La Universidad se limpia de franquismo

Un estudio detalla cuatro vestigios de la dictadura que aún permanecen en el edificio histórico y sus propuestas para eliminarlos o señalizarlos


Redaccion

En la víspera de la celebración del homenaje al rector Alas, fusilado durante el franquismo, y que se conmemora cada 20 de febrero en la Universidad de Oviedo, la academia ha dado un paso para suprimir los vestigios de simbología fascista que aún perviven en el edificio histórico. El rector Santiago García Granda presentó un informe elaborado, entre otros, por el el catedrático de Historia Contemporánea Francisco Erice y que señala cuatro elementos concretos sobre los que se propone actuar. Y lo hacen de forma muy «modesta», según destacó el propio Erice, al destacar que en algunos casos su «eliminación podría ser complicada desde un punto de vista técnico y queremos evitar que puedan ser lesionados elementos monumentales». Por eso, con una excepción se apuesta por señalizarlos con un texto explicativo que muestre que fueron incorporados durante la dictadura «para legitimar la sublevación militar».

El más sencillo de eliminar y que cuenta con una apuesta clara para su supresión es una placa fijada en una de las paredes del Aula Magna y que recuerda al rector de la inmediata postguerra por parte de la «promoción de estudiantes soldados». Lo hace además con una «retórica» bélica y propia del régimen, según destacó Erice, que se refiere a la «purificación por el fuego». El catedrático resaltó además que se trata de una imagen instalada muy recientemente, en 1970, caso al final de la dictadura y cuya supresión no afectaría en modo alguno al edificio.

Mucho más compleja es la solución para el resto de elementos recogidos en este informe. Uno es una vidriera que adorna el techo de la biblioteca, con el lema «Una, grande y libre», y otros símbolos franquistas como el águila o el yugo y las flechas. Otro es un escudo similar, situado sobre una de las puertas laterales del Paraninfo, también con la simbología propia de la dictadura y que además alude al periodo de reconstrucción de la Universidad de Oviedo fijando las fechas entre 1939 y 1942. Pero ese periodo «es un agravio al rector Alas, que oculta que ya en 1935 había comenzado los trabajos de reconstrucción del edificio después de la revolución del 34», destacó Erice. El cuarto y último elemento material es una lápida en la zona trasera de la Universidad que recuerda a los estudiantes caídos por el bando nacional, «Para este caso propusimos que se incorporara a los caídos del otro bando o que se señalice».

Esta solución, la de acompañar los vestigios de la dictadura de textos explicativos sobre su origen y su vinculación con el régimen franquista es la más frecuente en las propuestas del informe. «No tenemos una tentación iconoclasta sino de pedagogía democrática, para explicar que estos elementos no son asépticos, sino que fueron anomalías creadas por una situación excepcional», destacó el catedrático, que reconoció que podría haber quien considere que sus propuestas son «poco ambiciosas» pero que el propósito es buscar el máximo consenso posible para contar con el respaldo del Claustro. Será en su próxima reunión, a finales de la primavera, según destacó el rector, cuando el órgano de gobierno de la Universidad debatirá este asunto y sus propuestas para llevar a cabo las acciones concretas. «No se trata de molestar a nadie sino que una institución como esta no puede mantener una simbología contraria al espíritu de la democracia y la racionalidad», destacó el profesor de Psicología y secretario de la Sección Sindical de CCOO en la Universidad, Ignacio Loy.

Los autores destacaron en todo caso que hay vestigios inmateriales del franquismo que permanecen en los fondos documentales del la Universidad. El propio dictador Francisco Franco conserva el título de rector honorífico, que debería ser retirado, y apuntaron la necesidad de revisar los nombramientos y honores académicos concedidos en la dictadura para distinguir a aquellos relacionados exclusivamente con la exaltación del régimen. Del mismo modo, destacaron que en el Campus de El Milán, que antiguamente era un cuartel militar, se mantiene también una placa a los universitarios que hicieron la milicia pero no a las personas que sufrieron consejos de guerra en ese mismo cuartel. 

El último grito de libertad del rector Alas

Pablo Batalla Cueto
Leopoldo García-Alas García-Argüelles, en una foto tomada en Madrid, en 1936.Leopoldo García-Alas García-Argüelles, en una foto tomada en Madrid, en 1936
Leopoldo García-Alas García-Argüelles, en una foto tomada en Madrid, en 1936

Se cumplen ochenta años del asesinato del hijo de Clarín, fusilado contra un muro de la cárcel de Oviedo y rematado en el suelo. La ciudad organiza actos de homenaje

Su fusilamiento, el 20 de febrero de 1937 en el Oviedo sitiado, sigue lacerando la memoria histórica de los asturianos con la viveza del mal gratuito y absurdo, tal como el asesinato de Federico García Lorca sigue conmoviendo la de los españoles en su conjunto. En aquella desgraciada España en guerra contra sí misma, se solía morir luchando o como castigo a haberlo hecho o a profesar unas determinadas ideas, pero al rector Alas sus asesinos lo mataron, tras un juicio-farsa en el que no se le acusó de ningún delito, más por ser hijo de su padre que por ninguna otra cosa. La burguesía y la Iglesia ovetense quisieron, disparando a Alas, fusilar in absentia al escritor que, cuatro décadas antes, había despertado sus iras elevando al Olimpo de la literatura universal un retrato ácido y mordaz del Oviedo provinciano, pacato y mezquino que ellos representaban. «Aquella sociedad no perdonaba la pluma cruel que había retratado a sus padres», dice Leopoldo Tolivar, nieto del rector Alas.

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