Los murciélagos surgieron en Europa hace 65 millones de años, tras la extinción de los dinosaurios

Raúl Romar García
R. ROMAR LA VOZ

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Murciélago de herradura
Murciélago de herradura GABRIEL MENDES

El mayor estudio genómico sobre estos mamíferos explica su éxito evolutivo y sienta la base para entender su resistencia a las enfermedades y longevidad, lo que abre nuevas vías de investigación con implicaciones para la salud humana

23 sep 2026 . Actualizado a las 19:57 h.

Ni en Asia, ni África ni América. Los murciélagos, uno de los mamíferos más extraordinarios de la naturaleza, aparecieron en Europa hace 65 millones de años, poco después de la desaparición de los dinosaurios. Esta es una de las principales conclusiones de un macroestudio internacional publicado en la revista Nature, en el que participan investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales MNCN- CSIC) y de la Universidad de Granada. La investigación, considerada el mayor estudio realizado hasta ahora sobre la evolución de los quirópteros, combina la información genética de 103 especies, pertenecientes a las 21 familias reconocidas actualmente, con el análisis de 44 fósiles de diferentes partes del mundo. El trabajo sienta las bases para analizar los fundamentos genéticos de la excepcional longevidad y resistencia a las enfermedades de los murciélagos, una línea de estudio que podría tener implicaciones para la salud humana.

Los resultados apuntan a que los primeros murciélagos surgieron en Europa y que, posteriormente, algunos de sus descendientes se dispersaron hacia África. Desde este núcleo euro-africano, el grupo habría iniciado su expansión hacia Asia, América y Australia.

El estudio también aporta información sobre dos de las características que hacen únicos a estos animales: el vuelo propulsado y la ecolocalización. Los investigadores creen que ambas capacidades aparecieron muy pronto en la historia evolutiva de los murciélagos. La posición de un fósil del género Vielasia, considerado uno de los representantes más antiguos relacionados con los murciélagos modernos, en una de las ramas iniciales del árbol evolutivo respalda esta hipótesis.

La ecolocalización permite a muchos murciélagos desplazarse y localizar a sus presas mediante sonidos. Emiten señales acústicas y utilizan los ecos que reciben para conocer la posición de los objetos que los rodean, incluso cuando no hay luz.

Esta combinación de vuelo y ecolocalización habría proporcionado a los primeros murciélagos unas capacidades soprendentes que podrían ayudar a explicar el éxito evolutivo que ha permitido al grupo sobrevivir y diversificarse durante unos 65 millones de años.

Mucho más que animales nocturnos

Los murciélagos son los únicos mamíferos capaces de realizar un verdadero vuelo propulsado. Hoy existen más de 1.500 especies distribuidas por prácticamente todo el planeta y representan aproximadamente una quinta parte de todos los mamíferos vivos. Pero su importancia va mucho más allá de su capacidad para volar. Algunas especies polinizan plantas, otras dispersan semillas y muchas consumen grandes cantidades de insectos, contribuyendo así al equilibrio de los ecosistemas.

Además, determinadas especies presentan una combinación poco habitual de longevidad y resistencia frente a enfermedades. Precisamente por ello, los científicos están interesados en descubrir qué mecanismos biológicos permiten a estos animales mantenerse saludables durante tanto tiempo.

«Es la primera vez que se reconstruye el genoma de un mamífero capaz de volar y lo que hemos encontrado es un recurso genómico que proporciona a los científicos el primer marco evolutivo sólido para investigar los genes que subyacen a estos rasgos. E sun trabajo que, en última instancia, podría aportar información sobre el envejecimiento, la inmunidad y la resistencia a las enfermedades en humanos», explica el investigador español del MNC Ismael Galván, uno de los autores de la investigación.

El trabajo forma parte del proyecto internacional Bat1K, que pretende generar información genómica de las distintas especies de murciélagos. Para conseguirlo, los investigadores han recopilado muestras de animales de diferentes regiones del planeta durante décadas, incluidas especies especialmente raras. Entre ellas se encuentran los diminutos murciélagos abejorro de Tailandia y Myanmar, considerados por muchos el mamífero más pequeño del mundo, los murciélagos de pies ventosos de Madagascar y el murciélago de cola corta menor de Nueva Zelanda.

Todo este material ha permitido construir un recurso genómico de enorme valor para estudiar la evolución de estos animales.

El macroestudio no solo cambia la imagen que teníamos sobre los primeros pasos evolutivos de los murciélagos. También proporciona una herramienta genética que permitirá seguir investigando por qué estos animales han conseguido convertirse, durante millones de años, en uno de los grupos de mamíferos más singulares y exitosos del planeta.

Este estudio ofrece respuestas a muchas de estas preguntas que llevan tanto tiempo sin resolverse. «Los murciélagos son uno de los mayores experimentos de la evolución. Este extraordinario recurso genómico, fruto de años de cooperación internacional dentro del proyecto Bat1K, nos permite por fin comprender cómo evolucionó su notable biología», afirma la profesora Sonja Vernes, de la Universidad de St. Andrews (Escocia).

«El enfoque que hemos utilizado para modelar conjuntamente la evolución de especies fósiles y vivas permite hacer lo que otros métodos no pueden: identificar el grupo más antiguo de murciélagos fósiles teniendo en cuenta los datos genómicos, y descubrir cuándo y dónde se originaron los murciélagos», afirma la profesora Liliana M. Dávalos, de la Universidad de Stony Brook (Nueva York).

Frente a las hipótesis anteriores, que proponían orígenes asiáticos, africanos o norteamericanos, los datos confirman que los primeros descendientes de la población europea se dispersaron por África, estableciendo un núcleo euro-africano desde el que los murciélagos se expandieron hacia Asia, las Américas y Australia.

«Lo extraordinario es que, tras décadas de investigación y hallazgos contradictorios, por fin disponemos de un árbol filogenético sólido que ahora podemos utilizar para comprender cómo evolucionaron estas especies. También contamos con los genomas para descubrir la base molecular de sus adaptaciones y saber dónde se sitúan los murciélagos fósiles en este árbol», afirma la profesora Emma Teeling, del University College de Dublín.