Una «chapuza total» que llevó a que la variante hiciera aguas

La geóloga Beatriz González apunta a que la precipitación en iniciar las obras en Pajares multiplicó los problemas por no hacer un estudio hidrogeológico previo

La ministra de Fomento, Ana Pastor, durante una visita las obras de construcción de la Variante ferroviaria de Pajares.La ministra de Fomento, Ana Pastor, durante una visita las obras de construcción de la Variante ferroviaria de Pajares
La ministra de Fomento, Ana Pastor, durante una visita las obras de construcción de la Variante ferroviaria de Pajares

Redacción

Dice el refrán «vísteme despacio que tengo prisa» y probablemente muchos de los retrasos interminables en la apertura de la variantes de Pajares --con una constante posposición de fechas que no parece tener final y que Fomento se resiste a fijar en el futuro-- tienen que ver paradójicamente con la precipitación a la hora de iniciar las obras. Así se desprende de una serie de informes de Adif sobre las modificaciones de los trabajos que revelan que los imprevistos tanto sobre la realidad geológica de las profundidades que tenían que horadarse y en particular el corte de acuíferos bajo la cordillera dispararon los retrasos y también los sobrecostes. Tal y como adelantó La Voz de Asturias, sólo los problemas del agua supusieron hasta 260 millones de euros en gastos adicionales. 

Para la geóloga y profesora en la Universidad de Oviedo Beatriz González fue «una chapuza total, ellos querían hacer la obra cuanto antes pero un estudio hidrogeológico serio lleva tiempo, hasta uno, dos o tres años porque tienes que ver cómo se comporta el agua, sus flujos, en función de las lluvias, de las épocas de sequía y eso lleva tiempo». Pero no se hizo. Al menos antes de comenzar los trabajos. Después, una vez que comenzaron a horadarse los acuíferos y que el agua empezara a inundar las obras sí se llevó a cabo y además, según González, «uno muy bueno» pero insiste en que en el primer momento en que se detectó el problema deberían haberse parado las obras para tratar de paliar a tiempo un problema que se prolongó en toda la longitud de los túneles.

Los documentos de los informes de inspectores sobre las obras de las distintas uniones temporales de empresas que se repartieron las obras recogen episodios de sorpresa sobre los materiales encontrados en las excavaciones y sobre el caudal inesperado de aguas con que se topan.  En uno de esos informes, fechado en el 26 de enero de 2007, el inspector de Adif propone modificaciones del proyecto que inicialmente no iban a utilizar tuneladoras porque se esperaba una formación pizarrosa que después hubo que cambiar por la «acumulación de nuevos datos geológicos-geotécnicos y a la reinterpretación de datos ya existentes». En el mismo documento se señalan «problemas graves» debido a que el agua encontrada aparece acompañada de lodo «que provoca que los sistemas de bombeo no funcionen adecuadamente», además añade que la magnitud de ese caudal resultaba excesiva para la capacidad para la que esos sistemas «fueron diseñados».

A juicio de Beatriz González esto no es normal. «Antes de hacer cualquier obra hay que hacer una cartografía geológica, un mapa de que se hace a partir de afloramientos en superficie y en casos como este con sondeos para ver la profundidad que hay y eso es un trabajo elemental en geología». En todo caso la profesora apunta que los responsables de las obras «sabían con con certeza lo que se iban a encontrar porque en la documentación previa sí se hicieron algunas cosas y está en el proyecto constructivo que se atravesarán acuíferos». 

Si el agua resultó un problema enorme en las profundidades de los túneles, terminó siendo uno de mucha mayor envergadura en la superficie. Todo ese agua que se vertía en el interior dejó de fluir hacia arroyos y manantiales hacia la vertiente leonesa, lo que ha terminado por provocar un conflicto que ha llevado a varios ayuntamientos de uno y otro lado de la cordillera a recurrir a la justicia europea. «Los ríos están alimentados por acuíferos, por eso no se secan cuando no llueve», explicó Beatriz González, quien destacó que la imprevisión sobre este punto transformó esos arroyos de ríos ganadores (es decir a aquellos que se alimentan de los acuíferos) en perdedores (ahora esos rios son los que alimentan los acuíferos) «se ha hecho un trasvase de la cuenca del Duero a la cuenca norte, y eso es ilegal. Además seguramente no se pueda revertir».

Pero el caso es que los túneles están ya horadados, de uno a otro lado de la montaña, ¿tienen solución las filtraciones de agua? «Si en el momento en que se detectó el primero se hubiera parado la obra podrían haberse inyectado un determinado cemento para impermeabilizar determinados tramos. Ahora, con todos los acuíferos cortados, es mucho más complicado, se pueden reducir los efectos, se podrá minimizar, pero no se puede revertir», destacó la geóloga quien afirmó que ante las primeras denuncias por la posibilidad de que esto pudiera ocurrir realizadas por colectivos ecologistas, la respuesta del Ejecutivo es que se trataría en todo caso, de algo «puntual que terminaría cuando terminaran las obras». 

A todo ello, la geóloga sumó que los problemas del «argayón», los deslizamientos de terreno en el talud de la boca norte y que aún no se han detenido, también eran previsibles. «Se sabía desde los estudios que se hicieron para la autopista del Huerna, se desaconsejaba esa zona para la carretera y luego hacen un trazado de ferrocarril, pero ya estaba en ese estudio geológico».

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