El Principado es además el territorio con la mayor tasa de suicidios por habitante
09 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Asturias está a la cabeza en el consumo de antidepresivos de todo el país, ocurre en general en las comunidades del noroeste, y son más las mujeres que los hombres a quienes se les rectea y quienes los consumen.
En concreto, y según los datos de la Encuesta de Salud de España, publicada por el Instituto Nacional de Estadístca (INE) con cifras correspondientes a 2023; Asturias aparece encabezando la tabla del conjunto del país en población que ha consumido antidepresivos en las dos últimas semanas, un porcentaje del 11% en la población total. La media del país es del 6,3%; las únicas cifras similares a las de Asturias son las de Galicia (con un 10%) y Canarias (9%) o La Rioja (8%).
Cuando se miran los datos por sexos las cifras cambian. En Asturias un 7% de los hombres toma antidepresivos, es también el porcentaje más alto del país pero sólo unas décimas por encima de Canarias, donde también se llega al 7%; en el caso de las muejeres, quienes más antidepresivos consumen son las gallegas, casi un 15% los tiene recetados, pero seguidas muy de cerca por las asturianas, que llegan al 14%; Murcia, Canarias o Baleares tienen también porcentajes altos de consumo entre mujeres pero rondando el 10%
A nivel nacional las diferencias por sexos son también muy acusadas, de media consumen antdepresivos un 4% de los varones españoles mientras que entre las mujeres el porcentaje se eleva al 8%
Algo pasa en Asturias, algo triste, porque es también la comunidad con una mayor tasa de suicidios (20 por cada 100.000 habitantes en el caso de los hombres, y 7 por cada 100.000 entre las mujeres). Los datos más recientes, aún provisionales para el año pasado cuentan 3.846 muertes por esta causa y de nuevo con una gran diferencia de género, los hombres serían 2.834 y mujeres 1.012. En Asturias la cifra total de suicidios sería de 114 (27 mujeres y 87 hombres).
La realidad del suicidio, como recuerdan los especialistas, es «multicausal y multifactorial», resultado de una compleja combinación de factores personales, sociales y económicos que convergen de manera distinta en cada caso.
El Teléfono de la Esperanza de Asturias recibió el pasado año 7.976 llamadas de ayuda, de las que unas 265 abordaban de forma «claramente suicida» situaciones de crisis, según sus propios registros. En lo que va de 2025, la entidad ya ha atendido más de 3.400 llamadas, y estima que unas 120 estaban directamente relacionadas con pensamientos o conductas suicidas. Estas cifras evidencian tanto la magnitud del problema como la necesidad de reforzar los recursos de atención y prevención en la comunidad.
Para la profesora Susana Al-Halabi, titular de la Universidad de Oviedo y especialista en el estudio del suicidio, existen varios factores que explican la elevada incidencia en el Principado. Entre ellos destaca la privación económica que aún afecta a determinadas zonas, especialmente tras el cierre de las minas, lo que ha dejado un legado de desempleo y precariedad. A esta situación se suman, con frecuencia, el aumento del consumo de alcohol y otras drogas —«claramente reconocidos en la literatura científica como factores de riesgo del suicidio»— y la aparición de conflictos familiares o personales asociados.
Al-Halabi también señala la dispersión poblacional como un elemento clave: la distancia entre núcleos rurales y la falta de accesibilidad a los recursos sociales y sanitarios dificultan tanto la detección del malestar como la prevención. Además, advierte de un aspecto cultural especialmente preocupante: «en determinadas zonas de Asturias se instaura una tradición en la que la muerte por suicidio se convierte en una forma de solucionar problemas». En muchos casos, concluye, quienes optan por esa vía lo hacen desde una percepción de que sus dificultades vitales son insuperables, reflejo de un dolor que se vive en silencio y en soledad.