Bernardo Rodríguez de Arango, el Indiano Señor de Guimarán

Una herencia convirtió a este asturiano en el indiano por antonomasia del norte de Lugo


Muchos dudan de que estuviera, alguna vez, en las Indias. Otros, en cambio, creen que residió en ellas varios lustros. Pero todos están de acuerdo en que el asturiano Bernardo Rodríguez de Arango y Murias Mon es El Indiano, por antonomasia, de Ribadeo y de la costa gallega de A Mariña. A esa condición, unió otras. Fue tambien un empresario adelantado a su tiempo que mejoró e incrementó los bienes recibidos por herencia. Ostentó el título de Señor de Guimarán, cuyo pazo erigió sobre la Ría de Ribadeo. Tuvo como administrador a un joven Antonio Raimundo Ibáñez, posterior Marqués de Sargadelos, que hizo su primer gran negocio con su dinero. Y fue, en fin, el iniciador de una familia de lustre y de varias obras pías y capellanías en Vilaselán (Ribadeo), una de las cuales dedicó a la advocación de la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia.

El Indiano nació en Santa Eulalia de Oscos (Asturias) el 4 de diciembre de 1704. Era hijo de Matías Rodríguez de Arango y de Eulalia Fernández de Mon, vecinos del lugar de Perulleira que tuvieron tres hijos: Antonio, Bernardo y Pedro. Sus abuelos paternos eran Francisco Rodríguez de Arango y María Fernández de Ochoa y Salazar, residentes en La Trapa, en el antiguo concejo asturiano de Burón que, en 1834, pasó a formar parte de la provincia de Lugo y del Concello de Fonsagrada. Sus abuelos maternos se llamaban Domingo Fernández de Murias y Mon y Angela Méndez de la Graña, ambos naturales de Lodos, también en Burón.

El Indiano vivió con sus padres hasta 1730. Pero ese año la vida hizo su voluntad y decidió dar un giro a su destino. Su tío José Fernández de Murias y Mon, hijo de sus abuelos maternos, era un rico comerciante y empresario conocido por El Perulleiro que otorgó testamento en Quito (Perú). Era natural de San Andrés de Logares, en Burón, y tras conseguir una fortuna en Las Indias ganó y justificó su nobleza mediante Real Carta Ejecutoria de Hidalguía, como señalan Manuel Luis Ruiz de Bucesta y Angel de Bueres en el estudio sobre su persona publicado en la revista de Estudios de Genealogía y Heráldica de Galicia.

 Para salvar su alma

En la herencia, José de Murias Mon -que también era llamado así- concedió plenos poderes a su sobrino Bernardo para que pudiese cobrar y actuar sobre la totalidad de los caudales que le debían en Perú, en Cádiz y en otros lugares en los que había invertido su dinero. Y le puso como condición que, con la cantidad que lograra recaudar, fundase diversas capellanías y obras pías con las que, según era la mentalidad de la época, pensaba salvar su alma… Así que El Indiano se trasladó a Ribadeo, algún año no del todo precisado entre 1730 y 1736, para administrar el capital de su tío y continuar gestionando, desde su puerto de mar, varios de sus grandes y pingües negocios. El marqués de Sargadelos era su administrador, y financió un negocio con sus herederos

Bernardo Rodríguez de Arango tuvo gran relevancia por los edificios que promovió, por su actividad comercial e industrial y por sus obras pías. Pero también por la trascendencia que tuvo para Antonio Raimundo Ibáñez, el Marqués de Sargadelos.

Ibáñez había nacido también en Os Oscos, en 1749. El Indiano lo empleó en el Pazo de Guimarán tal vez por motivos de paisanaje, amistad o parentesco materno. Dos años después de su fallecimiento en 1767, el joven Antonio Raimundo (tenía 20 años) fue nombrado Administrador General por su primogénito y heredero, Bernardo Phelipe. Y cuatro años después de acceder al cargo, en vista de los buenos resultados que había obtenido con la dirección de negocios de vinos y aguardientes, sus sucesores le otorgaron plenos poderes para gestionar el patrimonio que tenían en Cádiz.

En un viaje a esa ciudad, Ibáñez compró con el dinero de los descendientes de El Indiano varias partidas de aceite que transportó en ánforas de barro en un buque fletado para la ocasión con destino a Ribadeo. Los herederos de Bernardo no participaron en el negocio y sólo le pidieron el importe de ventas y alquileres de sus casas. Ibáñez se lo liquidó y con el despacho del aceite logró un enorme beneficio. Así cimentó su fortuna, se casó con Josefa López Acevedo y empezó a volar por su cuenta.

El futuro Marqués se dedicó a la importación de diversos productos y a comerciar desde Ribadeo con el Báltico, Rusia o Francia en sociedad naviera con el burgués compostelano José Andrés García con quién también se asoció para levantar una fábrica de fundición en Sargadelos (Cervo). Otro puntal en el que asentó Ibáñez su éxito fue Joaquín Cester, el director de la Casa-Fábrica creada por Carlos III en Ribadeo para manufacturar lienzos, que lo animó a construir una fábrica de loza. Pero el primer peldaño de su emporio fue con el negocio del aceite a cuenta del dinero de los herederos de El Indiano…

Dos mayorazgos, con cinco casas en Cádiz y otros bienes en Asturias y Galicia

La herencia de su tío, que recibió El Indiano, consistía en cinco casas, o palacetes, ubicados en la ciudad de Cádiz, inexcusable referencia del comercio con Ultramar. Una estaba situada en la Alameda, tres en las calles Murga, Marina y Chica y la quinta en San Juan de Andas. En total, los inmuebles rendían 2.507 pesos de renta anual. Y a ello había que sumarle la torre de Guimarán y otras diez propiedades que tenia en Asturias y Galicia, evaluadas en 106.000 pesos fuerte de la época. Toda una fortuna.

Con ese capital, Bernardo Rodríguez de Arango creó dos mayorazgos: uno, en 1761, con los bienes de Cádiz; y el otro, con los bienes y rentas de Asturias y Galicia.

Heredó un enorme capital

El capital heredado era enorme para la época. Y, al poco de morir su pariente, El Indiano cumplió con las condiciones que el legatario le había impuesto y fundó dos capellanías ratificadas por el Escribano de Castropol Antonio Pérez de Presno Vior el 25 de marzo de 1740, según los citados Ruiz de Bucesta y De Bueres.

Estos dos estudiosos forman parte de los que dudan que El Indiano visitase las Indias. Se basan en los padrones muncipales donde siempre figura presente. Otros historiadores, sin embargo, como el ribadense Francisco Lanza, el asturiano Jesús Evaristo Casariego o Eloísa Villar Checa ?en sus obras sobre el Marqués de Sargadelos- aseguran que se asentó durante varios lustros en tierras de Indias y que fue allí, en Perú, donde incrementó la herencia recibida por su familiar.

Éste, José Fernández de Murias y Mon, había dedicado su vida a la actividad industrial y mercantil en el Virreinato de Nueva Granada y con los beneficios obtenidos a través de ella había invertido en inmuebles y negocios en Cádiz y en Ribadeo.

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