Tola, ¿un icono o un juguete?

Susana D. Machargo REDACCIÓN

ASTURIAS

Tola en el cercado de Santo Adriano
Tola en el cercado de Santo Adriano FOA

Expertos asturianos debaten sobre el papel que la osa ha representado tanto para el conservacionismo como para la promoción del turismo

20 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El jueves, 18 de enero de 2018, por la tarde, Roberto García el cuidador del cercado osero de Santo Adriano y Proaza hallaba muerta a la osa Tola, de 29 años. Rescatada junto a su hermana Paca, por la Guardia Civil en 1989, un furtivo había matado a su madre. Los intentos por reintroducir a las dos oseznas en su hábitat fracasaron. La historia tenía todos los elementos argumentales y emocionales para convertirse en un éxito. Así fue. La sociedad asturiana las adoptó de inmediato. Las imágenes de sus juegos despreocupados se convirtieron en un símbolo de la lucha contra el furtivismo. El cercado que se les construyó ex profeso se convirtió en lugar de peregrinación para familias, colegios y turistas. Casi tres décadas después, ¿en qué se han convertido Paca y Tola? ¿Son un icono del conservacionismo o un juguete que ayuda a promocionar el turismo? Expertos consultados por LA VOZ ofrecen su punto de vista. Todos coinciden en que han ayudado a sensibilizar, que han apoyado un cambio de mentalidad que ha sido espoleado por más factores. Pero algunos creen que se ha olvidado más la faceta científica para pensar en el rendimiento. Otros, en cambio, les conceden un papel fundamental para entender el punto en el que se encuentra la especie en la actualidad.

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«Dos individuos dentro de un cercado son un icono más del turismo que de la conservación. No se puede negar el papel educativo que han tenido pero también han ayudado a hacer marca de Asturias y de los valles del Trubia». Este es el razonamiento de Alfredo Ojanguren, miembro del colectivo conservacionista Geotrupes, crítico con los efectos que puede tener, por ejemplo, el turismo de observación. Reconoce que las dos oseznas han jugado un papel importante pero no es capaz de valorar en qué medida, porque está convencido de que la sociedad hubiera recorrido ese mismo camino. Menos templado se muestra Roberto Hartasánchez, del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas), que señala que han sido «un juguete en manos de la administración y un reclamo turístico». Sí admite el papel que tuvieron en el freno al furtivismo, pero niega que esa práctica haya desaparecido totalmente. Guillermo Palomero, de la Fundación Oso Pardo (FOP), y Carlos Zapico, expresidente de la Fundación Oso Asturias (FOA), sin embargo, muestran la otra cara de la moneda. Les conceden un papel trascendente y creen que toda una generación ha aprendido a respetar a la naturaleza y a preocuparse por la supervivencia de la especie gracias a Paca y Tola. Hay también un punto intermedio. Otros expertos en estos animales reconocen que definir a Tola como un icono del conservacionismo «no es muy afinado», ya que ha pasado en cautividad casi de tres décadas y en los últimos tiempos toda esa carga simbólica se ha diluido. «En el entorno del cercado ya ni siquiera un cartel que recuerde lo que sucedió y que eduque contra el furtivismo», argumentan.

Más críticos

Alfredo Ojanguren, de Geotrupes, no sabe valorar qué peso han tenido las osas en el cambio de mentalidad que ha vivido la sociedad asturiana, qué hubiera pasado si un furtivo no hubiera matado a su madre en 1989 y si hubieran pasado toda su vida en los montes en libertad. Con esta prudencia no pretende restarles valor, pero sí poner las cosas en contexto. El conservacionismo ha avanzado en todos los terrenos y piensa que en el caso del oso también lo hubiera hecho. No obstante, indica que hay elementos para la reflexión. Ojanguren afirma que el furtivismo no es cosa del pasado. Recuerda el cadáver del oso con un tiro rescatado en el suroccidente hace menos de un año y medio. Además, hay nuevos comportamientos de riesgo, como es el turismo de avistamiento. Rescata el vídeo difundido por Geotrupes en el verano de 2017, en el que un grupo de turistas acosa a un ejemplar en el Alto Sil, que nervioso, llega a cruzar una carretera mientras es perseguido. «Hay que tener cuidado con la sobreexplotación turística. Necesitamos una regulación que priorice la conservación», reclama. Tampoco se olvida de los portavoces de Asturias Ganadera alertando de los daños que, en teoría, está causando la especie. Paca y Tola ayudaron pero queda mucho por avanzar, resume.