¿Están preparados los adolescentes para un curso semipresencial? Tres psicólogos aportan su visión

Los expertos coinciden en que el modelo de enseñanza adoptado para frenar el COVID-19 supone un reto para la sociedad, pero difieren sobre la capacidad de gestión y responsabilidad de los alumnos de secundaria para afrontar el año escolar

Un estudiante maneja una tablet
Un estudiante maneja una tablet

redacción

El modelo de enseñanza semipresencial al que se han tenido que acoger más de la mitad de los centros de secundaria de Asturias ha generado incertidumbre y preocupación entre padres y personal educativo al dudar de la viabilidad de un curso en la que los alumnos acudirán de forma presencial a los institutos en días alternos, lo que conlleva que un día sí y uno no se quedan en casa realizando la tarea indicada por el profesorado. Por un lado, la inquietud proviene de que pueda haber falta de equidad o desventajas respecto a los centros que han podido habilitar un curso cien por cien presencial. Por otro, lo que genera recelo es que los estudiantes vayan a tener que quedarse solos en casa con acceso a internet para atender las conexiones que se puedan establecer con los profesores. Ante esto surgen numerosas preguntas: ¿están preparados los adolescentes de tercero y cuarto de la ESO y primero y segundo de Bachillerato para un curso semipresencial? ¿tienen la suficiente madurez para cumplir con su obligación cuando no tengan que acudir a clase? ¿puede ahondar la semipresencialidad en la brecha social? ¿hay contradicción entre que se aconseje vigilar el uso que hacen los menores de internet y que ahora se planteen clases en streaming? Tres psicólogos aportan su visión ante estas cuestiones. Si bien los expertos coinciden en que la semipresencialidad, como sistema adoptado para frenar la expansión del COVID-19, supone un reto para la sociedad, difieren sobre la capacidad de gestión y responsabilidad de los alumnos de secundaria para hacer frente al año escolar que ahora empieza.

Miguel Silveira: «es un desastre lo que está pasando en educación»

Miguel Silveira,  psicólogo clínico experto especialista es Salud Pública, califica de «calamidad» el sistema de semipresencialidad porque en su opinión hará que los alumnos pierdan capacidad de autocontrol y de organizarse, «algo que no saben y necesitan estar pautados externamente para adquirir una disciplina básica en su forma de proceder organizada». Considera que al quedarse solos en casa, en líneas generales, «no les va a dar por responsabilizarse, sino que tenderán a la ley del mínimo esfuerzo sobre todo en aquellas tareas escolares que, además de aburridas, necesitan mucho esfuerzo y concentración».

Otra cuestión que preocupa a este experto es que los adolescentes serán más proclives al uso del móvil y la tableta «y no precisamente para sus tareas escolares». «Tenderán a saltarse tareas y algunos engañaran a sus padres diciendo que han cumplido pero no puede demostrarse», señala Miguel Silveira, que advierte que «es una grave dificultad que han de enfrentar padres e hijos», en tanto que hoy por hoy los padres ya se enfrentan a la dificultad de que los hijos no dependan tanto de internet. «Pero con la cantidad de tiempo que usan sus dispositivos podemos concluir que se harán más dependientes de ellos», añade.

Flaco favor considera este psicólogo que ha hecho a la semipresencialidad la «inexperta e irresponsable» ministra de Educación por haber decretado que pasen de curso y se les de el titulo a los estudiantes aunque tengan varios suspensos. «Ya se puede anticipar el desastre educativo», vaticina Silveira, que está convencido de que como consecuencia de la crisis sanitaria los estudiantes «van a perder al menos un curso en su trayectoria académica en sus aprendizajes significativos (matemáticas, lengua o idiomas) y no significativos».

«En fin no puedo encontrar ventajas», manifiesta respecto a la enseñanza semipresencial este experto, que cree que «es un desastre lo que está pasando en educación y por ello saldrán perdiendo sobre todo los que no tengan medios para que sus hijos estén debidamente atendidos». «Un reto importante para nuestra sociedad y familias es todo este gran inconveniente», concluye Silveira.

Rebeca Cerezo: «es una oportunidad para adquirir habilidades de autorregulación»

Rebeca Cerezo, vicedecana de la Facultad de Psicología experta en psicología de la educación, parte en primer lugar de que «no es justo preguntarse si los alumnos tienen la suficiente madurez» al entender que «son tan solo una parte del proceso de enseñanza-aprendizaje sobre los que han recaído las consecuencias de la actual situación». Así, deja claro que a su entender «no cabe plantearse si los adolescentes están preparados para recibir clases de manera semipresencial sin preguntarse si lo están los profesores para impartirla y si lo está el sistema y la infraestructura educativa para hacerlo posible».

Dicho esto, apunta que existe una muy alta variabilidad entre los adolescentes en tanto que se trata de una etapa de grandes cambios a diferentes ritmos, «lo cual hace que algunos adolescentes gocen de una madurez semejante o superior a la de muchos adultos, y otros no». Así, para aquellos que aún no dispongan de las habilidades necesarias para afrontar un trabajo autónomo y una auto-gestión con menos controles externos durante este curso, «será un reto y una oportunidad de crecer y desarrollar esas habilidades. Algunos fracasarán, seguro, pero es ahí donde entra en juego el soporte de la familia y el sistema educativo», manifiesta Rebeca Cerezo, que añade que «el hogar debe ser un ejemplo para el adolescente» porque «los chavales observarán y absorberán la relación del resto de miembros de la familia con las nuevas tecnologías, en qué emplean el tiempo y cómo lo gestiona».

Respecto al sistema educativo, la profesora de psicología pone de relieve que «lleva oficialmente muchos años digitalizado, pero el uso de esos recursos tecnológicos y digitales aún era y es, muy limitado». Es por ello que dice que los docentes, entre los que se incluye, «debemos adaptar nuestra manera de enseñar y evaluar, y preocuparnos menos de si copian o están wasapeando durante nuestras clases; podemos y debemos ser catalizadores del cambio, tenemos la batuta del proceso de enseñanza-aprendizaje».

Respecto a la pregunta de si es contradictorio que se aconseje vigilar el uso que hacen los menores de internet y que ahora se planteen clases en streaming, Rebeca Cerezo dice que «la respuesta es no, obviamente no». A modo de símil plantea otra pregunta «¿es contradictorio abogar por la seguridad vial y tener un vehículo? La respuesta es la misma. No es contradictorio». Más bien considera que «se trata de un reto y una oportunidad para adquirir habilidades de autorregulación y aprender de los errores». 

«Nos enfrentamos a innovaciones disruptivas sin precedentes que requieren un periodo de aprendizaje y ajuste en el que nos encontramos, familias, sistema educativo y adolescentes, pero es un gran cambio para un gran engranaje en el que todas las partes están implicadas», concluye la experta el psicología de la educación.

Elena Cubero: «no tiene por qué esperarse un mayor fracaso escolar» 

Elena Cubero, psicóloga y coordinadora de la Comisión de Psicología Educativa del Colegio Oficial de Psicólogos del Principado (COPPA), tiene claro que la educación semipresencial no habría sido una elección metodológica si no se hubiera dado la crisis sanitaria de la COVID-19, por lo que apunta que se trata de una situación excepcional en la que al estar en juego la salud de la población «es preciso reaccionar». Teniendo en cuenta que para ella «la innovación en educación debe ser una constante», entiende que este curso «supone, de nuevo, un reto para profesores y estudiantes».

Según dice, no habrá una respuesta unánime de los estudiantes, sino que los adolescentes «reaccionarán en función de sus características de personalidad y de su contexto sociofamiliar, igual que ya lo hacen, cuando las clases son presenciales a tiempo completo». En este sentido, ve importante que los profesores y los departamentos de orientación realicen una valoración ajustada y detecten aquel alumnado más vulnerable a sufrir efectos adversos ante esta nueva forma de enseñanza. «La planificación y organización de los grupos es esencial para garantizar la equidad y la inclusión de todo el alumnado», señala Elena Cubero, que aboga por que «el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, el alumnado muy desmotivado, con dificultades interpersonales, tendencia al aislamiento y con riesgo de brecha digital y socioeconómica, acuda de forma presencial» durante este curso.

Por otro lado, ve, incluso, ventajas en que los alumnos de secundaria tengan que recibir clases de forma semipresencial porque, según enumera, promoverá «habilidades en autonomía, autorregulación, organización y planificación de rutinas diarias y realización de actividades académicas en solitario días alternos desde el hogar, que se aprenden y se entrenan». «Aumentará la responsabilidad y el compromiso en muchos de nuestros jóvenes y adolescentes. Inevitablemente en otros, no. Mejorará la creatividad, implicará cambios en la manera de pensar, de actuar, de procesar y, por supuesto, de aprender y enseñar», manifiesta la psicóloga, para quien los alumnos ya han pasado «por un contexto más duro el curso pasado». Así, la asistencia aunque sea intermitente les permite el contacto directo con compañeros y profesores, resolver dudas, atender a las explicaciones de los temas más complejos y la interacción social aunque limitada. «Eso genera expectativas emocionalmente de mayor calma, tanto para el alumnado como para las familias», dice Elena Cubero, que añade que «en estas edades ya se han ido poniendo las bases a un adecuado método de estudio», método que el profesorado tendría que modelando y orientando durante los días presenciales. 

La misma advierte también que si el papel de la familia siempre ha sido fundamental para los adolescentes, en estas circunstancias «cobra una gran relevancia». Consciente de que los contextos familiares son variados, aconseja que en cualquier caso se fomente «la autonomía frente a la sobreprotección, la responsabilidad, el compromiso y el autocuidado. Se deberán estimular actitudes de logro y búsqueda de metas», apostilla.

Respecto a que la semipresencialidad conlleve clases en streaming como opción metodológica, traslada que no hay contradicción entre esta metodología y el hecho de cuidar el uso que los alumnos hace de internet, ya que comenta que «las familias deberán seguir controlando el uso que sus hijos realizan de internet desde cualquier dispositivo electrónico». En esta línea reconoce que la educación semipresencial aumenta el tiempo en solitario de algunos estudiantes y que el reto debe ser, por tanto, gestionar bien esta actividad. «Los padres deben conocer la importancia de un adecuado uso de las tecnologías y manejar recursos y herramientas como el control parental en los dispositivos o «el contrato conductual de uso de las TIC». Deben establecer límites y ser modelos a seguir», manifiesta Elena Cubero. De todos modos, defiende que las situaciones problemáticas las compartan las familias con el centro, con el tutor y el psicólogo educativo para que desde el departamento de orientación se intenten ofrecer las ayudas pertinentes.

Por último, hace referencia a la motivación intrínseca que suelen tener los alumnos de segundo de bachiller, por la propia motivación que supone la cercanía de la meta de la universidad. «Hay un grado de responsabilidad intrínseco que en principio haría pensar que en ellos la semipresencialidad no tendría tanta repercusión», señala por un lado, aunque sin obviar que la «autoexigencia para mejorar sus notas y la necesidad del contacto con el profesorado de forma directa les tranquiliza». Por todo ello, Elena Cubero concluye que «no tiene por qué esperarse un mayor fracaso escolar, medido éste por abandono y suspensos. Pero es pronto para anticipar resultados».

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