La familia de Severo Ochoa reclama un museo asturiano para rescatar al científico del olvido

«Creo que nuestro tío se merece más reconocimiento, es una pena todo lo que ha perdido Asturias», dicen las descendientes del Nobel asturiano. La Fundación Méjica con el apoyo de sus sobrinas reúnen más de 300 archivos para una muestra

Severo Ochoa en la playa de Portizuelo en 1959
Severo Ochoa en la playa de Portizuelo en 1959

Redacción

Severo Ochoa de Albornoz dedicó su vida a la ciencia, donde despuntó con una brillante e ilustre carrera, fruto de la que ganó su premio Nobel. Este hecho tan importante en su historia personal y en la de la ciencia española y asturiana, cumple 60 años en este 2019. También su tiempo y su pasión eran compaginados con su amor por su familia, su mujer y su tierra, en la que compartía grandes veranos. Unas memorias que durante años, fueron olvidadas por su tierra y reservadas en la intimidad de sus seres queridos, que conservaron su legado en múltiples archivos. Ahora, tras 25 años de su fallecimiento, todos esos recuerdos han sido recogidos y restaurados, gracias a la tenacidad del artista Juan Méjica, que gracias a la familia del científico ha conseguido honrar su biografía. Juntos quieren también rescatarle del olvido institucional al que Ochoa ha estado sometido en su tierra de origen.  

Cuadernos, estudios y apuntes de su profesión mezclados con fotografías, cartas y otros enseres personales forman parte del material recopilado. Están convencidos de que estos recuerdos no deben perderse en la memoria colectiva. Igual de injusto sería olvidar su figura en la ciencia como su persona. Por todo ello, Juan Méjica, presidente de la Fundación Méjica, ha recogido esos más de 300 documentos de la biografía del luarqués para organizar una muestra que será llevada por toda España, comenzando por Oviedo. Constará de dos grandes exposiciones en Trascorrales y el Museo Arqueológico. Además, y gracias a la familia del Nobel, pretende ir un paso más allá. Propone crear una exposición permanente. Todo este proyecto será propuesto en una celebración de este especial aniversario en la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias (RAMPRA), donde se exhibirán diez de los archivos. Allí estará presente el abogado y escultor Méjica, junto a Carmen Lavandera-Lavandera, sobrina nieta de Ochoa; y César Nombela, presidente de la Fundación Carmen y Severo Ocha, entre otros intervinientes cercanos a la figura del bioquímico asturiano.

El intensivo trabajo recopilatorio del artista, comenzó en septiembre del año pasado. En todos estos meses de ardua investigación ha encontrado desde los recordatorios de la primera comunión de Severo hasta sus cartas personales con otros científicos e, incluso, su máscara mortuoria. Todo este material ha sido restaurado y conservado para dar la vuelta a España con diversas exposiciones. Este viaje cultural comenzará el 1 de septiembre. Estará abierto al público hasta el 22 del mismo mes, en Trascorrales y el Museo Arqueológico ovetense. 

Recuerdos de una vida familiar

La contribución de las descendientes del Nobel ha sido imprescindible para rescatar no solo la figura del científico sino también la del hermano, tío y marido. Su sobrina y ahijada Noli Roca Ochoa, aportó 50 fotografías que guardaba con cariño en su casa. «Me gustaría que se honrase la figura de mi tío, por todo lo que ha contribuido a la ciencia y por su persona, que era magnífica», explica. Su deseo, que comparte también con Méjica y al que le hace esta contribución, es que la exposición evolucione hacia un museo permanente.  «Creo que mi tío se merece más reconocimiento. Es una pena todo lo que ha perdido Asturias. Creo que no se han hecho las cosas demasiado bien con este tema», denuncia Noli que lamenta la dejadez del Principado durante años, en los que la memoria de su tío ha estado más presente en Valencia que en su tierra. La donación que hizo Ochoa al museo de las Artes y las Ciencias, magníficamente conservada, podrá tener un «competidor a la altura»: «Esta exposición nada tiene que envidiar a la de Valencia, cada una en el espacio que merece. Por todo lo que hemos trabajado en ella y en hacer honor a Severo Ochoa merece ser una exposición permanente», afirma Méjica, que está de acuerdo en que sería, de «justicia poética».  Aunque, la fundación que lleva su nombre y el de su mujer, que fue creada por su propia voluntad es su mejor herencia. «Su aporte como científico y ser humano sigue muy presente por eso debemos poner los medios necesarios para resaltar su figura», explica César Nombela, presidente de la Fundación Carmen y Severo Ochoa e impulsor del museo luarqués dedicado al bioquímico.

Todos estos recuerdos muestran a un hombre que amaba la ciencia y a su familia a partes iguales, y del que Noli Roca cuenta su faceta más cercana: «Cuando mi madre estaba embarazada de mí, mi tío no se separó de su hermana. Siempre miraba por nosotros». Su sobrinanieta Carmen Lavandera-Lavandera también coincide en su testimonio. Ambas convivían en la casa familiar en la que pasaban los veranos en Luarca: «Nos llevaba a todas las sobrinas a la playa de Portizuelo, allí nos enseñaba los charcos, los animales y las plantas y no explicaba el código genético». Carmen también ha aportado su grano de arena, con motivo de la conmemoración de su tío: más de 100 archivos a la exposición y a su anhelo de reconocimiento por parte de la tierra que vio nacer a un genio que no ha sido suficientemente recordado.

60 años de un Nobel que marcó la historia

Todo es poco para reconocer una figura histórica, en opinión de su familia, quizás algo difusa en el tiempo y en Asturias, pero que empieza a renacer con iniciativas que se convierten en una realidad. El luarqués tendrá su lugar, como siempre cercano a la ciencia, con una plaza en el HUCA. También se pretende que el aeropuerto de Asturias lleve su nombre. De hecho, ya hay un acuerdo de la Junta General exhortando a que así sea. Como broche de oro para el 60 aniversario de la obtención del Nobel, se encuentra esta gran exposición que celebra su vida y su obra, y que será presentada este jueves en La Real Academia de Medicina del Principado de Asturias a las ocho de la tarde con diez archivos de la colección. Manuel Alvarez-Uría Rico-Villademoros, presidente de Honor de la RAMPRA; Carlos Gancedo Rodríguez del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols; Juan Méjica García, presidente de la Fundación Méjica; Carmen Lavandera-Lavandera Villamil-Ochoa, y César Nombela Cano, presidente de la Fundación Carmen y Severo Ochoa homenajearán este acontecimiento. Además, el viernes presentarán tres sellos, con las pinturas que Méjica realizó en honor al Nobel. Y esto es solo el principio.

Severo Ochoa: profeta en Valencia, «olvidado» en su tierra

Carmen Fernández
Severo Ochoa en el instituto que lleva su nombre en Luarca
Severo Ochoa en el instituto que lleva su nombre en Luarca

El legado del científico tiene más presencia en la costa levantina que en su tierra de su origen

Podría decirse que Severo Ochoa de Albornoz es un ciudadano del mundo si se hace un repaso de su carrera. Aunque nunca olvidó Luarca, villa que lo vió nacer y crecer cada verano junto a su familia, sus andanzas comenzaron tras la muerte de su padre. Con tan solo siete años se trasladó con su madre a Málaga. Pero la ciudad andaluza no ha sido la única. En Madrid inició sus estudios universitarios y conoció el amor de su vida: Carmen García Cobián. En Orihuela y Valencia, tierras de su familia materna, dejó sus recuerdos infantiles y maduros, así como un extenso legado. Sin mencionar, por supuesto, su paso por el extranjero: Reino Unido, Alemania y Nueva York, donde obtuvo la nacionalidad estadounidense. Todas y cada una de ellas, le hacen una mención especial, todas han querido un trozo del pastel del Nobel, cuyo nombre aparece en cada esquina, en calles, colegios y hospitales. Pero a pesar de que el investigador no pudo olvidar la villa blanca, parece que Asturias no ha sabido gestionar la figura del científico, al menos, hasta ahora. 

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