El PSOE busca todavía el discurso adecuado para responder al «shock» de la imputación de Zapatero

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Robles, Sánchez y Aagesen, esta semana en Madrid.
Robles, Sánchez y Aagesen, esta semana en Madrid. Mariscal | EFE

Los argumentos que utilizan Ferraz y la Moncloa chocan con los intereses de defensa del propio expresidente del Gobierno

24 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Comenzaban la semana en Ferraz y en la Moncloa poniendo en marcha el argumentario para responder al fracaso electoral en Andalucía de la vicetodo María Jesús Montero, —que básicamente consiste en ignorarlo y sostener que las únicas elecciones relevantes son las generales, en las que los socialistas durmientes despertarán para dar su voto a Pedro Sánchez—, cuando al PSOE le estalló una noticia más dura. El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, al que la propia Montero había calificado pocos días antes como su «talismán», es, según el juez, el líder de una «estructura criminal». «Yo quiero ser en unos años, cuando termine de ser presidenta, como el presidente Zapatero», sostuvo la vicesecretaria general del PSOE en plena campaña. Los socialistas tenían el argumento, bien engrasado en tertulias anteriores y posteriores a los comicios por el exjefe de Gabinete de Sánchez Iván Redondo, preparado para la derrota. Pero no, como se ha visto, para la dimensión de la supuesta trama encabezada por Zapatero.

Mensaje equivocado

El PSOE perjudica a Zapatero. Tras un espeso silencio, la orden de Sánchez fue clara: defender a Zapatero. Pero el mensaje fue mal interpretado por ministros y dirigentes socialistas, que han errado el tiro por falta de coordinación. El PSOE defiende que el rescate de Plus Ultra fue legal y que la labor de Zapatero era legal y equiparable a la que realizaban José María Aznar o Felipe González como consejeros de importantes empresas nacionales e internacionales. Ese discurso yerra en dos cuestiones, que perjudican a Zapatero más de lo que le benefician. La investigación no versa sobre la legalidad del rescate a Plus Ultra, aunque también está siendo investigada, sino sobre si Zapatero influyó o no para que el Gobierno lo aprobara y beneficiarse económicamente con ello. Y, al asegurar que las gestiones de Zapatero eran legales y estaban amparadas en su labor de lobi, ponen en cuestión la estrategia de defensa del expresidente, que no afirma que sus gestiones sobre Plus Ultra fueran legales, sino que nunca intervino en nada que tuviera que ver con ese rescate. 

Aznar y González

Comparación perjudicial. Tampoco sale favorecido Zapatero cuando se le compara con Aznar y González. Ambos fueron contratados por empresas privadas para aprovechar, evidentemente, sus contactos y su agenda. Pero su beneficio ha estado en cobrar sueldos muy altos por su intervención como consejeros y facilitadores, no en cobrar comisiones por contrato conseguido, que es de lo que se acusa a Zapatero. El expresidente no ha trabajado para ninguna gran empresa, sino para pequeñas sociedades a nombre de amigos personales para lucrarse, según el juez, con la consecución de decisiones del Gobierno de Sánchez o la intermediación en oscuros negocios internacionales como, presuntamente, los cupos de petróleo venezolano del Gobierno chavista de Nicolás Maduro o de compañías chinas. 

Cambio de discurso

Hasta Sumar se distancia. Tras la conmoción inicial, fingida en muchos casos porque lo ahora conocido era vox populi desde hace tiempo en determinadas informaciones publicadas, el PSOE asume que lo de Zapatero pinta muy mal. Y ahora el objetivo es que el caso no escale hasta tocar al Gobierno de Sánchez. Por eso se ha incluido ya en el argumentario que esto no tiene nada que ver con el actual Ejecutivo, a pesar de que Zapatero es un valor muy activo de este Gobierno como embajador in pectore y mediador con Junts o EH Bildu. Hasta Sumar huye ya de Zapatero y aprovecha para lanzar una piedra contra Podemos, señalando, como ha hecho Enrique Santiago, que sus presuntas corrupciones tuvieron lugar durante el Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos, no con el actual junto a Sumar. Y ello, a pesar de que las presuntas comisiones de Zapatero abarcan hasta el 2025. 

Se creyó intocable

La reconversión en aliado de Sánchez. Zapatero había sido reconvertido por Sánchez en su faro moral tras superar los duros ataques que le propinó en las primarias contra Susana Díaz, a la que apoyaba. En aquel 2017, el exlíder socialista dijo: «Lo que estamos debatiendo es por qué el PSOE ha tenido 85 escaños, por qué en dos elecciones ha tenido los peores resultados de su historia. Y eso es lo que hay que debatir, y lo que el secretario general debe explicar». Pero Sánchez se ató en el 2023 a Zapatero, necesitado de referentes morales y de un discurso netamente izquierdista. A cambio, el expresidente tenía carta blanca para ir por libre. Su nombre estaba en entredicho desde hace mucho por sus vínculos con la Venezuela chavista. Pero se creyó intocable, como ha señalado esta semana su amigo y socio Julio Martínez. E incluso después de la captura de Nicolás Maduro siguió viajando a Caracas para no perder su interlocución privilegiada con Delcy Rodríguez. Pero Donald Trump le ha dejado claro que Rodríguez es una dictadora, pero es su dictadora, en la más pura línea de Franklin Delano Roosevelt sobre el dictador nicaragüense Tacho Somoza, aunque Roosevelt utilizó un calificativo mucho más grueso para referirse a Somoza. Ahora el PSOE busca argumentos para distanciarse de Zapatero.