Las víctimas de piedra del despoblamiento

La Lista Roja del Patrimonio recopila bienes arquitectónicos en peligro de deterioro por abandono, y en Asturias registran más de 20

El palacio de Tormaleo, en Ibias
El palacio de Tormaleo, en Ibias

Redaccion

El «invierno demográfico» llegó a Asturias para quedarse, desde 1983 se registra un descenso constante de los nacimientos que lleva aparejados múltiples problemas, desde el envejecimiento paulatino y constante de los asturianos (un fenómeno con enormes implicaciones en el gasto sanitario) hasta el despoblamiento de varios concejos, singularmente en las áreas rurales. Se trata de una preocupación que ocupa un lugar destacado en el debate político autonómico y que llevó al jefe del Ejecutivo del Principado a plantarlo como un asunto de Estado en la última conferencia de presidentes y también a tejer alianzas sobre este asunto con otras comunidades afectadas por el envejecimiento como Galicia y Castilla y León. Pero si lo más relevante de este fenómeno es su efecto sobre las personas no deja de tener otras implicaciones sobre el patrimonio, y poco a poco, Asturias le va llenando en sus áreas más despobladas de antiguos palacios e iglesias que amenazan con convertirse en ruinas.

De recopilar algunos de estos casos y catalogar las joyas arquitectónicas que se encuentran en peligro se ocupa la página web Lista Roja del Patrimonio, con una serie de criterios por colores en sus clasificaciones de manera que se marcan en rojo «aquellos elementos del Patrimonio Histórico español que se encuentren sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores»; la página cuenta con una lista verde a la que pasan los bienes que gracias a una intervención han sido protegidos. Por último, hay una lista negra en la que se cuentan los bienes que o han desaparecido o ha sido alterados «sus valores esenciales de manera irreversible».

En el caso de Asturias, La Lista Roja recopila hasta 22 bienes señalados, aunque no todos ellos en los colores más alarmantes. Así, el color verde después de ser reconocida su protección, se recogen monumentos como la la iglesia de San Miguel de Lillo, la de San Salvador de Moro, en Nocedo en Ribadesella, el monasterio de San Salvador de Cornellana o el Palacio de los Carreño, en Sebades.

No hay bienes asturianos en la lista negra, la de los desaparecidos de forma irreversible. Pero sí se cuentan varias piezas patrimoniales en la lista roja con la advertencia de un peligro para su futuro. 

Entre ellas se encuentran algunas que han sido reconocidas como Bien de Interés Cultural, como el caso del Palacio de los Rodríguez de León o de Peñalver, en Corvera, del que se indica que tiene un «mal estado de conservación, mostrando graves problemas de cimentación y grietas en la torre y la fachada Oeste». No es el único. En la lista roja se cuentan también la Iglesia de San Pedro de Plecín, en Peñamellera, que pese a ser una ruina con la pérdida de su techo y la mayor parte de los muros, conserva aún la portada y se destaca que se ha acondicionado su entorno.

Otros de los bienes asturianos en la lista son el Monasterio de San Antolín de Bedón, en Llanes, el Palacio de Villanueva, en Llanera, el Monasterio de Santa María la Real de Obona, en Tineo, la ermita de San Roque y Sta. Apolonia, en Avilés, el Palacio de los Faes de Miranda, en Carabanzo, el palacio de Tormaleo, en Ibias, la Torre de la Jura, en Soto de Cangas, palacio de Don Francisco Sánchez de Caso, en Cerébanes, la Iglesia de San Cipriano de Infiesto; el Torreón de Lodeña, en Piloña, el palacio de los Duque de Estrada, en Llanes, el palacio de Vigil de Quiñones, en Sariego; el palacio de la Torre de Celles, en Siero, el palacio de Cienfuegos en Pola de Allande; la Casa de los Bernaldo de Quirós, en Candás; o la Torre del Castillo de Yabio, en Perlora.

Todos ellos cuentan con una ficha acompañada de imágenes en la que se detalla el grado de protección de caza pieza patrimonial y también su propiedad, porque muchas de ellas están en manos privadas a pesar de su abandono progresivo.

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Pablo Batalla Cueto

El catedrático Lorenzo Arias reclama un plan de emergencia nacional para San Julián de los Prados, San Miguel de Liño y San Salvador de Valdediós, «aunque suene fuerte». En caso contrario, el precio será «renunciar a las pinturas a muy corto plazo»

Imaginen la devastadora sensación de ver enfermar y degradarse poco a poco al amor de nuestra vida; de verlo consumirse sin remedio y sentir al mismo tiempo la impotencia de no poder hacer nada por evitarlo. Ese es, poco más o menos, aunque con dos diferencias importantes, el padecimiento de Lorenzo Arias Páramo, catedrático de Historia del Arte y el que seguramente sea el mayor experto en arte prerrománico asturiano. La primera diferencia  es que ese ser querido al que Arias ve consumirse no es una persona, sino un conjunto arquitectónico de iglesias y edificios civiles únicos en el mundo y que forman parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1985. Y la segunda y fundamental es que en este caso sí puede hacerse algo por evitar la degradación, aunque quienes deberían hacerlo no lo estén haciendo, según Arias.

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