«Tardamos 107 años, pero al fin se nos conoce; sería bueno administrar eso»

Sergio Tuñón, jefe de la Brigada de Salvamento Minero que trabajó en el rescate del pequeño Julen, espera que la «salida del anonimato» permita garantizar la amenazada continuidad del servicio

C. F.
Oviedo

Les resulta más fácil enfrentarse al entorno hostil de la mina que a la presión de las cámaras. Prefieren el anonimato del trabajador al relumbrón de la estrella mediática. Y lo único que quieren es seguir haciendo lo que mejor saben hacer, y esperar que lo que saben hacer no sea necesario. De eso no puede quedar ninguna duda después de las declaraciones que, desde ayer, han ido realizando después de su misión en el rescate de Julen Roselló los integrantes de la Brigada Central de Salvamento Minero, que una vez más tuvieron que ponerse delante del foco informativo este mediodía, ya en Asturias, para hablar de su experiencia y, sobre todo, de la prosa técnica de su trabajo.

«Nuestra manera de trabajar es el anonimato. Pensábamos que entraríamos, haríamos lo que estuviese en nuestra mano y nos iríamos», comentaba el jefe de la brigada de ocho mineros asturianos, Sergio Tuñón, en la sede ovetense de Hunosa. No fue así: «El desarrollo de los acontecimientos y ese salir del anonimato, más allá y fuera de la cuenca, nos desbordó un poco», ha confesado, rodeado de los directivos de la empresa y seguido desde el otro lado de la mesa por sus siete compañeros de equipo.

Sin embargo, todos ellos son también conscientes de que hay un lado muy positivo en la casi abrumadora atención y la oleada de admiración y gratitud que está llegándoles, y que se ha plasmado por ejemplo en multitudinarias peticiones vía internet -una disparada hacia las 300.000 firmas, otra hacia las 20.000- para que se les conceda el próximo Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Lo sucedido en totalán ha hecho visible a gran escala una tarea que ha pasado casi inadvertida fuera de su propio escenario de trabajo en la Asturias minera. «La timidez no tiene que estar reñida  con la satisfacción de que se haya puesto un foco y una imagen sobre la brigada después de 107 años. Tardamos mucho, pero por fin se nos conoce», admite Tuñón. No es cuestión de vanidad o de simple satisfacción laboral. Todos ellos, y muchos en las cuencas asturianas, adivinan que este repentino prestigio de todo lo que suena a minería se recorta contra el oscuro escenario del cierre de las minas verificado con el cambio de año. Y que puede contribuir a salvar, si no a la minería, sí al equipo de élite que ha trabajado en las tareas de rescate y salvamento, amenazado también con la desaparición.

«No vamos negar que sería bueno administrar todo eso para poder dar continuidad otros tantos años como poco a la Brigada y hacer una gestión lo más racional posible de esta salida del anonimato. Mi respuesta no puede ser otra que una totalmente subjetiva, y es que la Brigada tiene muchos argumentos para continuar», ha añadido el director técnico del equipo.

En el corto plazo, se trabaja como si todo fuera a seguir como en los últimos 107 años, aunque el horizonte pueda ser sombrío. Esta misma semana hay pruebas de selección para nuevos integrantes que refresquen una plantilla «bastante justa», según Sergio Tuñón. «Cualquier unidad de alta exigencia tiene una vida útil el personal de primera línea limitada, con lo cual necesita un refresco de personal superior al de cualquier otro estamento, otro cuerpo. Lo más lógico es continuar, el tiempo va pasando, vamos teniendo una edad y por estatutos, por penosidad física, por las situaciones, hay un límite de permanencia en la Brigada», ha explicado.

De ahi la necesidad periodica de «una recarga de personal» con una cualificación muy específica. Se apoya Tuñón en el video, ya viral, sobre el trabajo de la Brigada en los últimos metros del túnel de Totalán. «El vídeo es muy gráfico: se ve que nuestro trabajo es muy, muy, muy concreto, muy artesanal. Cuando uno piensa en los trabajos más apartados por la mecanización, los trabajos artesanales son muy delicados, exigen una preparación previa bastante importante y una cantidad de tiempo considerable, necesaria. No se es brigadista ni mando de brigada de un día para otro. Cualquiera de nosotros necesita un tiempo, y yo el primero y si me apuras el que más, necesitas un tiempo porque hay un aprendizaje único y exclusivo de lo que es el servicio», precisa el responsable del equipo asturiano.

Aunque la fatiga y el revuelo estén demasiado cerca todavía, este lunes todo vuelve a la normalidad en el Pozo Fondón, en Sama de Langreo, donde tiene su sede la Brigada: «Ahora básicamente estamos intentando recuperar lo más pronto posible lo que era nuestro hábito de vida más discreto. Mañana o pasado seguirenos con las labores de formación y de entrenamiento que desarrollamos con otros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con otras minas, de manera más rutinaria, y seguiremos al pie del teléfono por si suena. Esperemos que no».

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