«Es un momento especial y único; pienso sobre todo en Tito y Fernando, los que faltan»

Ruperto Álvarez, el más veterano de los descubridores de Tito Bustillo,  ha recibido la noticia visitando junto a su familia el Centro de Interpretación

Ruperto Álvarez, junto a su familia junto a la placa dedicada por Ribadesella a los descubridores de Tito Bustillo
Ruperto Álvarez, junto a su familia junto a la placa dedicada por Ribadesella a los descubridores de Tito Bustillo

La Medalla de Oro le ha caído a Ruperto Álvarez Romero en el lugar donde debia hacerlo. Justo a la entrada de la cueva de Tito Bustillo, el templo asturiano del arte rupestre de cuyo descubrimiento se cumplieron 50 años el pasado 11 de abril. «Voy de camino para el Centro de Interpretación con mi hijo, que acaba de llegar de Madrid, y con su novia. Como es agosto, la cueva es imposible visitarla», comenta el más veterano de los supervivientes de aquel grupo de jóvenes del Torreblanca que decidieron adentrarse en lo que entonces aún se llamaba el Pozu'l Ramo, en Ribadesella. Aquel día recibieron sin duda el mayor premio, el que aún recuerdan con emoción indescriptible. Y la emoción ha vuelto medio siglo después con la concesión de una Medalla que -a propuesta del grupo del PP en la Junta General- reconoce la curiosidad y el valor de «aquellos jóvenes montañeros aficionados a la espeleología» que reveló al mundo «uno de los hitos del arte rupestre universal, además de una potente referencia identitaria del oriente de Asturias», según el acta del Consejo de Gobierno que ha concedido el galardón.

Será una Medalla muy repartida, y no solo porque también se haya concedido a los centros asturianos centenarios. Álvarez Romero es el más veterano de los supervivientes del grupo que se adentró en lo que entonces aún se llamaba el Pozu'l Ramo, en Ribadesella, a los que la Junta de Gobierno del Principado acaba de honrar con el máximo reconocimiento autonómico: Eloísa Fernández Bustillo, Pilar González Salas, Amparo Izquierdo Vallina, Pía Posada Miranda y Adolfo Inda San Juan. Pero en este momento, Ruperto solo tiene palabras -y pocas, «por la emoción»- para los que faltan. «No he tenido tiempo a reaccionar. Lo único que puedo decir ahora mismo es que es un momento especial y único, y pensar en todos los compañeros y especialmente en los que faltan». Son el propio Tito Fernández Bustillo cuyo nombre se dio a la cueva apenas unos meses después del descubrimiento, cuando murió en un accidente en otra cueva, en Quirós, y Fernando López Marcos. Sus nombres han permanecido ligados a su descubrimiento, que más de una vez se han movilizado para difundir y defender, como ha hecho el propio RupertoÁlvarez en más de una ocasión.

Tito Bustillo se ha convertido en un gran centro de atracción turística, con  43.293 visitantes y 68.767 usuarios en 2017, según los datos aportados hoy por el Principado. El Gobierno regional destaca «la repercusión de este acontecimiento a lo largo de las últimas cinco décadas es de una magnitud equiparable al valor artístico y al potencial turístico del enclave». La cueva fue protegida en 1970, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985, y posteriormente, en 2007, también su  entorno. Desde 2008, está incluida en la Lista de Patrimonio Mundial junto con el resto de cuevas de arte rupestre cantábrico, entre ellas, varias asturianas: La Peña, en Candamo; Llonín, en Peñamellera Alta; La Covaciella, en Cabrales, y El Pindal, en Ribadedeva. En 2011 entró en funcionamiento el Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo con el objetivo de «mantener el equilibrio medioambiental de la cueva y por la dificultad de acceso a la mayoría de los conjuntos artísticos».

Los fuertes de la emigración asturiana, profetas en su tierra

La Voz
Centro Asturiano de México
Centro Asturiano de México

El Principado destaca la labor de los centros asturianos centenarios por su capacidad de conservar la identidad de quienes emigran y la de promover su integración en las sociedades de acogida

Los centros asturianos de todo el mundo han sido para muchas generaciones de emigrantes el nexo de unión con su tierra. En una época en las que las condiciones económicas nada tenían que ver con las actuales, regresar al Principado era un lujo que no estaba al alcance de la mayoría. De ahí que en cada localidad en la que la presencia de emigrantes era significativa, los centros se convirtieron en uno de sus lugares de referencia. Su crecimiento sirvió para extender la cultura de la región por todo el mundo y para sobrevellevar mejora la añoranza de estar lejos de su tierra. Ahora, el Gobierno autonómico rinde homenaje a once de estos centros, los que ya son centenarios.

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