo.

Las reivindicaciones de Teherán, no obstante, son máximos que ni Washington ni Tel Aviv, que va de la mano de los norteamericanos en esta guerra, están dispuestos a aceptar. Especialmente porque la permanencia de las milicias proiraníes en los países árabes continuaría siendo una amenaza para Israel. Pero tampoco existe confianza en el compromiso de los ayatolás a no desarrollar armamento nuclear.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, argumentó en la madrugada del martes al miércoles que había pactado con Irán «una base viable para negociar» la paz, pero la Casa Blanca dijo, tras la publicación de los 10 puntos propuestos por Teherán, que estos no eran a los que se refirió el presidente, sino otros elegidos por el Estado persa y que no habían sido pactados, según The New York Times.

Un documento a la basura

De hecho, el propio Trump afirmó que en las citas diplomáticas que se celebran en Islamabad se trabaja una batería de 15 propuestas de Washington que difiere de los reclamos de Teherán. Incluso la jefa de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que el esquema de los iraníes fue «tirado a la basura» por Trump y, después, «presentaron al presidente y a su equipo un plan más razonable, totalmente diferente y condensado» y más alineado con los intereses de los 15 puntos de Estados Unidos.

Estos, que también los refleja la prensa norteamericana e israelí sin que se haya tenido acceso a su contenido completo, pasarían por el compromiso de desescalada regional y de alivio de sanciones, así como el descongelamiento de activos de las élites iraníes. Pobre si se compara con las exigencias, que son líneas rojas de Teherán: renunciar a su programa nuclear y poner «límites» al balístico —sin especificar cuáles—, más presión del Organismo Internacional de Energía Atómica, libre circulación por el estrecho de Ormuz de petroleros, una misión internacional de protección de navíos y la parálisis en la financiación y abastecimiento de equipo militar de las milicias en la región.

En Washington no están dispuestos a abandonar Oriente Medio. El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, ya avisó de que «nos mantendremos en la zona. No nos iremos a ninguna parte. Nos aseguraremos de que Irán cumpla con este alto el fuego y, en última instancia, se siente a la mesa de negociaciones para alcanzar un acuerdo». «Estamos vigilando la situación y preparados si es necesario, pero esperamos y confiamos en que se mantenga», afirmó.

En la ecuación también quiso incluirse el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. El líder del Likud es uno de los más interesados en que no haya acuerdo, puesto que la derrota del régimen le valdría una supervivencia política. Y quiso hacer hincapié en que el anuncio del alto el fuego temporal «es una pausa en el camino hacia el logro de todos nuestros objetivos», declaró en un comunicado de prensa, en el que añadió que «tenemos más objetivos que alcanzar, y los lograremos, ya sea mediante un acuerdo o reanudando los combates». Por su parte, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, solicitó «encarecidamente a todas las partes a que actúen con moderación y respeten el alto el fuego durante dos semanas, tal como se acordó, para que la diplomacia pueda desempeñar un papel protagónico hacia la solución pacífica del conflicto», habida cuenta de su fragilidad.