Justicia, revancha o rapiña: lo que Franco devolvió a la aristocracia asturiana al acabar la Guerra

Así fueron las reclamaciones de los marqueses de la Vega de Anzo, de San Feliz o de Santa Cruz, del conde de Toreno o de la familia Selgas

Obras de arte en depósito en el Museo del Prado. Después de la guerra, Franco acumuló casi todo lo incautado en Madrid y luego lo devolvió o repartió entre quienes no eran considerados «enemigos del régimen»
Obras de arte en depósito en el Museo del Prado. Después de la guerra, Franco acumuló casi todo lo incautado en Madrid y luego lo devolvió o repartió entre quienes no eran considerados «enemigos del régimen»

Es conocido que el trasiego de obras de arte durante y tras la Guerra Civil fue un caos. La República y el bando franquista se incautaron de miles de ellas y, al terminar la guerra, buena parte no regresó nunca a sus dueños. Hubo quienes no pudieron reclamar sus bienes por motivos políticos (eran «enemigos del régimen»), o porque habían fallecido, o porque estaban en exilio. Pero otros con mejor suerte sí consiguieron recuperar lo que era suyo. Y en algunos casos, lo que no era suyo, como ocurrió con la Diputación Provincial de Oviedo (que pasó al Museo de Bellas Artes) a partir de 1980 o en depósito a la Universidad de Oviedo.

Acabó la guerra y Franco reunió en Madrid (y algo en Barcelona) casi todo el llamado «botín de guerra» y a partir de ahí comenzó el proceso de devolución y también diseminación entre organismos y particulares. Quienes no eran «enemigos del régimen» y podían acreditar la propiedad tuvieron pocos problemas para recuperar sus propiedades, aunque es cierto que muchas habían desaparecido; bien destruidas durante  los combates o robadas. Una parte de lo que se trasladó a París desde Asturias y Cantabria en el barco Mydol simplemente desapareció.

En las zonas republicanas como fue Asturias (salvo Oviedo), entre 1936 y 1937 la Junta del Tesoro Artístico (JTA) fue el organismo encargado de realizar las incautaciones del tesoro artístico que pudo encontrar. Instituciones como la Iglesia y algunas familias adineradas asturianas o de origen asturiano fueron, por tanto, afectadas por esas incautaciones que fueron registradas. Así consta en el archivo del actual Ministerio de Cultura.

Pero, tal como señala el profesor Arturo Colorado en su reciente libro Arte, botín de guerra (Cátedra, 2021), en muchos otros casos las devoluciones fueron arbitrarias o, al menos, muy poco documentadas. «Reconozco que mi capacidad de asombro en esta investigación ha sido puesta a prueba repetidas veces, pero aún hay que dejar espacio para un capítulo insólito: el desvío de obras procedentes de un particular -o de organismos, o de origen desconocido- que se entregaban a otro particular que, para colmo las recibía en muchos casos asegurando que eran suyas».

Hubo quien reclamó con más o menos fundamento, como es el caso de las familias asturianas Selgas o del marqués de la Vega de Anzo. Otras veces, dice Colorado, «la devolución no significaba que la obra fuera realmente del que la recibía, pues hay casos evidentes de que no era así». Fue el momento de pícaros y aprovechados, o de quien simplemente se tomaba la revancha al recuperar algo que no era suyo, pero que le «compensaba» lo incautado durante la guerra.

Por ejemplo, como cita Arturo Colorado, al asturiano Roque Pidal y Bernaldo de Quirós el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (Sdpan) «le entregó un total de 180 piezas, de las cuales 62 lo eran en concepto de depósito. Lo cierto es que esas piezas no coinciden -cuando se aporta datos- con la fecha de incautación durante la guerra (…) o los números de inventario de la misma». Diez de ellas procedían de las evacuadas a Ginebra por la República y sacadas de la caja fuerte del Banco de España, «de autores como Federico de Madrazo o atribuidas a Murillo, Zurbarán, Tiziano o Ribera», es decir, de un valor incalculable.

La recompensa de las autoridades franquistas a determinadas personas con la entrega de obras «en depósito», dice Arturo Colorado «fue una práctica repetida hasta la saciedad por parte de los responsables franquistas del patrimonio».

Bastaba con presentar una reclamación: «La fórmula habitual que utilizaba el Sdpan inicialmente para la devolución era que reconoce de su propiedad, así de simple. A partir de mediados de 1940 la fórmula se complicaba con un jura por Dios y por su honor reconocer como de su absoluta propiedad». Y ya estaba.

Otros miembros de la aristocracia asturiana o vinculada con Asturias reclamaron ante las autoridades franquistas y fueron atendidos, como El marqués de San Feliz, el conde de Toreno, el marqués de Santa Cruz o los Bernaldo de Quirós. A veces con documentos que respaldaban sus reclamaciones, otras veces no.

No consta en el Ministerio de Cultura un acta de incautación de Antonio Sarri, marqués de San Feliz, cuya familia aún tiene un palacio en la plaza del Fontán de Oviedo que sirvió como sede del ayuntamiento a los rebeldes durante la Guerra Civil. Sin embargo, sí hay un expediente de devolución (número 1.175) abierto el 20 de enero de 1940 en el que se le entregan tres lienzos depositados en el Museo de Arte Moderno de Madrid, y otros cinco más entre esa fecha y el 24 de marzo de 1941.

A Mariano de Silva Carvajal, Marqués de Santa Cruz se le entrega un peculiar listado de propiedades en agosto de 1940: una gran colección de 81 mantones de manila, mantillas, chales y manteles.  

Con visos de legalidad

Otros disponían de documentos que les respaldaban. Es, por ejemplo, el caso de los Selgas, originarios de Cudillero. En un acta fechada el 20 de mayo de 1937, con Ezequiel Selgas presente, el Estado le requisó un largo listado de obras de arte que incluía valiosas pinturas, esculturas, relojes, grabados y antigüedades, incluso relicarios y un sonajero de plata del siglo XVIII. Hasta 79 objetos constan en el documento.

En el caso de los Selgas existía, afortunadamente para ellos, el acta de la JTA legalmente instituida. Más tarde fue fácil abrir un expediente (número 806) de devolución de objetos depositados en el Museo de Arte Moderno, el Museo del Prado y el Museo Arqueológico de Madrid muy pronto tras el fin de la guerra, en concreto a partir del 19 de septiembre de 1939 y fechas posteriores, hasta finales de diciembre de 1940. Recuperaron en distintas partidas a lo largo de un año prácticamente el mismo número de objetos que se les retiró en 1936; es de suponer que se trata de lo mismo que figuraba en el acta de incautación. La familia creó una fundación 1991 y actualmente parte del patrimonio se encuentra expuesto en el cuidado palacio de la familia en Cudillero.

Al tiempo que sus propiedades, algunos aristócratas recobraban el título. Es el caso por ejemplo, de Álvaro Queipo de Llano, senador por Oviedo, que recibió un acta de incautación en la que se le cita como «ex conde de Toreno», el 10 de abril de 1937. El listado era de los más abultados de entre los citados. Tuvo que ceder una importante colección de pinturas, muebles, esculturas y otras propiedades hasta un total 146 objetos. Ya el 28 de junio de 1939 se abre expediente de devolución que se prolonga hasta septiembre de 1941 y en el que figuran, en principio, más obras de arte de las que entregó.

Sobre el marqués de Vega de Anzo también existen dos documentos de incautación, de 8 y 9 de octubre de 1937, con sendos listados de 37 y 52 objetos. En el primero aparecen sobre todo muebles, jarrones y tapices, así como una decena de litografías y grabados.  En el segundo, una amplia colección de figuras de cerámica, bronces, algunos muebles, una copia de la Virgen y el niño de Murillo y otra de un autorretrato de Rembrandt y objetos diversos de adorno.

Martín González del Valle, marqués de la Vega de Anzo pudo abrir nada más terminar la guerra, el 1 de agosto de 1939 un expediente de devolución ante la Comisaría General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (Sdpan) creado por Franco. En el frontón Jai Alai de Madrid y el Museo de Arte Moderno, dos de los grandes depósitos de obras, encontraron un buen número de objetos que le fueron devueltos, la mayor parte en octubre de 1939 (52 objetos). También aparecieron en el Palacio Real un tapiz del siglo XVIII y en el Museo Arqueológico otros objetos; a lo largo de varios años fue reclamando y recibiendo, hasta junio de 1943, cuando obtiene un lote de 24 objetos depositados en la Comisaría General del Patrimonio. 

Fueron afortunados. Otros muchos particulares y sus descendientes, cuando sobrevivieron, nunca recuperaron lo que se les quitó.

 

Detalle del acta de entrega de obras en depósito tras la Guerra Civil a la Universidad de Oviedo, realizada en 1941 por las autoridades franquistas
Detalle del acta de entrega de obras en depósito tras la Guerra Civil a la Universidad de Oviedo, realizada en 1941 por las autoridades franquistas

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