Un nuevo revulsivo económico para Asturias: las tierras raras

El Colegio de Geólogos de Asturias considera que el subsuelo de la región puede albergar sulfuros complejos que contengan los materiales estratégicos demandados para la fabricación de dispositivos tecnológicos

Cloruro de cobalto
Cloruro de cobalto

Redacción

En la era de la tecnología se hacen necesarios determinados materiales estratégicos fundamentales para la fabricación de dispositivos electrónicos como smartphones o tabletas, ordenadores, equipos médicos para la lucha contra el cáncer, láseres, lámparas leds o, incluso, para las baterías de los coches eléctricos. Son las tierras raras, minerales insustituibles de la corteza terrestre que forman parte de la tabla periódica y cuya producción está liderada actualmente por China, con 165.000 toneladas anuales. El gigante asiático controla este mercado, a mucha distancia de Australia o Estados Unidos, segundos y terceros del ránking, mientras que Europa simplemente ve pasar el tren. Y eso que desde la Unión se ha instado a los países miembros a investigar la existencia de esos elementos en sus territorios para evitar la dependencia exterior.

El caso es que Asturias es territorio que puede albergar de forma potencial esas tierras raras hoy en día tan demandadas. Así se considera desde el Colegio de Geólogos de Asturias, cuyo presidente, José Antonio Sáenz de Santa María, ve posible que el subsuelo de la región pueda albergar sulfuros complejos que contengan esos materiales tan demandados por ser «elementos muy raros y poco frecuentes». En concreto, son 17 elementos químicos, como son el escandio, itrio y los 15 elementos del grupo de los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio).

El hándicap, según Sáenz de Santa María, es la falta de investigación de lo que existe en el territorio cuando hay evidencias de que pueden existir en nuestra región basándose en lo encontrado en minas ya abandonadas. Por ejemplo, los sulfuros de cobre hallados en el Aramo o el sulfuro de zinc de los Picos de Europa. «Lo que suele pasar es que los sulfuros pueden ser dobles o triples, que es lo que se llama sulfuros complejos, y pueden contener varias de esas sustancias».

El presidente del Colegio de Geólogos de Asturias apunta que «hay empresas que empiezan a pedir permisos de exploración» con el objetivo de que los geólogos hagan perforaciones o calicatas para comprobar la existencia de esos materiales. Sin embargo, añade que los ecologistas ponen muchas trabas a las investigaciones por temor a que se abra una mina. «Sólo sale una mina de cada diez o quince veces que se investiga», asegura el mismo, que apostilla que aunque se abriera «el impacto ambiental de una mina moderna no es como las del siglo pasado».

«Los ecologistas quieren un cosa y la contraria», les reprocha José Antonio Sáenz de Santa María, que no se explica que quieran coches eléctricos pero que no quieran que se investigue de donde sacar los materiales necesarios para fabricar las baterías; o que quieran dotar a las zonas rurales de mecanismos como internet para que no se despueblen pero no quieran que se busque cobre. «Pues el cable cobre sale de una mina», incide el mismo, que alega que «todo lo que no se puede cazar, pescar o recolectar sale de una mina».

«Un momento ilusionante si se nos permite investigar»

«El litio y el cobalto para las baterías de los coches eléctricos tienen que salir de una mina y las reservas existentes son escasas como para fabricar baterías para mil millones de coches», comenta el presidente del Colegio de Geólogos de Asturias, cuya opinión es que «este momento es ilusionante si se nos permite investigar». Además, lanza un mensaje tranquilizador sobre lo que supone hacer perforaciones: «un sondeo no tiene impacto», con lo que reivindica «que se puedan investigar nuestros recursos» porque estima que «ese conocimiento es importante en sí mismo» para las administraciones, «conocer donde hay yacimientos es como conocer las iglesias prerrománicas en Asturias». Así rechaza que no se permita explorar donde puede haber elementos estratégicos y que los ecologistas traten de impedir las investigaciones «por la posibilidad de que haya una mina».

En este sentido, Sáenz de Santa María insiste en que «la minería del siglo XXI no se parece en nada a la del siglo XX» y dice que lo que pasa en la actualidad «es que se arrastran prejuicios falsos» respecto al impacto que queda en los territorios cuando una mina se abandona. «Las empresas todos los años tienen que meter dinero en una cuenta de la administración para la restauración de la mina una vez que se deja de explotar. Está en las leyes», apostilla el representante de los geólogos de Asturias. Además pone de relieve el revulsivo que puede ser para una zona rural contar con una mina, donde se pueden generar 1.000 empleos directos más 4.000 indirectos durante más de una década. Teniendo en cuenta esto, no entiende que la mina de oro de Salave esté parada cuando es el yacimiento más importante de Europa. «Pues la gente tiene que saber que el teléfono móvil con el que hablamos tiene 30 miligramos de oro», otro elemento, por tanto, fundamental para los dispositivos electrónicos.

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