Lo que los móviles contaron en el crimen de Ardines

La información aportada por los dispositivos de telefonía móvil han sido cruciales en distintos tramos de la investigación para la resolución del caso

Las antenas de telefonía móvil más cercanas al lugar del crimen, en Belmonte de Pría
Las antenas de telefonía móvil más cercanas al lugar del crimen, en Belmonte de Pría

Un crimen no es cosa de juego de ningún tipo, ni siquiera de palabras. Pero, a la vista de las investigaciones en algunos de ellos de gran impacto en la opinión pública -el de Diana Quer, el de José Breton, ahora el de Javier Ardines-, resulta difícil dejar de pensar que, en la resolución de los casos criminales, el peso del móvil en sentido clásico -los motivos del criminal- ya casi se equipara al de los móviles, en su sentido hoy más habitual: esos dispositivos adosados a nuestros cuerpos y nuestras vidas que se han convertido en una fuente constante de registro y emisión de rastros, informaciones y testimonios, hasta los más íntimos, para aquellos a quienes queremos transmitirlos. Y para aquellos a los que no. En casos como el del concejal asesinado en agosto en Belmonte de Pría, esa combinación del uso voluntario y el indeseado de los móviles ha sido crucial, desde el desencadenamiento hasta la resolución del crimen. Cada revelación acerca de lo descubierto en las pesquisas y de aquello que las motivó confirma hasta qué punto ha sido estrecha la relación entre los móviles (los psicológicos), los móviles (los tecnológicos) y los movimientos de los protagonistas. El móvil fueron los celos; los móviles, grabadora, transmisor, pista, coartada, trampa y vigía.

Un móvil como grabadora

Fue un móvil, aunque en su función añadida de grabadora, el que registró la conversación que debió de marcar el punto de inflexión definitivo entre las sospechas de Pedro Nieva, el presunto inductor del crimen, y sus certezas. La versatilidad de los smartphone y su capacidad para pasar completamente desapercibidos mientras captan lo que se puede ver u oír en su entorno, los han convertido en un dispositivo al servicio de todo tipo de indiscreciones y pequeños y grandes espionajes domésticos. En este caso, los de un marido comido por la sospecha y por los celos preventivos. El móvil empezó siendo, paradójicamente, prueba y desencadenante del crimen. Nieva encontró en aquel archivo sonoro una certeza que le debió de resultar imposible digerir.

Un móvil como transmisor

Pedro Nieva no quiso que ese documento inculpatorio se quedase en su celular. También utilizó su móvil para compartir lo que había descubierto. Hizo llegar a través de él a algunos de los miembros de su familia política -aunque no a Javier Ardines- la grabación que delataba el secreto de su esposa, Katia, y su familiar y amigo. Se resistió a encarar directamente la situación, pero también a encararla a solas. Le saldría caro.

Un móvil como pista

Ese gesto de revancha se convirtió en la primera pista sólida para los agentes de la Unidad Operativa Central (UCO) de la Guardia Civil cuando Pedro Nieva decidió que no bastaba con haber puesto el asunto en conocimiento de la otra parte implicada, y concretó su venganza a una escala mucho mayor. La grabación de la conversación registrada en Nueva llegó casi inmediatamente después de producirse el crimen a manos de los investigadores del suceso. La hija de Ardines no dudó en que bastaba ese testimonio para considerar que el amigo de su padre era el primer sospechoso de su muerte.

Un móvil como coartada

A su vez, el hombre que presuntamente planeó la emboscada mortal y mandó contratar a los dos matones acusados de ejecutarla, confió en su teléfono móvil como baliza para sustentar su coartada. Volvió a Amorebieta antes del ataque, convencido de que, entre otros posibles testimonios, el de la geolocalización que aporta cada dispositivo móvil atestiguaría que se hallaba donde precisamente se hallaba en el momento de la muerte de su amigo.

Un móvil como trampa

Otra de las funciones habituales de cualquier smartphone, la de dispositivo para chatear a través de aplicaciones como Whatssapp, habría señalado, también unas horas después del crimen, directamente a Pedro Nieva como sospechoso de pleno derecho a los ojos de los investigadores. Una breve conversación que trascendía ayer en Espejo Público, el programa de Antena 3. Katia preguntaba a su marido, ausente en Amorebieta qué había hecho. Nieva, sin extrañeza ni réplica alguna pidiendo más información a su mujer sobre una pregunta tan intempestiva, se limitó a señalar que había estado en casa, durmiendo. Aunque la conversación había sido borrada, un exhaustivo trabajo de arqueología tecnológica por parte de la UCO permitió exhumarla.

Un móvil como vigía

Hace un par de años, el Supremo dejó sentado que la geolocalización por seguimiento de las señales de teléfonos móvil no revela «datos íntimos sometidos a la tutela judicia efectiva». Eso ha facilitado mucho la operatividad de los rastreos en casos como el de Diana Quer o este de Javier Ardines. Basta con recurrir a los registros de los repetidores que las operadoras tienen sembrados por todo el mundo -una veintena de ellos en el concejo de Llanes- para ubicar con precisión el viaje de cualquier móvil; también los que realizaron el intermediario y los dos mercenarios, confirmando su presencia en fechas clave en el lugar de los hechos. Solo en los alrededores de Belmonte de Pría hay tres antenas de telefonía móvil. Son las que se necesitan para triangular con exactitud la posición de un usuario.

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