Panteras negras: haberlas, haylas


En el Museo Nacional de Historia Natural de los Estados Unidos, se conserva una foto tomada en 1909 en Adís Abeba, Etiopía, de un leopardo cuya singularidad consiste en tener el pelaje completamente negro en vez del característico patrón de manchas negras sobre un fondo pajizo. Hasta hace pocos días, esta foto era la única evidencia gráfica de la existencia de un leopardo con esta coloración en África. El leopardo (Panthera pardus) pertenece al género Panthera, como el león o el tigre, y  se encuentra en diversas regiones de África y Asia.

Sí bien es cierto que en determinadas regiones africanas se podían oír testimonios de personas que aseguran haber visto leopardos de color negro, a los que también se conoce como panteras negras, no dejaban de ser testimonios más o menos verosímiles  pero que carecían de un soporte documental que atestiguase tales afirmaciones.

Con estos antecedentes el fotógrafo británico Will Burrard-Lucas se desplazó al interior de Kenia. Allí, escuchó las historias de los lugareños sobre el avistamiento de alguna pantera negra en la región; observó las huellas de este gran felino de costumbres nocturnas, y finalmente instaló cámaras con sensores de movimiento en aquellos lugares donde consideró más probable detectar su presencia: las  zonas habituales de paso o  los manantiales de agua.  

Qué descubrieron las cámaras

Una vez instaladas las cámaras solo quedaba esperar y cruzar los dedos para que una pantera negra africana pasase ante las cámaras. Y así fue como Burrard-Lucas, tras varios días de paciente espera, consiguió captar un leopardo negro (en realidad se trata de una hembra) en la oscuridad de la noche del Laikipia County, a comienzos de 2018. Las imágenes, publicadas ahora en el African Journal of Ecology por investigadores del zoo de San Diego, California,  dejaban a salvo la credibilidad de los que afirmaban tal cosa y constata gráficamente la existencia de leopardos con melanismo en esta zona de África.

El melanismo  es el resultado de una mutación, o alteración, en el gen recesivo Agouti Signaling Protein que produce un incremento notable del pigmento melanina en la piel y el pelo del leopardo y se manifiesta exteriormente en una capa o pelaje de color negro en los leopardos que lo padecen. En la mayoría de los casos es posible vislumbrar el patrón característico del pelaje del leopardo bajo la coloración prácticamente negra del individuo con melanismo. 

La melanina se sintetiza en los melanocitos, células de la dermis que posteriormente transfieren el pigmento a las células de los estratos superiores de la piel para dar lugar a la pigmentación de la propia piel y el pelo.

Si saltamos al otro lado del océano Atlántico nos encontramos con otra especie del género Panthera, el jaguar (Panthera onca), que se distribuye por Sudamérica, América Central y Méjico.  En esta especie también se han observado casos  de individuos con melanismo. Al jaguar de capa negra se le conoce asimismo como pantera negra. 

Otro gran felino

El jaguar convive en el Nuevo Mundo con otro gran felino: el puma, que podemos encontrar desde la Columbia Británica, en Canadá, hasta la Patagonia de Argentina y Chile. A diferencia de los dos felinos señalados más arriba, el puma (Puma concolor) pertenece a distinto género, pero presenta a veces la misma anormalidad genética que aquellos en cuanto a coloración de la capa se refiere. En algunas zonas, pantera negra es el nombre que recibe igualmente el puma melánico.

Así pues, no existen las panteras negras como especie, sino que se trata de individuos pertenecientes a especies distintas que comparten una misma mutación genética que se manifiesta de forma similar: un pelaje negro característico. Dicho de otro modo: las panteras negras no existen, pero haberlas, haylas.

La situación contraria,  en lo que a coloración de piel y pelo se refiere, es el albinismo, caracterizado por la ausencia de melanina en la piel,  el pelo y el iris, con el resultado de animales  que exhiben una  capa completamente blanca. El albinismo es causado por la mutación de un gen, identificado como SLC45A2, distinto al implicado en el melanismo. Aunque la mutación en este  gen se ha descrito en el caballo,  el tigre o el ratón, el caso más famoso de albinismo animal  es el de Copito de Nieve, el gorila blanco que procedente de Guinea Ecuatorial pasó 37 años de su vida en el Zoo de Barcelona.

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