Un currículum de agresiones y racismo

Los episodios de violencia y manifestaciones de xenofobia se han repetido a lo largo de los últimos meses entre los Ultra Boys

Jugadores del Sporting B posan con Ultras
Jugadores del Sporting B posan con Ultras

Redaccion

Las noticias sobre episodios de violencia protagonizados por miembros de Ultra Boys en fechas recientes han sido constantes, al igual que las informaciones en las que varios de sus miembros aparecen exhibiendo cánticos o gestos de carácter racista y de extrema derecha. El asalto al bar donde se celebraba una fiesta de simpatizantes del Club Ceares, un equipo modesto de la ciudad con valores radicalmente opuestos, supuso un punto y aparte por la extrema gravedad de la violencia exhibida pero la inquina no es nueva. En 2012 el vicepresidente del Ceares sufrió también una agresión por parte de un grupo de alrededor de 40 encapuchados cuando trataban de entrar a la fuerza en la sede del club.

La semana pasada tres ultras del Sporting aceptaron una condena de entre 6 meses y un año de prisión tras reconocer haber participado en una agresión a dos policías en los momentos previos a la celebración de un partido entre el equipo gijonés y el Deportivo de A Coruña en marzo de 2017. De manera más reciente, la grada de ultras en el Molinón también provocó una enorme polémica al difundirse un vídeo en el que se veía a un grupo entonando cánticos de carácter racistas. En él se les oye entonar «No queremos jugadores, jugadores de color, los queremos de Mareo, orgullosos de Gijón». Tras su difusión, la organización ultra del Sporting de Gijón, publicó un comunicado en el que aseguraba que el vídeo era «de carácter personal» y negaba en todo caso que desde la megafonía de la grada de animación se iniciara o se entonara ese cántico. El comunicado recalcaba que en la grada suelen congregarse alrededor de un millar de personas y que «precisamente debido a ese elevado número de gente es materialmente imposible escuchar lo que cada parte de la grada hace, dice o canta en cada momento». 

En agosto de 2016, el árbitro Clos Gómez llegó a parar el encuentro que entonces transcurría entre el Sporting y el Athletic de Bilbao después de que el colegiado apreciara que desde la grada se estaban dirigiendo comentarios de carácter racista contra el jugador Iñaki Williams. El Comité de Competición llegó a decidir el cierre parcial de un sector de la grada del Molinón, aunque el club apeló al  El Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) que finalmente rebajó la sanción a una multa de 18.000 euros.

Apenas hace unas semanas, durante el encuentro entre el equipo de Gijón y el Rayo Vallecano, el club madrileño denunció que habían sufrido amenazas y agresiones por parte de los ultras del Sporting hacia el autobús de su equipo que fue escoltado por la policía. En el derbi asturiano, en el partido de ida celebrado en el Molinón, el autocar del Real Oviedo también sufrió un fuerte golpe cuando un aficionado rival lanzó una botella contra sus lunas.

Sin embargo, los episodios más violentos tuvieron lugar con la llegada del autobús del propio Sporting. En ese momento un grupo muy violento de ultras se enfrentó a la policía lanzándoles vallas, ocho agentes resultaron heridos, y se llevaron a cabo una docena de detenciones. De cara al partido de vuelta en el Carlos Tartiere, el club también fue apercibido después de que la plantilla se arrodillara ante el sector ultra en el entrenamiento previo al encuentro contra el Real Oviedo.

En noviembre del año pasado, un grupo de ultras se tomó fotos haciendo el saludo fascista junto a toda la plantilla del Sporting B después de haberse impuesto al Lealtad. Los jugadores aseguraron que desconocían que los aficionados estaban haciéndolo. 

El mapa de las filias y las fobias de los grupos ultras del fútbol

Pilar Campo

La empatía política prima en la mayoría de las relaciones de amistad y enemistad entre los integrantes de las peñas rivales, aunque algunas marcan distancia desde el apoliticismo. La Policía tiene controlados al menos a 20 grupos

La Policía mantiene controladas la mayoría de las fobias y filias que priman entre los integrantes más radicales de los movimientos ultras para tratar de neutralizar las actuaciones violentas que pudieran registrarse en sus desplazamientos a las ciudades de origen de sus aficiones rivales. Sin embargo, los amplios dispositivos de seguridad que se despliegan, en ocasiones, resultan insuficientes para atajar enfrentamientos que acaban en el hospital, en el cementerio o ante los tribunales de justicia.

Radicales, skins, fascistas y antinacionalistas

El jugador número 12 es el alma del campo. Son hinchas cuya afición por los colores de su equipo les lleva a organizarse en una peña e integrarse en un colectivo al que le mueve como único motor la simbiosis con su club, animando en los partidos con cánticos, banderolas o tifos. Pero la batalla pendiente de los integrantes del movimiento ultra, término procedente del latín que significa más allá, sigue siendo la completa erradicación de sus filas de aquellos miembros más violentos que son incapaces de separar su ideología política de la actividad deportiva cuando  acuden a un campo de fútbol.

Seguir leyendo

Valora este artículo

7 votos
Comentarios

Un currículum de agresiones y racismo