El CSIC desarrolla un robot con inteligencia emocional para asistir en la terapia de niños con autismo
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El dispositivo, de bajo coste, actúa como un coterapeuta que interpreta el tono de voz y los gestos de los pequeños con el objetivo de facilitar la comunicación.
02 jul 2026 . Actualizado a las 18:33 h.Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas ( CSIC) ha desarrollado un robot social capaz de asistir a terapeutas en el tratamiento de niños con trastorno del espectro autista (TEA). El dispositivo, que combina modelos matemáticos e inteligencia artificial (IA), puede tomar decisiones de forma autónoma, expresar emociones y adaptar su comportamiento en función de la interacción con cada menor, con el objetivo de favorecer la comunicación social y mejorar su estado de ánimo. Las primeras pruebas del sistema se han llevado a cabo durante el mes de junio en Madrid, en colaboración con especialistas del centro Deletrea, dedicado al tratamiento de personas con autismo y trastornos del desarrollo del lenguaje.
A diferencia de otros robots sociales, este dispositivo incorpora un modelo emocional propio que le permite decidir cómo actuar según el contexto terapéutico. «El robot está diseñado para interactuar con personas, es de bajo coste y tiene múltiples usos potenciales», explica David Ríos Insua, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) y codirector del proyecto Emorobcare.
En esta primera fase, el robot se ha especializado en reforzar las competencias lingüísticas de niños con autismo. Para ello, mantiene conversaciones, propone actividades y adapta sus respuestas gracias a la integración de tecnologías de reconocimiento del habla, modelos de lenguaje, síntesis de voz y visión por computador.
Un coterapeuta que motiva a los niños
Los profesionales que han participado en las pruebas destacan el potencial del ingenio como herramienta complementaria dentro de las sesiones. «El robot es un coterapeuta: un mediador y facilitador de la comunicación social con los chicos», señala Sandra Freire, socia fundadora de Deletrea. Según explica, uno de los principales retos en las intervenciones con niños con TEA es mantener la motivación. «En el autismo, sin motivación, es muy difícil enseñar. Y el robot es un elemento tremendamente motivador, que aporta estímulos concretos como luces o colores», añade.
El sistema también ha sido diseñado para reducir la sobrecarga de estímulos sociales. Sus expresiones faciales y corporales son limitadas y fácilmente reconocibles, lo que facilita la interacción con niños que pueden experimentar dificultades para interpretar gestos o expresiones complejas.
Inteligencia artificial para decidir y expresar emociones
Una de las principales novedades del robot es su capacidad para tomar decisiones de manera autónoma. Para ello, evalúa continuamente una serie de objetivos previamente establecidos. Primero garantiza sus necesidades básicas, como disponer de energía, y después prioriza interactuar con el niño, enseñarle nuevos contenidos o contribuir a su bienestar emocional.
«El modelo permite al robot decidir cómo actuar y expresar emociones en función de su interacción con las personas», explica Ríos Insua.
Antes de realizar una acción —como contar un chiste, continuar un juego o cambiar de actividad— el sistema estima cómo podrían reaccionar tanto el menor como el terapeuta y selecciona la opción que considera más adecuada.
Además, el resultado de cada interacción modifica su propio estado emocional. «Si el resultado de una decisión es positivo, el robot se pone más contento; cuanto más inesperado es ese resultado, mayor es la intensidad de esa emoción. Si es negativo, ocurre lo contrario», detalla Ríos Insua.
Ese estado emocional se refleja en su tono de voz, sus expresiones y su comportamiento, permitiéndole adaptar su estrategia durante la sesión.
Adaptado a las terapias
El equipo investigador también ha personalizado los sistemas de generación de voz para reproducir recursos habituales en las sesiones terapéuticas. «Los terapeutas suelen dar pistas a los niños arrastrando letras o utilizando el susurro como recurso comunicativo», explica Juan Antonio Rodríguez Aguilar, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) y codirector del proyecto.
Para conseguirlo, el equipo ha clonado las voces de un actor y una actriz, lo que permite al robot utilizar distintos tonos —alegre, neutro, enfadado o triste— e incluso susurrar cuando la actividad lo requiere.
En el ámbito de la visión artificial, el sistema también reconoce formas habituales de comunicación no verbal en personas con autismo, como señalar objetos, mover la cabeza para responder afirmativamente o negativamente o realizar gestos sencillos con las manos.
«Un reto principal ha sido conseguir que todos estos modelos de IA ofrezcan una interacción ágil con el usuario, a pesar de que se ejecutan en un entorno con pocos recursos computacionales», destaca Rodríguez Aguilar.
Más allá del autismo
Aunque el proyecto se centra actualmente en el apoyo a niños con TEA, sus responsables consideran que la tecnología puede aplicarse en otros ámbitos, como el acompañamiento de personas mayores, la enseñanza de idiomas o el apoyo emocional a pacientes hospitalizados de larga duración.
El trabajo se realiza en el marco del proyecto Emorobcare, financiado por el programa IA Excelente de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública.