¿Y si el secreto del Estanco de la Suerte fuese la peluquería?

s.d.m. REDACCIÓN

ASTURIAS

LVA

La madre de la saga Acebal y alma del negocio que reparte más premios en Oviedo cuenta sus rituales

23 dic 2018 . Actualizado a las 19:08 h.

Quizá el secreto esté en la peluquería. María Teresa Muñiz la matriarca de la familia Acebal, que regenta el Estanco de la Suerte, en la calle Jovellanos, tiene algunos rituales. A sus 81 años, es el espíritu que recorre esta divertida saga que año tras año reparte premios en el sorteo de la Lotería de Navidad y a lo largo del año. Tanto María Teresa como sus siete hijos viven como una fiesta el 22 de diciembre. Incluso antes de que el bombo les dé la razón, ellos ya están celebrando. Además de trabajar mucho y vender todos los números que pueden, confiesan que tienen algunos trucos.

María Teresa Muñiz tiene que ir a la peluquería. Cuando en el año 2012 vendieron el Gordo, el año en que más cantidad de dinero repartieron, había ido a peinarse. Desde entonces, no lo perdona. Este año vivieron una pequeña crisis. No llamó hasta última hora para pedir cita y no tenían hueco para ella hasta el lunes. Lo rechazó. Les dijo claramente que tenía que estar guapa para la lotería. Lo cuenta su hija Beatriz Acebal y lo rubrica la matriarca asintiendo con la cabeza. «No va en todo el año pero el 22 de diciembre no lo perdona», insiste. Menos mal que, finalmente, la cogieron. Además de una franca sonrisa, lucía a la puerta del Estanco de la Suerte un peinado impecable. Así recibía a todos los que la felicitaban por haber vendido tres décimos del número 03.347, agraciada con el Gordo, y uno de un quinto. En total, algo más de 1,2 millones de euros en premios. 

 La peluquería parece un seguro pero no es el único truco de María Teresa Muñiz. Ahora cuenta con la ayuda de una especie de ninot que la familia se trajo de Valencia y que está escanciando sidra. El muñeco descansa en un lateral del pequeño estanco, donde solo venden el décimo azul, es decir, décimos de máquina, al gusto del cliente. En primer lugar, está rematado con dos tréboles, uno de cuatro hojas y otro de tres. Suma siete hojas. Esto según la matriarca es la máxima suerte posible. Además, cumple un segundo objetivo promocionar Oviedo y también la ruta de la sidra. «Esta región necesita dinero», explica la mujer, arropada por toda su familia. Sus hijos Rosa y Julio Acebal son los que cubren el día a día del negocio pero todos se implican con ellos.

Mientras celebraban y brindaban por el Gordo, los ovetenses se detenían a la puerta y preguntaban, de manera retórica, en voz alta: «¿Otra vez? ¿Han vuelto a vender el Gordo?». Algunos se encaminaban apresurados a casa para comprobar si el décimo era el suyo. Otros en cambio lamentaban no haberse rascado más el bolsillo. «Pero si compro aquí tabaco todos los días y no compré nada», reconocía de manera espontánea otra chica. Clientes, vecinos y amigos se acercaban a darles la enhorabuena. María Teresa, la mayor parte del tiempo desde una segunda fila, sonreía feliz y con un peinado de premio.