Esto es lo que la Universidad de Oviedo recibió del «botín de guerra» franquista

ASTURIAS

Detalle del acta de entrega de obras en depósito tras la Guerra Civil a la Universidad de Oviedo, realizada en 1941 por las autoridades franquistas
Detalle del acta de entrega de obras en depósito tras la Guerra Civil a la Universidad de Oviedo, realizada en 1941 por las autoridades franquistas ARCHIVOS DEL MINISTERIO DE CULTURA

Las autoridades de posguerra enviaron a la institución asturiana 19 cuadros y 11 objetos valiosos de procedencia desconocida

09 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

No solo la Diputación de Asturias (y más tarde el Museo de Bellas Artes de Asturias) recibió parte del «botín de guerra» artístico tras las Guerra Civil, como publicó el pasado sábado en este periódico. Muchas de las obras incautadas por ambos bandos, pero en especial por el Gobierno de la República, fueron reunidas por el gobierno franquista justo al finalizar el conflicto, sobre todo en Madrid, y repartidas a continuación entre todo tipo de entidades públicas y privadas, a menudo al azar. Una de las afortunadas fue la Universidad de Oviedo.

A partir de 1936, en las zonas republicanas las autoridades se incautaron de obras de arte con objeto de preservarlas de los bombardeos y también de ponerlas a salvo del avance de las tropas franquistas. Un buen número salió de España; también de Asturias. Al terminar la guerra, muchas no fueron reclamadas por sus propietarios o no se les quiso devolver, según recoge el reciente libro Arte, Botín de guerra, del profesor Arturo Colorado (Editorial Cátedra, 2021). «Fueron miles de las piezas artísticas que fueron reubicadas, desplazadas y entregadas en depósito» desde el fin de la contienda hasta muchos años después.

Claustro de la Universidad de Oviedo, destruido durante la revolución de 1934 y posteriormente reconstruido
Claustro de la Universidad de Oviedo, destruido durante la revolución de 1934 y posteriormente reconstruido MUSÉU DEL PUEBLU D'ASTURIAS

El Sdpan, organismo creado por el nuevo gobierno, se dedicó, entonces, a repartir el patrimonio que claramente no pertenecía a un museo, como ocurría con las obras de El Prado o que no reclamaba nadie. Colorado ha investigado durante años el origen y destino de ese enorme tesoro, que empezó a diseminarse entre museos, organismos públicos, ayuntamientos o centro de enseñanza «e incluso domicilios particulares». Muchas obras fruto del expolio desaparecieron o fueron vendidas para beneficio de afines al régimen.