Una maestra asturiana a pedales por el Sáhara

Silvia Romero inicia su sexto viaje solidario a Marruecos para repartir material escolar por recónditos pueblos a los que llegará en bicicleta

Silvia Romero
Silvia Romero

Redacción

Silvia Romero es una maestra interina, licenciada en Ciencias de la Educación Física y el Deporte, que hasta el año pasado estudiaba oposiciones y que, en vista de los vaivenes de las convocatorias de educación, optó por buscar un colegio en cualquier lugar del mundo en el que necesitaran voluntarios. A través de la ONG Viento Norte Sur, bajó al desierto del Sáhara por primera vez en enero del año pasado. Volvió una segunda vez a Gambia, una tercera de nuevo al desierto y una cuarta y una quinta al Atlas marroquí. En todos esos viajes, en los que realizó voluntariado en diversos colegios, repartió por pueblos y lugares recónditos de cada una de las zonas material escolar donado por quienes colaboran con ella en esta iniciativa personal que no ha parado de crecer desde entonces. El próximo 4 de agosto vuelve de nuevo a tierras africanas con más material para repartir y un gran proyecto en la cabeza: entablar contactos para preparar un gran reparto solidario a pedales para recorrer, el año que viene, los 700 kilómetros que separan por la costa Tánger de Essaouira.

«Las primeras veces las donaciones de material escolar eran de amigos, pero la idea le gustó a todo el mundo y se me fue la cosa de las manos», explica Romero, que es de Las Cuestas, un pequeño pueblo de Oviedo. Desde su primer viaje, ha ido colgando todas las donaciones y las entregas, a modo de diario personal, en el perfil de esta iniciativa, que ha denominando ‘Compartiendo alegría’. La misma que percibe cuando hace los repartos y organiza actividades extraescolares para los niños de las zonas en las que ha estado. En este viaje, volverá a repartir estuches solidarios con lápices, rotuladores, plastidecores, plastilina, gomas de borrar y libretas, así como ropa y productos de bebé que entregará a niños sin familia. Y lo hará en bicicleta para llegar a los pueblos más alejados del valle de las Rosas del Atlas, en las dunas de Erg Chebbi en el desierto marroquí y en el extrarradio de Essaouira.

«Podría dejarlo en la ciudad, pero la idea es llegar a esos pueblos más alejados en los que la mayoría son nómadas, los niños no bajan a la escuela a menudo, tienen pocos recursos o en los que las familias habitan en cuevas», indica. Hasta ahora, explica, los repartos de los anteriores viajes solía hacerlos con la mochila cargada a pie, en transporte público y, a veces, en bicicletas que le dejaban. Sin embargo, en esta ocasión, se lleva una desde España. «Hago mucho deporte y siempre intento moverme en bici por allí. Yo tengo una bici de carretera pero no es la adecuada para el terreno y allí es muy difícil encontrar de alquiler. Para este viaje, la Casa de la Bici de La Bañeza me deja una de montaña para poder hacer los repartos», agradece, explicando que también volverán a dejársela para su próxima aventura solidaria. 

La de ahora será, de hecho, un «pequeño experimento» para realizar las entregas en bicicleta y, de paso, establecer esa red de contactos que le ayude a dibujar un mapa de lugares para repartir material «en donde más se necesite». Para entonces, quiere organizar una gran recogida de material para ir repartiéndola por los pueblos más pequeños de la ruta que tiene prevista. En el viaje que inicia en breve, las dos grandes maletas en las que lleva todo lo que entregará y la bicicleta con la que hará los repartos irán en el autobús de la ONG con la que colaborará la primera de las tres semanas que pasará en tierras africanas. Para el próximo viaje solidario, en los que recorrerá esos 700 kilómetros a pedales, confía en incrementar las colaboraciones para seguir compartiendo alegría. 

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