Noemí Morte: «No percibir pulso ni latido no implica que haya fallecido»

A esta médico forense, con experiencia como titular del Imelga en Vigo, no le parece nada milagroso lo sucedido en Asturias, donde un preso «resucitó» en la morgue tras haberlo dado por muerto

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«No percibir pulso ni latido no implica que hayas fallecido» Noemí Morte, médico forense del Instituto de Medicina Legal de Galicia, aclara por qué puede darse por muerta a una persona que no ha fallecido.

REDACCIÓN / LA VOZ

Su experiencia como forense titular del Imelga en Vigo es un grado. A Noemí Morte lo ocurrido en Asturias no le parece nada milagroso.

-¿Cómo es posible que un facultativo pueda diagnosticar la muerte de una persona que no ha fallecido?

-Aunque pensamos que se pasa de la vida a la muerte en un instante, no es así. En la primera fase, que denominamos muerte «aparente», las funciones vitales se ralentizan de forma progresiva. Pueden llegar al punto de volverse inapreciables e incluso no detectarse movimiento respiratorio en una inspección. Pero no percibir pulso ni latido no implica necesariamente el fallecimiento. Sin un electrocardiograma, hay casos en los que puede certificarse por error una muerte que no llega a concretarse.

-¿Qué tipo de dolencias pueden derivar en una situación así?

-Algunas enfermedades psiquiátricas como las catatonias o las catalepsias, otras neurológicas e incluso problemas cardíacos pueden provocar una muerte «aparente» que no llegue a la fase final del fallecimiento. No es habitual, pero sucede. Para nosotros son muy complejas las muertes encefálicas. Por eso la ley obliga a realizar varias pruebas antes de certificarlas.

-¿Cuánto tiempo puede permanecer una persona en ese estado provisional?

-Depende de la patología que la origine. Pueden ser minutos o alargarse más. El plazo legal que obliga a esperar veinticuatro horas para la inhumación viene determinado por eso. Durante las grandes epidemias de los siglos XVII y XVIII se produjeron enterramientos masivos y se documentó que incluyeron a personas vivas. Por eso se reguló.

-¿Y el riesgo para el forense?

-Nosotros intentamos que la autopsia sea lo menos precoz posible, dejamos un margen de horas suficiente para garantizar que no nos estamos equivocando. Las muertes traumáticas son más precoces, pero las naturales pueden dilatarse más. Los familiares a veces se enfadan, no lo entienden.

-¿Alguna vez en su trayectoria se ha encontrado con un caso similar al ocurrido en Asturias?

-Durante mi estancia en Ourense tuve que desplazarme al hospital psiquiátrico de Toén para ratificar un ingreso involuntario de una persona que había sufrido una anoxia cerebral, una pérdida de oxígeno en el cerebro. Se le dio por fallecida y recuperó sus constantes vitales estando en la cámara frigorífica del hospital. Fue el personal de limpieza el que detectó la situación.

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Se encuentra en la UCI, controlado pero en buen estado, después de que le hubieran dado por muerto en la cárcel de Asturias. Los parientes que le acompañan en el exterior del Hospital Universal Central de Asturias (HUCA) cuentan que ya había tenido ataques de epilepsia y sospechan que esta enfermedad puede estar relacionada con este insólito caso. Creen que es imposible que tres forenses certificaran la muerte. Están convencidos de que uno vio el cuerpo y que los otros dos se limitaron a rubricar el certificado. Es decir, que se produjeron numerosos errores encadenados. Su idea es poner la historia en manos de un abogado.

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