Las crías de laboratorio más estimuladas sufren ansiedad en la edad adulta

Un estudio de la Universidad de Oviedo descubre con las condiciones, en principio, más beneficiosas también causan perjuicios. Reclama a la UE una normativa más proteccionista

José Luis Arias, Nélida María Conejo y Héctor González-Pardo, en la Universidad de Oviedo
José Luis Arias, Nélida María Conejo y Héctor González-Pardo, en la Universidad de Oviedo

Los animales en cautividad utilizado para realizar experimentos científicos sufren dos tipos de consecuencias directas, una sobre el desarrollo de su cerebro y también sobre su comportamiento en la edad adulta. Así lo ha determinado una investigación desarrollada en la Universidad de Oviedo, que ha concluido que las condiciones de estabulación y crianza de animales de laboratorio determinan estos dos aspectos. Los animales criados en ambiente enriquecido durante la juventud, un ambiente que en principio parece más positivo, con mayor número de animales por caja de grandes dimensiones y con un mayor nivel de estimulación sensorial y ejercicio físico, presentaron en cambio mayor impulsividad y ansiedad de adultos, y, por tanto, menor resiliencia a situaciones estresantes.

El trabajo, cuyos resultados han visto la luz en la revista PLOS ONE, señala la necesidad de que la normativa europea vigente sobre cuidado de animales experimentales, que data de 2010, especifique cuáles deben ser esas condiciones de ambiente enriquecido, que hasta ahora se exigen sin concreción, ya que en el caso de este estudio resultaron negativas para el bienestar animal. Héctor González Pardo, catedrático de Psicología e investigador en Psicobiología, que ha liderado la investigación, indica que «estandarizar o concretar los procedimientos óptimos o válidos de dicho enriquecimiento ambiental con el fin de garantizar la validez de los experimentos y, sobre todo, el bienestar de los animales».

En cuanto a las posibles causas de los efectos negativos hallados en este trabajo, González Pardo apunta a que «probablemente, la convivencia con un número elevado de animales en ese ambiente complejo, generó estrés psicosocial a todos los animales, con independencia de la separación materna previa, ya que se establece una jerarquía social de dominancia en el grupo, como en primates y el ser humano».

Resultado inesperado

Por otro lado, el mismo trabajo ha revelado que el modelo animal de exposición a estrés psicosocial temprano por separación diaria de crías de ratas de sus madres durante unas horas no produjo consecuencias adversas sobre el comportamiento, como era esperable inicialmente, pero tampoco sobre el metabolismo cerebral medido en diversas regiones implicadas en este comportamiento. Los animales no mostraron en la etapa adulta ni problemas de aprendizaje y memoria espacial, ni conducta similar a la depresión e, incluso, tuvieron menor ansiedad en pruebas estandarizadas.

Los resultados podrían explicarse, en parte, por un efecto de resiliencia o adaptación al estrés mediante mecanismos biológicos neuroendocrinos durante su desarrollo desde la infancia pero también por un efecto ambiental modulador del estrés, por aumento de los cuidados maternos de tipo compensatorio en estos animales sometidos a estrés. 

Con estos modelos de separación materna se pretende reproducir o modelar las consecuencias del estrés psicosocial temprano en el ser humano, por ejemplo, negligencia en los cuidados parentales, maltrato emocional o físico... Se trata de factores que está demostrado que predisponen al futuro desarrollo de diversos trastornos mentales durante la infancia, juventud y la etapa adulta, como trastornos de ansiedad, depresión, adicción a drogas e incluso esquizofrenia.

El estudio ha sido desarrollado por la Universidad de Oviedo a través de investigadores del Instituto de Neurociencias del Principado de Asturias, INEUROPA, pertenecientes en su mayor parte también al Grupo de Investigación NEUROCON de Ciencias de la Salud.

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