Retrasos, desinformación y «paradas fantasma»: una ruta por el ancho métrico

Las entrañas de la antigua Feve esconden un recorrido en el que las estaciones sin uso, la falta de información y las demoras son el pan de cada día en algunos tramos

Pasajeros en el momento de entrar en el cercanías en El Berrón
Pasajeros en el momento de entrar en el cercanías en El Berrón

Redacción

Coger un tren de la antigua Feve es una misión de riesgo. No por la posibilidad de accidentes (a menos que una piedra enorme mantenga el tráfico cortado durante horas) sino porque sabes (o no) la hora de salida, pero nunca la de llegada. Los retrasos son constantes, por lo que es recomendable ir con tiempo para no hacer esperar a esa persona con la que has quedado, o para no llegar tarde al trabajo si no dispones de coche. Por ello, los asturianos cada vez apuestan más por este último medio de transporte, para sangría del tren. Y por el mismo motivo, las estaciones vacías pueblan las rutas del ancho métrico, que acostumbra a dejar panoramas desoladores una vez llegas a una parada y debes esperar para un trasbordo. Una vez llegas a la estación, o tienes la suerte de conocerte al dedillo los horarios (que varían mucho en función si el siguiente convoy llega o no con retraso o se cancela por avería) o buscas una pantalla o mapa que te muestre las horas de llegada y salida de los trenes. No obstante, no todos los tramos muestran este apocalíptico panorama. Así es una ruta por el ancho métrico.

Comienzas por ir a la estación donde, si conoces la hora sobre la que el tren suele llegar, puedes ir directamente al andén correspondiente para esperar pacientemente. En caso contrario, toca o bien buscar los horarios por Internet (si no lo has hecho antes) o bien localizar un tablón donde aparezcan las líneas con sus respectivas paradas y horas de llegada a cada apeadero. Existen numerosos apeaderos que no cuentan con paneles informativos sobre los trayectos y trenes que paran en dicha estación. Incluso, no hay ningún trabajador que proporcione esta información en los días de la semana que se cierra la ventanilla de información al usuario, por lo que toca llegar con los deberes hechos de casa y saberse los horarios con antelación.

Este viaje comienza en Avilés a las diez y cuarto de la mañana. Destino, Pravia. Una vez llegados a la estación, toca cruzar la pasarela que deja al pasajero en el lado en el que pasan los convoyes de la antigua Feve. Mientras aguardas que el tren sea puntual, contemplas cómo los cercanías de ancho ibérico llegan a la hora al otro lado de la estación. En el caso de este recorrido, el servicio llegó a la estación de Avilés siete minutos tarde, por lo que ya el usuario comienza con retraso su ruta con este servicio.

El primer destino y la primera demora

Una vez dentro, contemplas el interior del vagón con la gran mayoría de asientos vacíos. El discurrir del trayecto hacia Pravia es un continuo pasar de estaciones en las que no baja ni sube nadie y el convoy demora más de la cuenta en su parada, aumentando la demora final. Cristalería, el primer stop de la ruta, ya hace ver que los siete minutos de retraso con los que da comienzo el recorrido se irán a mucho más. Cuatro minutos de parada mientras se espera por el cruce de otro convoy. El tren para en Vegarrozadas y Santiago del Monte, pero no se sube ni baja nadie. Con veinte minutos de retraso en total, el servicio llega a Pravia por fin.

Pravia-Oviedo, puntual a pesar de las paradas fantasma

En dicha estación, la espera fue de más de tres cuartos de hora para coger el tren con destino a Oviedo. Durante esta espera, no se veía ningún pasajero en el andén hasta que, momentos antes de la llegada, una usuaria se aproximó para tomar el mismo servicio. Sorprendentemente, el convoy llega con dos minutos de antelación y parte de Pravia a la hora que marcaba el horario del panel electrónico de le estación, que recogía la llegada y salida de los servicios. No obstante, presentaba algunos vagones con apenas cuatro pasajeros. La puntualidad en el comienzo del trayecto hacia la capital del Principado hace que, a pesar de las paradas en estaciones como Las Mazas en las que ningún pasajero se bajó ni subió, el convoy apenas llegue con dos minutos de retraso. Un triunfo teniendo en cuenta que la primera etapa del viaje contó con una demora de veinte minutos.

Oviedo-El Berrón

La llegada del cercanías con destino a El Berrón fue puntual, y salió a la hora que marcaba el panel de la estación de Oviedo. El tren llegó bien a su destino, y contó con numerosos pasajeros que se apearon en la propia estación de El Berrón para enlazar con otros servicios. La pasarela que conecta el andén de llegada de Oviedo con la estación permite un paso muy ágil y rápido a los usuarios. No obstante, una vez se llega a la propia estación, resulta muy complicado encontrar información en los propios andenes sobre el trayecto de los convoyes que paran en este apeadero. Solo se puede encontrar información de llegadas en el panel electrónico de dentro del edificio.

El Berrón-Oviedo

La línea para volver a la capital del Principado fue la de Infiesto-Oviedo que finaliza en Santander. El interior del tren estaba medio lleno, y apenas se llegó a Oviedo con un par de minutos de retraso..

Este viaje muestra la diferencia del servicio entre unos tramos y otros de la red de ancho métrico de la región. Mientras que en la línea de Gijón-Cudillero el trayecto de Avilés a Pravia contó con veinte minutos de retraso, el de esta localidad a Oviedo apenas tuvo una demora de cuatro minutos. En algunos tramos, el tiempo del mismo es un verdadero disparate. La ruta de Luarca a Oviedo en la antigua Feve tarda dos horas y cuarenta minutos de media para una distancia de noventa kilómetros, mientras que en coche este recorrido se realiza en apenas una hora. Muestra del deficitario servicio del ancho métrico en la región, que si ya en el nudo ferroviario cuenta con demoras constantes, las alas de Asturias tardan una eternidad en llegar a las principales ciudades. Además, el panorama ferroviario en el centro de la comunidad también es desolador, ya que las «paradas fantasmas» son la constante en un día normal.

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