Asturias pone coto al uso del glifosato

El empleo de este herbicida, nocivo para el ser humano, está prácticamente desterrado en la administración. Los ecologistas reclaman que se restrinja también en el ámbito privado

Imagen de archivo de una carroceta aplicando glifosato en una cuneta
Imagen de archivo de una carroceta aplicando glifosato en una cuneta

Asturias

El glifosato es un herbicida empleado en Asturias, por su rapidez y bajo coste. Sin embargo, su continuidad en el mercado está en entredicho por sus efectos negativos en la salud de las personas y el medio ambiente. De hecho, el Principado cada vez está restringiendo más su uso, tanto en el medio rural como en materia de infraestructuras. No obstante, sigue siendo un recurso más o menos habitual por parte de empresas privadas e incluso algunos ayuntamientos y entidades a la hora de realizar el mantenimiento y desbroce de zonas verdes.

En el ámbito público la tendencia apunta a un arrinconamiento progresivo de un químico que, de hecho, ya apenas se usa salvo en situaciones muy concretas. Fuentes de la consejería de Medio Rural confirman que en la región el empleo de glifosato es «muy residual y cada vez menor» siempre supeditado, además, a la solicitud de permisos para su utilización. La limpieza de lindes y zonas de difícil acceso son los últimos reductos en los que se utiliza este compuesto que «poco a poco desaparecerá, porque se emplea cada vez menos».

Precisamente, desde la consejería de Infraestructuras, Medio Ambiente y Cambio Climático del Principado se resalta que «no se utiliza glifosato para el desbroce de carreteras en el Principado. Se realizan las labores por medios mecánicos».

De acuerdo con Greenpeace España, en nuestro país hay más de 100 productos autorizados para la jardinería, silvicultura, agricultura e, incluso, de aplicación doméstica que contienen glifosato. Este compuesto se comercializó por vez primera en los 70 por Monsanto, con el nombre de Roundup.

Uso «a escondidas»

Tierras de cultivo, parques y calles son rociadas con glifosato cada año en todo el planeta. El problema de su uso en agricultura y jardinería viene, de acuerdo con lo que establece la organización ecologista, derivado de que penetra en el suelo, llega a filtrarse en el agua y pasa a los cultivos. En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó el glifosato como potencialmente cancerígeno para los seres humanos. Asimismo, el uso de glifosato tiene graves efectos en la flora, la fauna y los insectos polinizadores.

Fructuoso Pontigo, portavoz de la Coordinadora Ecologista de Asturias, explica que en la región el uso de este compuesto no está tan extendido como en otras (Galicia, por ejemplo) en lo que respecta a la administración autonómica, si bien «aquí se hace más a escondidas. Por ejemplo, el Principado en la limpieza de carreteras no lo utiliza». En este sentido, echan mano del recurso del glifosato, sobre todo, «empresas que trabajan en las autovías de competencia estatal». «Cada poco denunciamos episodios que se ven», afirma.

Recurso en ayuntamientos

Pontigo resalta que «lo que hizo la administración para intentar parar el uso de este compuesto fue redactar una norma donde traspasaba la competencia a los ayuntamientos». Así, son los entes locales los que tienen potestad para permitir su uso a empresas, que deben solicitar «autorización municipal y advertir a la población de su utilización».

El portavoz de la organización ecologista destaca que a lo largo de los años han denunciado «su uso alrededor del Hospital Universitario Central de Asturias en Oviedo por parte de la empresa que lleva mantenimiento y conservación. En su caso ponían carteles de advertencia, pero con mucha distancia entre ellos». Asimismo, han criticado «el uso por parte del Ayuntamiento de Siero en zonas cercanas a las áreas infantiles». «La universidad de Oviedo lo usó en el campus sin advertir del riesgo», si bien posteriormente «hubo un compromiso para dejar de utilizarlo».

Añade que «en el ámbito de las infraestructuras hemos presentado varias denuncias, ya que Adif también usa glifosato». En esta línea, pone como ejemplo que «a Dupont el Ayuntamiento de Carreño le dio permiso para usar glifosato en sus terrenos». Resalta que «su uso se fundamenta en evitar el mantenimiento mecánico. Con el glifosato lo que se hace es secar las hierbas del entorno. Acaba con todo».

La autorización del uso del glifosato por parte de la Comisión Europea recientemente se prorrogaba hasta el 2022. Y es que, pese a todo lo dicho anteriormente, se trata de un producto legal, aunque cada país miembro de la UE tiene cierta manga ancha para prohibir o no su uso.

Tárik Vázquez, presidente de la asociación medioambiental Biodevas, considera que en Asturias «el uso del glifosato tendría que estar restringido» totalmente, en favor de «métodos menos corrosivos para el medio ambiente». Explica que se trata de «una herramienta eficaz, pero que genera muchos perjuicios ya que afecta a la biodiversidad, a todo lo que hay alrededor y degrada la zona y la tierra en la que se aplica».

Resalta que «en teoría cada vez que se usan este tipo de herramientas hay que informar a la gente de cómo tiene que actuar en estos casos», sin embargo es bastante habitual ver a «trabajadores sin mascarillas aplicando glifosato» o «personas al lado paseando sin este tipo de protecciones». Recuerda que en los trabajos realizados para erradicar el plumero de la Pampa en el polígono de Bobes «se comenzó a aplicar, pero solo señalizaron en una zona», tras lo cual «mucha gente se empezó a quejar del efecto en sus árboles frutales, o del agravamiento de enfermedades respiratorias».

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