«Para el PP, el arancel ambiental nunca puede ser una opción»

El candidato del PP propone sus propias recetas para salvar a las empresas electrointensivistas, para proteger a Asturiana de Zinc o los sectores del cemento o el acero sin subir la carga impositiva


Lalín

«Si como, bien, y si necesitamos más tiempo para explicar algo, pues no como». Estar en campaña es lo que tiene. Pablo Casado (Palencia, 1981) renuncia preventivamente a un plato de callos a cambio de contar cuál es su estrategia. Pero antes tendrá que ganar unas elecciones que, de momento, solo pintan una mejora para el PP que sería insuficiente. Casado ha pasado el fin de semana por Galicia y mañana, martes, recalará en Asturias. En sus mítines ofrece un diagnóstico del mal momento que están pasando las familias que dependen de determinadas industrias, con una descripción detallada del origen de cada problema, pero faltan detalles.

-¿Puede concretar alguna medida para salvarlas?

—Nos preocupa la situación de las empresas electrointensivas, pero también del sector del cemento, del acero, del aluminio, y ahora también del motor. Nuestra apuesta será una rebaja de los costes de combustible, la regulación y supresión de determinados impuestos en la generación eléctrica y un apoyo a nivel internacional, porque España está en el eslabón más débil de Europa, donde Francia y Alemania sí están protegiendo a sus industrias. Si flojeas fuera, los problemas se acaban trasladando a Alcoa, a Arcelor o a Asturiana de Zinc.

-En Asturias, el Gobierno socialista propone un arancel medioambiental.

-Para el PP subir impuestos nunca puede ser una opción. Queremos que Galicia y Asturias recuperen el empleo industrial, y para ello hay que promover inversiones con una autopista administrativa, bajar los costes de la energía, flexibilizar la reforma laboral, rebajar los impuestos e invertir en formación, especialmente en la FP dual.

-¿Es compatible su plan con la bandera ecologista?

-Me preocupa la demagogia. Nadie dice que la reducción de las emisiones no sea importante. La lucha del medio ambiente lleva aparejada una transición ecológica con unos plazos, pero si anticipamos esos cierres no da tiempo a que estas industrias planteen medidas, como ya hizo Endesa en As Pontes. Por eso entendemos aún menos esa decisión o la postura adoptada por el Gobierno con Ence.

-Explique el empate técnico entre el PP y el PSOE.

-Los expertos en demoscopia dicen que se puede hablar de empate técnico a partir del 4 % de diferencia, y en ese punto todo depende de cómo se repartan los escaños en circunscripciones más grandes o pequeñas. Es lo que ya nos dan muchas encuestas. La tendencia dice que el PSOE no deja de bajar desde hace tres o cuatro meses, y el PP no deja de subir. Antes hemos intentado una plataforma con Ciudadanos y ofrecimos fórmulas para articular una mayoría en el Senado, por lo que ahora nos toca apelar ya no al voto útil, porque todos lo son, sino a un voto de confianza unido en torno a una nueva mayoría en España.

-Quiere los votos de Vox y Ciudadanos sin escaño.

-Ha pasado en Galicia en las municipales, pero fíjese en Álava, donde el escaño del PP se lo llevó Bildu por 300 votos. Qué paradoja que en vez de salir de diputada Marimar Blanco lo haga uno que no ha condenado el asesinato de Miguel Ángel.

-¿Y así le dan las cuentas al bloque de centroderecha?

-Le digo una cifra total, hay 750.000 votos de Vox que no obtuvieron escaños. Y 500.000 de ellos, siguiendo las encuestas más optimistas, van a seguir sin obtenerlos. A ese medio millón de votantes no podemos echarles en cara lo que decidan, solo faltaría, pero queremos apelar a esa confianza en este momento puntual, en estas elecciones, para capitalizar mejor en escaños los votos que el centro y la derecha tengan para quedar por encima de Pedro Sánchez.

-Pero un escaño más que el PSOE no varía la aritmética.

-Luego ya veremos cómo gobernamos, pero lo importante es tener un escaño más. Con ese escaño yo me puedo presentar a la investidura, y si yo me presento, Sánchez tendrá muy difícil explicar que prefiere una coalición Frankenstein. Pero si solo él se puede presentar, dirá que no le queda más remedio que recurrir a esa alianza. En esta ocasión el orden de los factores sí altera el resultado.

-¿La gran coalición es una «carallada», como dijo en Galicia?

—Bueno, creo que Feijoo habló de «trapallada», y yo me lie, pero creo que significa casi lo mismo. Venimos de unos meses en los que el PP no podía facilitar la investidura, pero sí darle estabilidad al Gobierno si Sánchez conseguía ser presidente. Ahora Sánchez ya lo ha vuelto a decir, quiere gobernar con Podemos y otros aliados como el BNG que firman el manifiesto proindependencia. En eso no hay novedad, ya lo relató en el Congreso. Por eso no nos queda más remedio que convencer a España de que somos el único partido que puede desbloquear la situación.

-Deberían explicarle a los votantes cómo lo van a hacer.

-Insisto, ya se verá. Tras las últimas elecciones hemos pactado con doce partidos y tendimos la mano al PSOE en cuestiones de Estado. Y ahora no hablo de la investidura, me refiero a que nosotros no hemos tejido un cordón sanitario frente a los socialistas, pero ellos sí lo hicieron con nosotros. Luego, creo que cualquier votante centrista, de unos o de otros, pero que está preocupado por el bloqueo de España y que pide una política abierta y no sectaria encontrará más alicientes en el PP que en el PSOE.

-Vuelven a dar por hecho el pacto PSOE-Podemos, y en eso se equivocaron meses atrás.

-Es que lo tenían muy fácil, podían sumar con Ciudadanos por un lado, pero sobre todo con Podemos, y entendimos que si lo habían logrado en toda España también lo iban a conseguir para formar Gobierno. En todo caso, yo creo que el PP ha sido coherente, porque me he pasado seis meses diciendo que no podíamos favorecer la investidura, pero si Sánchez la conseguía no íbamos a comprometer la estabilidad de España.

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