Yván Pozuelo, profesor inhabilitado por dar a todos sobresaliente: «Todos los alumnos son de 10, pero todos son dieces diferentes»

ASTURIAS

«Mis dieces han matado el 'bullying' por las notas», afirma el docente sancionado en Gijón por dar la máxima calificación a casi todos sus alumnos

12 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Con él llegó a las aulas la rebelión del 10, una avalancha de dieces que le costó ser apartado, con suspensión de empleo y sueldo, como profesor de francés de secundaria en el IES Universidad Laboral de Gijón por la Consejería de Educación de Asturias. Para el profesor y evaluador de evaluadores Yván Pozuelo, los suspensos «no tienen sentido» en un aprendizaje competencial. El profe, que hoy ejerce en la Escuela de Hostelería y Turismo de Gijón, fue expulsado del centro donde sumó catorce años de docencia como coordinador de proyectos Erasmus +. «Muchos de mis compañeros dieron la cara por mí —asegura—. Y hay un sector que está detrás de la sanción que ha sido incapaz de decirme nada a la cara». ¿No sabe quién le ha denunciado? «No, pero no han sido los padres de mis alumnos», zanja.

—¿Qué es la rebelión del 10?

—No creo en la evaluación, me parece que está trucada. Yo llevo 20 años trabajando por proyectos, con una visión de la educación diferente en cómo evaluar lo que se hace en clase y el conocimiento de los alumnos, para no dejar a nadie en la cuneta. Este es el objetivo. En un momento dado, hablando con otros profesores, conté que ponía dieces a mis alumnos, a casi todos...

—¿Casi? ¿Cuándo no das un 10?

—Cuando no vienen a clase. Si vienen a clase, es muy difícil que no lo ponga. Si vienen a clase, trabajan, en clase estamos siempre haciendo cosas. Y ellos saben que si se equivocan conmigo no pasa nada. En mi clase no hay competitividad malsana. Mis dieces han matado el bullying por y para las calificaciones. Trabajan todos juntos.

—¿En qué pueden equivocarse, en ortografía o en actitudes con el profe y los compañeros?

—En todo. En errores ortográficos, gramaticales, a la hora de hablar... Si a una persona que aprende un idioma le estás constantemente suspendiendo por cómo habla, hay un momento en que no hablará. Y es contraproducente para la enseñanza, porque es un fracaso. Ellos saben que pueden cometer errores, que además es lo normal. Esta práctica de mis dieces pone el foco en los casos que realmente sí necesitarían una apuesta diferente por parte del sistema, porque ahí aflora el caso en el que hay un problema cognitivo de verdad. En los demás, todo se arregla, todo se puede recuperar entre los 12 y los 18 años.

—Dieces para los alumnos, pero no para el sistema educativo. ¿Qué le pasa?

—¡El sistema está más o menos bien! Pero es que en realidad no hemos aplicado la ley.

—¿No, en qué sentido?

—No se aplica la atención a la diversidad, no se aplica la educación inclusiva, ni el trabajar por proyectos... ¿Educación inclusiva cuando segregamos por la nota?

—¿Hablamos de la LOMLOE?

—De todas, desde que en el 2006 se implantó la LOE. Hay gente que lo ve en plan Barça-Madrid, pero no es así. La ley es bastante buena, lo que pasa es que no hay presupuesto ni formación en los profesores. Hay un sector entre los profesores que lleva 15 años boicoteando la ley por falta de formación sobre lo que es la ley sobre competencias.

—Y por el peso de la inercia...

—Sí, la inercia es lo único que pesa. Esta nueva ley se plantea con un plantel de profesores que no van a aplicarla.

—¿En qué se basa hoy sobre todo el sistema? Se ve un apremio feroz por etiquetar a los niños («altas capacidades», «necesidades especiales»...) y que aprendan cuanto antes.

—Es un sistema basado en la selección por exámenes memorísticos. Y no es que yo esté en contra de la memoria, que es importante. Ahora, que solo sea esta la competencia para seleccionar, ¡no!

—¿Qué tiene de bueno poner un 10 por sistema? ¿No le resta valor al 10?

—No es por sistema. Yo no lo pongo hasta que hay una cantidad grande de trabajos y actividades del alumno. Hay muchos momentos diarios en que no ponemos dieces y deberíamos ponerlos. La demostración del saber hacer no se produce en un examen en un día a una hora, es algo que se observa en el día a día, en clase. El examen no es el único elemento para evaluar al alumno, es solo un complemento. A veces parece que en España estamos a favor del fracaso escolar, parece que quieren que haya todavía más. La ley no permite poner un cero, ¡y hay profesores obsesionados por poner ceros a los alumnos!

—¿Qué puede mover a un profesor a querer ponerle un cero a alguien?

—Pensar que uno es bueno y que uno sabe, y sabe hacer, solo a través de un estudio de 24 horas, que implique sábados, domingos... De lo de «la letra con sangre entra» ahora hemos pasado a «la letra con nota entra». Y la letra solo entra así en unos pocos. Esos que lo han logrado quieren perpetuar ese sistema. Y con esto estamos dejando de lado a gente que es muy buena.

—¿Por qué te sancionaron?

—Escribí ¿Negreros o docentes? La rebelión del 10 y me entrevistaron en el periódico local. En esa entrevista hablé de la educación en España, en general.  Y a partir de ahí vienen a por mí. ¡Un expediente de 2.500 páginas! Que ni Gürtel ni el procés... Dicen que los dieces que pongo son falsos, que son inmerecidos. Y no es así. Y además soy exigente con mis alumnos. 

—Señalan que tus dieces atentan «contra el derecho a una evaluación objetiva».

—¿Qué es una evaluación objetiva? Ellos no supieron contestarme a eso, no supieron contestar a ninguna de las preguntas que hice desde el punto de vista pedagógico, metodológico y objetivo. Es increíble que haya un expediente de tal calibre sin una sola denuncia. Trabajo dentro de la ley. ¿Qué pasa, tengo que evaluar a los padres, si son ellos los que les hacen el PowerPoint o una maqueta? ¿Y qué pasa con los chicos que no tienen ese respaldo?

—¿Tus alumnos necesitan «refuerzo educativo», que está ahora tan en boga?

—Nada. La hora que estoy con ellos es la hora que trabajamos y lo que yo puedo valorar. Una vez que salen fuera, entran en juego las desigualdades.

—¿Cómo son tus clases?

—Una hora de clase conmigo es estar haciendo cosas, que ellos preparen textos, traduzcan, que hagan vídeos...

—¿Cuesta que presten atención?

—Al revés. Tengo total autoridad en clase. En mis clases no existe lo de gritar. Y conmigo no tienen necesidad de copiar. Se falla, porque esto no es un problema, se corrige y se aprende.

—¿Sin la presión de la nota, la gente aprende más y mejor?

—Yo lo tengo clarísimo. Lo he comprobado durante diez años. Y es mejor que todos avancen a que avancen cuatro.

—¿Todos somos de diez?

—Todos los alumnos son de 10, pero mis dieces son todos diferentes. ¿Y por qué son todos de 10? Porque estamos en enseñanzas básicas, que no son doctorados.

—Pero hoy hasta la escuela infantil tiene aires universitarios...

—Sí. ¡En la educación infantil ya están preparando la Ebau! Insisto, la ley no pone nada de todo eso, ¿dónde está en la ley, por ejemplo, que tengamos que poner deberes a diario? Mis alumnos progresan gracias a tener dieces. ¿Por qué? Porque en algún momento hicieron cosas muy bien. Los profesores estamos aquí para construir personas, no para destruirlas. Parece que a veces nos olvidamos.

—Pero ahí está la selectividad, que no perdona...

—Y es algo antipedagógico, parece mentira que siga en pie. El sistema está montado sobre una serie de competencias que la prueba para ir a la Universidad no evalúa. Es absurdo.

—Hoy tienen desde muy pequeños la presión de destacarse. Hay padres que no admiten menos de un 7...

—Y cuántos padres buscan los exámenes de Primaria por Internet... Esto me parece lamentable, y es la inercia. Pero yo no voy a entrar en esa inercia.

—¿Cómo valoras que se pueda pasar de curso con suspensos?

—Eso es así desde el 2006, no hay ninguna novedad.

—¿Cómo hacemos para evitar que sean los padres los que hacen los trabajos?

—Eso se arregla fácilmente, no mandando nada para casa. Puede ir más lento, pero el avance será más firme. Costará al principio, pero será mejor, significativo.

—¿No se enfadan los alumnos brillantes si les dan 10 a todos los demás?

—No. Puede haber alguno, y es más por sus padres... Pero saben que en mis clases se aprende y que cumplo lo que pide la ley.

—¿Son Filandia o Estonia el modelo de sistema educativo público?

—Tanto sobre Estonia como Finlandia prefiero no pronunciarme porque estas cuestiones hay que observarlas in situ y no tuve esa posibilidad. Sobre papel, me parece que va en la dirección correcta de no dejar a nadie en la cuneta. Pero sobre papel en España también desde hace 14 años. Lo que sí se sabe es que dichos países el porcentaje del presupuesto a la educación pública es muy superior al de aquí.