Un grupo de alumnos defiende al profesor de Psicología que acosaba a sus alumnas

Estudiantes de la Universidad de Oviedo cargan contra la Asamblea de Estudiantes por iniciar una «campaña de difamación» contra el docente


Redacción

Al profesor de Psicología de la Universidad de Oviedo que ha sido apartado de la docencia durante seis meses por decirle a sus alumnas cosas como «¿dónde está mi niña preferida?» o «si tú me quisieras violar a mí, yo me dejaría», le han salido defensores. Un grupo de alumnos y exalumnos del docente ha decidido alzar la voz ante lo que consideran como una «campaña de difamación» en contra del docente llevada a cabo por una organización «politizada», refiriéndose a la Asamblea Abierta de Estudiantes de Psicología y Logopedia (AAEPL), que inició todo el proceso de denuncias que ha sacado los hechos a la luz. Sin embargo, estos estudiantes siembran dudas ante la veracidad de unas acusaciones que consideran «falsas en algunos casos y descontextualizadas en otros».

«Entendemos que un sistema democrático, como es el nuestro, toda acusación debe ser investigada, dando al acusado la oportunidad de defenderse de acuerdo con la presunción de inocencia», señalan. En este sentido, abogan por «el derecho y la obligación» que tiene el profesor a impartir la docencia mientras el recurso siga abierto, tal y como le fue comunicado por parte de la Universidad de Oviedo. Con la normativa en mente, señalan que las actuaciones de la asamblea de estudiantes vienen guiadas por «por el afán de protagonismo de algunos y por el de venganza de otros». A su juicio, los implicados en la denominada campaña de difamación «han utilizado que el profesor fuese a impartir clase como argumento contra él, como si estuviese infringiendo la sanción que le había sido impuesta».

Asimismo, afirman que el colectivo de estudiantes, cuyo fin último ha de ser defender los intereses de todos los estudiantes con independencia ideológica, «ha conseguido que aquellos alumnos y profesores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo que discrepaban en su opinión teman declarar públicamente con amenazas 'veladas' de avergonzarlos públicamente en algunos casos y expulsando a aquellos alumnos que no se sometían a su ideología». Por ello, califican a la Asamblea de Estudiantes como un sistema «endogámico y politizado, que lejos de defender los intereses de todos los estudiantes con independencia de su ideología política, se ha centrado que crear un grupo que defiende los intereses de quienes siguen su misma orientación política».

Por otro lado, destacan que algunas de las expresiones denunciadas han sido utilizadas por el docente en clase para tratar temas relativos a la violencia de género y el sexismo -una de sus líneas de investigación-: «Son ejemplos utilizados en clase, sacados de contexto, que en ningún caso iban dirigidos a ninguna alumna en particular ni a un colectivo por razón de sexo o género».

Un post en Facebook

Tal y como explicaban desde la Asamblea de Estudiantes, la actitud del profesor en cuestión es conocida abiertamente por personal y estudiantes de la facultad. «Todo el mundo lo sabe y todo el mundo se calla y hasta le defienden», sostenía una de sus portavoces. Sus denuncias se habían sucedido durante años pero no había sido hasta ahora, dada la gravedad de los comentarios proferidos, cuando se han tomado medidas al respecto. Sin embargo, esta idea también choca con la consensuada por el grupo de alumnos a favor del docente. Según explican, la denuncia se origina por un post en Facebook como consecuencia de que una de las alumnas suspendiese el examen del profesor denunciado, que finalmente aprobó por decisión de los docentes de la asignatura, incluido el acusado. «Dicha alumna se jacta por los pasillos de la facultad de que 'tiene ganas de venganza' porque 'está resentida con la asignatura y el profesor', dejando patente que se trata más de una venganza personal que de una cuestión de machismo», sostienen.

Un profesor caótico y exigente

El grupo de alumnos señala que en las diferentes tutorías grupales que se llevaban a cabo durante el curso, era habitual que los estudiantes se quejasen de la dureza y nivel de exigencia de la asignatura, así como de dificultades para entender sus explicaciones por ser «un tanto caóticas», pero que no tienen constancia de que se haya informado a ninguno de los tutores de que el profesor tuviese una actitud sexista o conductas inapropiadas con respecto al alumnado.

Muchos de los integrantes de este grupo han llevado a cabo Trabajos de Fin de Grado con el docente acusado, ido a congresos con él y acudido a numerosas tutorías sin haber sufrido «nunca un comentario o conducta inapropiada con nosotras, y mucho menos sexista». En cambio, aseguran que siempre les ha animado «a sacar lo mejor de nosotras como alumnas y apoyándonos en todo lo que requerimos». A ello añade que, aunque se daban tutorías en solitario, lo más habitual era que estuvieran presentes becarios o miembros de su equipo de investigación.

20 declaraciones: «Insuficiente»

«Nos parece injusto que se sancione a un profesional en base a 'unas 20 declaraciones' porque una declaración no nos parece prueba suficiente», señalan. Además, consideran que tras más de 30 años impartiendo clase con una media entre 120 y 140 alumnos por promoción, «las aproximadamente 20 declaraciones en conjunto con las práctica de una asamblea más preocupada de dominar la facultad que de representar a los alumnos, nos parecen más representativas de un intento de venganza y pretensión de hacer carrera política de algunos de los implicados que de denunciar unos hechos reales».

Además, reprochan que los miembros de la Asamblea han «tratado de convencer» a aquellos alumnos que todavía no habían tenido clase con el docente de que se trataba de un profesor machista. «No nos parece aceptable de ningún modo que en la presentación del curso se difame al profesor y que, cuando una de las alumnas presentes que conocía a dicho profesor manifieste que no es cierto lo que cuentan, digan que esa alumna 'ha estado haciendo el ridículo' y la humillen públicamente», sostienen.

El cristal del despacho

A lo largo de los días en los que la información acerca de la conducta del profesor circulaba por los medios, llegó a salir a la luz que el docente tenía tapado el cristal de su despacho «para poder tener las conductas inapropiadas de las cuales ha sido acusado», comentan. Ante ello, el grupo de estudiantes contrarios a las denuncias señala que «no sólo no es el único profesor que lo tiene tapado, sino que es una práctica habitual», ya que cada año, cuando se inicia el curso, los profesores reciben un calendario de grandes dimensiones y muchos lo cuelgan en su puerta, con lo que se tapa el cristal. Esta práctica es tan común en la facultad «que al menos 12 de los despachos de la misma planta en la que está el despacho del profesor denunciado están cubiertos del mismo modo, empezando por el que está justo en frente del suyo».

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