«Cuando acabé los estudios y busqué trabajo, en las empresas me decían que solo cogían a hombres»
ASTURIAS
Una sanitaria y una víctima de violencia de género explican por qué es tan importante reinvidicar los derechos de las mujeres en este 8M
08 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Las mujeres han llevado a cabo un trabajo imprescindible en esta situación de pandemia. Han sido esenciales para combatir esta crisis sanitaria y muchas de ellas han estado, incluso, en primera línea de batalla. Esto ha permitido poner sobre la mesa el valor de las féminas, ya que sus empleos son socialmente necesarios, pero todavía queda un camino largo y pedregoso para poder conseguir realmente esa equidad social. «Queda mucho por hacer porque el machismo está muy enquistado en la sociedad. Los hombres están en contra del feminismo porque tienen miedo a perder sus privilegios», denuncia Nuria Álvarez, quien conoce a la perfección la desigualdad de género.
Álvarez, al igual que la mayoría de las mujeres, ha sentido la discriminación por el hecho de ser mujer. «Soy técnico de salud medioambiental y cuando acabé los estudios fui a buscar trabajo. Pero en las empresas me decían que solo cogían a hombres, ya que había que hacer un esfuerzo físico. Ahora no lo dicen directamente, sin embargo, hay una fuerte evidencia», explica. La leonesa, afincada en Oviedo desde hace años, no consiguió empleo como técnico de salud, pero sí como auxiliar de enfermería en una residencia. Una labor que siempre estuvo «relegada» a las mujeres y «por eso está tan menospreciada».
A pesar de haber luchado durante más de nueve meses en primera línea y cuidando de personas mayores, Álvarez ha vuelto a ser testigo de la precariedad laboral a la que están sometidas las mujeres. «En todo este tiempo he ido encadenando contratos, algunos, incluso, de un día. Además, fui rotando por varias residencias de Asturias», explica. Una situación que le generó mucho sosiego, no solo por la incertidumbre derivada de la crisis sanitaria, sino porque al cambiar de lugar de trabajo tenía que volver a adaptarse y con todos los inconvenientes que esto lleva.
«Trabajar en una residencia es ya es estresante en condiciones normales, pues imagínate en mi caso que iba de un sitio para otro y además estábamos inmersos en una pandemia», reconoce. Además, indica que estaba muy nerviosa porque tenía miedo a contagiarse. «No solo por ponerme enferma, sino por crear un brote en una residencia, donde los usuarios son personas de riesgo y se pueden morir», resalta. Aún así, su trabajo le apasiona porque «das cariño a la gente», aunque anima a los hombres a que hagan lo mismo porque «nosotras también necesitamos que nos cuiden».
Con esta labor fundamental se ayudó a salvaguardar la vida e integridad de muchas personas y, por tanto, Nuria Álvarez ve imprescindible reivindicar que «las mujeres somos esenciales» en este Día Internacional de la Mujer. Al mismo tiempo, discrepa sobre la criminalización de las feministas por la convocatoria de concentraciones. «Las mujeres somos suficientemente coherentes. Hemos cuidado a las personas durante la pandemia y no vamos a ser ahora irresponsable. A nosotras nos van a decir cómo debemos de cuidar, si lo llevamos haciendo toda una vida. Además, no es ninguna fiesta, tan solo clamamos por nuestros derechos de la forma más segura posible», sentencia.
En esa misma línea, Beatriz Díaz, nombre ficticio, ve más necesario que nunca manifestarse puesto que «todavía hay mucho que cambiar y sufrimos mucha discriminación por el mero hecho de ser mujeres». Además, como la pandemia ha permitido ver cómo estas cargan con los cuidados -«algunas, incluso, han tenido que compaginar el teletrabajo con la atención de sus hijos»-, defiende la celebración de actos presenciales. Asimismo, añade que «otros sectores lo han hecho y nosotras por qué no. Parece que lo único que quieren es hacernos callar y no lo van a conseguir», clama.
En su caso, la crisis sanitaria solo le ha hecho mella a nivel de salud. «El no poder salir de casa, ni poder tocar las cosas para orientarme me afecto muchísimo hasta el punto de volver a recaer en el trastorno alimenticio que padezco», relata. Sin embargo, a lo largo de su vida ha sido testigo de la desigualdad social a la que están sometidas las mujeres. Una desigualdad que, en su caso, se ha incrementado por ser una persona ciega. «Tuve problemas con el mundo laboral. Yo tenía cualificaciones para el puesto, pero por el hecho de ser mujer y ciega no me cogían», cuenta y explica que «ser ciega tampoco significa que no tenga capacidades o ganas para trabajar». En el mundo educativo también sufrió discriminación, «me hicieron bullying durante muchos años», reconoce.
Además, a lo largo de su vida fue víctima de violencia machista. Hasta en tres ocasiones sufrió abusos por parte de sus parejas. Asimismo, resalta que los micromachismos también han estado presentes desde que tiene uso de la conciencia. «Ir por la calle y que te digan algún piropo no es agradable», señala y añade que en un grupo de Whatsapp en el que se debatía sobre el 8M, un chico llegó, incluso, a decir que «las mujeres igual quieren manifestaciones porque algunas no están satisfechas». Tal fue su indignación que estuvo a punto de abandonar la conversación, pero no lo hizo por educación con el resto de los debatientes. Dichas circunstancias son las que animan a Díaz a participar en un día como hoy para reivindicar los derechos de las mujeres.