«He tenido que pedir un crédito para pagar a los trabajadores de mis sidrerías»

La hostelera gijonesa Rocío Barrio ha tenido que recurrir a los bancos para hacer frente a las nóminas de sus 19 empleados

Rocío Barrio, propietaria de Casa Carmen
Rocío Barrio, propietaria de Casa Carmen

Asturias

Rocío Barrio es la dueña de las dos sidrerías casa Carmen de Gijón, ubicadas en la calle Manso y Aquilino Hurlé. Como todos los hosteleros no puede evitar ver con inquietud y ansiedad, no solo ya el presente del sector, sino el futuro que dejará tras de sí el COVID-19. Ese ‘mañana’ que seguirá al día que los locales puedan volver a abrir sus puertas.

Esta profesional abrió el segundo de sus establecimientos «para poder seguir trabajando», pero finalmente pudo continuar con ambos. Todo esto fue mucho antes de que el concepto coronavirus entrase en nuestro léxico. «Me dijeron que podía seguir con el original y continué con los dos», recalca. Tras el cierre forzoso de sus negocios, y con la inversión realizada a cuestas, se encuentra con que «nos están comiendo por todos lados».

Para ella la situación es «fatal, porque veníamos encima del invierno, que es nuestra época más floja y no teníamos colchón». «Yo tengo 19 empleados y he tenido que pedir un crédito para pagar sus sueldos y la seguridad social. Nos han hecho endeudarnos más», explica. Con sus trabajadores en ERTE, admite  no comprender cómo no se ha vehiculado ningún modo de condonar, no ya posponer, ciertos pagos fijos e impuestos a la administración. «Si no trabajo en marzo, yo ya no te puedo pagar», lamenta.

No duda en pedir a los vecinos que, una vez que pase la pesadilla, «consuman en Gijón y ayuden a los de aquí». Calcula que «a finales de mayo» se empezará clarificar algo el panorama. No antes porque, en su opinión, al principio «la gente no se lo tomó en serio y seguimos haciendo el tonto».

«Los autónomos somos los que movemos España. Pero esto va a servir porque vamos a unirnos y esto no va a quedar así», advierte y añade que «hay gente realmente desesperada porque no ve salida. A mí misma, si no me llegan a dar ese crédito a ver qué hago». Considera que, cuando se levante el estado de alarma, «la gente va a tener ganas de salir, aunque va a ser un verano tranquilísimo». «Todos los veranos suelo contratar seis o siete personas, pero este año no lo voy a hacer. Tengo un equipo que vale oro, son familia y voy a tirar con ellos», concluye.

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