Conejos en Australia y cocodrilos en Valladolid

La moda de utilizar especies exóticas como mascotas va con los tiempos. No resulta fácil adivinar qué pasa por la cabeza de alguien que ve atractivo cruzarse por el pasillo con una boa constrictor

Hace escasos días, varios vecinos del municipio vallisoletano de Simancas avistaron un extraño animal nadando en la confluencia de las aguas de los ríos Pisuerga y Duero. Analizadas las diferentes versiones, se consideró como opción más probable que se tratase de un cocodrilo del Nilo que habría sido liberado por su propietario. 

La historia del cocodrilo abandonado que termina nadando en aguas continentales no es algo inaudito. En agosto de  2015, un vecino cordobés alertó de la presencia de un cocodrilo en aguas del Guadalquivir. El equipo encargado de rastrear la zona en busca del animal no consiguió encontrar rastros de su presencia. 

Una historia similar había ocurrido ya dos años antes en la provincia de Málaga, pero en aquella ocasión el desenlace había sido diferente. En concreto, en el mes de marzo de 2013, diversas personas aseguraron haber visto un cocodrilo en las inmediaciones de una laguna del municipio de Mijas. Tras un mes de búsqueda, se encontró finalmente un cocodrilo del Nilo muerto en uno de los aliviaderos de la laguna. Se trataba de un ejemplar de unos quince años de edad que superaba los dos metros de longitud.

Las poblaciones originales de este reptil se localizan en la cuenca del Nilo, el África subsahariana y la isla de Madagascar. El cocodrilo del Nilo tiene fama de voraz: se estima que varios cientos de personas mueren todos los años como consecuencia de encuentros fortuitos con ejemplares de esta especie. 

La moda de utilizar ejemplares de especies exóticas como mascotas ha ido en aumento en las últimas décadas. Va con los tiempos. No resulta fácil adivinar qué pasa por la cabeza de alguien que encuentra atractivo cruzarse por el pasillo de casa con una boa constrictor o tener un cocodrilo en el jardín.

El trasiego de especies

El trasiego de especies de unos lugares del planeta a otros tiene consecuencias, a veces, muy graves sobre el tamaño de las poblaciones animales y sobre la composición de los ecosistemas de los que forman parte.

Esta costumbre, cada vez más extendida, contribuye a debilitar las poblaciones originales de la especie en cuestión; poblaciones ya debilitadas de por sí en no pocos casos. En ocasiones, este tráfico de especies exóticas supone la desaparición de especies y el empobrecimiento de la biodiversidad en las regiones de origen.

Con el objetivo de velar a nivel internacional por que el trasiego comercial de especies animales y plantas no ponga en riesgo su supervivencia, representantes de 80 países firmaron ya en el año 1973, en Washington DC, Estados Unidos, el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres o CITES, por sus siglas en inglés. 

España se adhirió en el año 1986. Hoy son más de 180 países los que se han sumado. El Convenio CITES prohíbe el comercio de especies de fauna y flora en peligro de extinción y regula, a su vez,  la comercialización de otras muchas especies cuyas poblaciones están amenazadas en mayor o menor grado.

Desde su entrada en vigor, se han registrado más de veinte millones de transacciones comerciales relativas a especies acogidas al convenio. El año 2012 supuso un hito al  superarse  el  millón de transacciones en un solo año.

Transacciones comerciales anuales. Fuente: Cites.org

Volviendo al caso del cocodrilo del Nilo, la caza masiva llevó a la especie a una merma espectacular de sus poblaciones a mediados de siglo pasado. Como consecuencia, la especie fue incluida en la lista 1 del CITES, en la que se incluyen las especies que sufren un mayor peligro de extinción y, por tanto, su comercio internacional está prohibido. Este hecho  permitió la recuperación de las poblaciones de esta especie.

¿Y si era un siluro?

Cuando las autoridades vallisoletanas analizaron los hechos también consideraron la posibilidad de que el misterioso animal fuese un siluro, el pez de agua dulce de mayor tamaño de Europa: puede alcanzar los 2,5 m de longitud y superar los 100 kilos de peso. El siluro es originario de los ríos de Europa del este y se introdujo en España en la década de los setenta del pasado siglo. Hoy en día se encuentra muy extendido por algunas cuencas fluviales de la península ibérica pero no fue hasta hace menos de un año cuando se pescó por primera vez en aguas del Pisuerga.   

Es una especie longeva -puede vivir hasta 25 años- y muy voraz, que diezma las poblaciones de otros peces de río como el barbo. Y esto nos conduce a un caso radicalmente diferente al del cocodrilo desde el punto de vista de la ecología: el de las especies exóticas invasoras

El siluro es una de ellas. Cada vez se observa con más frecuencia  la problemática ecológica que provocan estas especies. La introducción de fauna exógena en una determinada región puede provocar desequilibrio en los ecosistemas autóctonos y, en ocasiones, desencadena una verdadera catástrofe medioambiental.

El  Convenio sobre la diversidad biológica describe a las especies invasoras como las que se establecen «fuera de su distribución natural (presente o pasada) cuya introducción y expansión suponen una amenaza para la diversidad».  Las especies exóticas invasoras consiguen adaptarse de forma sobresaliente al medio ambiente local y colonizarlo.  

En ocasiones, su presencia en un determinado lugar se debe a circunstancias totalmente accidentales, como sucedió con la avispa asiática, que llegó a Europa en contenedores comerciales procedente de China. En poco más de una década, se ha convertido en un poderoso depredador de las abejas europeas, debilitando las colmenas autóctonas e incidiendo negativamente en la polinización de la flora local.

En otras ocasiones, la introducción de una especie foránea en un determinado territorio es un acto consciente que no fue capaz de prever las consecuencias ambientales. Son numerosos los casos que pueden ponerse como ejemplo; uno de los más emblemáticos quizá sea el que afectó a Australia, a mediados del siglo XIX.  

El caso de Australia

El conejo silvestre tiene como lugar natural de distribución la península ibérica. Desde tiempo inmemorial, el conejo forma parte de la fauna ibérica, donde sus poblaciones se regulan básicamente en función de la disponibilidad de alimento y de la abundancia de depredadores. la propia denominación de Hispania, que los romanos dieron a la península ibérica, parece que se debe a la abundante población de conejos. 

Thomas Austin, un terrateniente afincado en Victoria, pensaba que en Australia tal vez sobrasen canguros pero indudablemente faltaban conejos. Los canguros, pensaba mister Austin, podrían resultar pintorescos e incluso simpáticos para los visitantes pero no eran un trofeo de caza atractivo. Así fue como, ni corto ni perezoso, un buen día de 1859 decidió importar dos docenas de conejos, una especie hasta entonces desconocida en aquellas remotas tierras.

Con ello no contribuyó a incrementar la biodiversidad  en nuestras antípodas, más bien todo lo contrario. Por un lado, los conejos no tenían depredadores naturales en el continente australiano ni eran especialmente susceptibles a parásitos o gérmenes patógenos autóctonos; por otro, tenían ante sí un continente entero con abundante comida. Con estos ingredientes, dedicaron su plácida existencia a comer y reproducirse.

En pocos años, cientos de millones de conejos gastaban sus energías saltando alegremente en el paisaje australiano y habían culminado la difícil tarea de invadir un continente cuya extensión es quince veces la de España.

Nuestra península ha sido, a su vez, el lugar de adopción de múltiples especies invasoras. El listado completo de nuestras especies invasoras puede consultarse en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras que periódicamente publica el ministerio de Medio Ambiente. Aunque nos hemos referido solamente a especias animales, el catálogo incluye especies tanto de fauna como de flora.

El cangrejo rojo americano es una de las especies invasoras incluidas en el catálogo y uno de los casos más representativos de los efectos devastadores que estas especies han tenido sobre la fauna de los ríos peninsulares. Se introdujo en 1974 en las marismas del Gualdalquivir y desde ahí se ha expandido por la mayor parte de los ríos del país. El cangrejo rojo es portador asintomático del hongo causante de la afanomicosis, que afecta de forma letal al cangrejo de río europeo. La consecuencia es que éstos han desaparecido prácticamente del cauce de nuestros ríos, excepción hecha de los tramos más altos.

Una de las últimas especies que han sido añadidas al Catálogo es el cerdo vietnamita. Numerosos ejemplares acaban siendo liberados debido al comportamiento agresivo de los individuos adultos. El peligro que conlleva deriva de una excelente adaptación a la vida silvestre y la capacidad de hibridación con el jabalí. 

Aunque las especies foráneas  no siempre se adaptan a las condiciones ecológicas que encuentran a las regiones de destino, los casos anteriores dejan bien claro el peligro ambiental que entraña la importación, como mascotas o con fines comerciales, de especies exóticas y los efectos devastadores que sobre la fauna, o la flora,  pueden llegar a tener.

@JLBancoScience

Comentarios

Conejos en Australia y cocodrilos en Valladolid