Diego Courtade, asturiano que lucha contra la leucemia: «Si todo va bien, mi hermano será mi donante»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

El gijonés Diego Courtade padece leucemia
El gijonés Diego Courtade padece leucemia

Este vecino de Gijón cuenta cómo afronta esta enfermedad de la sangre y explica la importancia de la donación de la médula ósea. «Se trata de un simple pinchazo que permite salvar la vida de una persona», asegura

23 feb 2026 . Actualizado a las 09:16 h.

Los leucocitos son células del sistema inmunológico producidas en la médula ósea que defienden al organismo contra virus, bacterias y parásitos. Se desplazan a través de la sangre y el sistema linfático para cumplir su función de defensa. Estos diminutos «soldados» del cuerpo humano se renuevan constantemente. Cuando uno muere, otros nuevos nacen para reemplazarlo. En ocasiones, los conocidos también como glóbulos blancos proliferan en exceso. En algunos casos, este crecimiento descontrolado puede ser causado por la leucemia, una enfermedad contra la que el asturiano Diego Courtade lucha desde hace meses.

Este tipo de cáncer se presentó de manera muy sutil ante este vecino gijonés de 50 años. Se manifestó como una sensación de cansancio que Diego atribuyó inicialmente a su actividad diaria. «Me notaba más fatigado de lo normal pero pensaba que era por trabajar tanto», confiesa. Restó importancia al asunto, hasta que en una de sus analíticas rutinarias comenzaron a aparecer las primeras señales de alerta. «Me diagnosticaron anemia y la relacionaron con mi celiaquía, por lo que me pidieron hacer un nuevo análisis en seis meses», detalla. Así hizo. El reloj marcaba las ocho de la mañana de un 27 de agosto de 2025 cuando le extrajeron una muestra de sangre, sin imaginar que esta simple extracción cambiaría el rumbo de su vida.

«Me fui para casa y a las doce me estaban llamando para decirme que tenía que ingresar de urgencia porque habían detectado una anomalía en la sangre», cuenta. Para sorpresa de los médicos, el gijonés respondió que le resultaba «imposible» permanecer hospitalizado. «Les pedí que esperasen unos días para hacerlo porque primero tenía que organizarme, soy autónomo y no podía dejar de trabajar, pero me dijeron que no», relata este entrenador personal. Dada la insistencia del personal sanitario, comenzó realmente a preocuparse y en su cabeza empezó a pensar que se trataba de algo serio, así que decidió acudir de inmediato al hospital. 

Una vez en el hospital de Cabueñes, fue atendido de inmediato. «Me llevaron directamente con el médico y, en cuestión de diez minutos, ya estaba ingresado», asegura. Sin tiempo que perder, el personal sanitario le realizó todas las pruebas necesarias para determinar el origen de la alteración de sus glóbulos blancos. La punción lumbar que le hicieron al día siguiente confirmó que se trataba de leucemia linfoblástica. Un tipo de cáncer de la sangre y la médula ósea de rápido crecimiento, en el que el cuerpo produce un exceso de linfocitos inmaduros, lo que impide que funcionen correctamente y debilita el sistema inmunológico.

En el momento que recibió este diagnóstico, a Diego se le vino el mundo encima. Aunque supuso un duro golpe, como siempre se caracterizó por ser una persona positiva, se lo tomó como un reto personal y decidió afrontarlo con determinación y valentía. «Los médicos me comentaron que en cuatro o seis meses iba a recibir el trasplante y que, con eso, ya estaría. Así que me dije: “hay que tirar para adelante”», asegura el gijonés, a quien el hecho de saber que la leucemia que padece es «una de las más conocidas y estudiadas» le dio cierta tranquilidad y confianza para afrontar el proceso de tratamiento y posterior recuperación.

El personal del HUCA se hace cargo de su tratamiento

Como en el HUCA son especialistas en tratar este tipo de enfermedades de la sangre, los médicos de Cabueñes decidieron derivar su caso allí. Era viernes, 29 de agosto, cuando fue hospitalizado en el centro ovetense, donde permaneció casi tres semanas. «A partir de ese momento empecé las sesiones de quimioterapia. Pero, tras hacer el primer ciclo, los médicos decidieron suspender el tratamiento porque me provocó pancreatitis», detalla, antes de reconocer que, en consecuencia, sufrió una gran crisis emocional. «Me dio el bajón porque me dijeron que iba a tener que estar uno o dos años, cuando en un principio me habían dicho que como mucho iban a ser seis meses. Y, claro, ¿cómo iba a mantener mi negocio si no podía trabajar?», admite.

Su médula ósea queda limpia

A pesar del golpe emocional, su carácter positivo le ayudó a seguir adelante y centrarse en superar la enfermedad. «Me pusieron un tratamiento inmunológico que, a diferencia de la quimioterapia, solo ataca las células malas. Estuve 56 días con el inmunodepresor y me fue muy bien, porque eliminó toda la enfermedad de la médula ósea», relata Diego, destacando la diferencia en los efectos y la mejora que experimentó tras esta medicación. Al observar que la leucemia había remitido, los médicos valoraron la realización del trasplante. Con el apoyo de la Fundación Josep Carreras de Barcelona, el personal sanitario inició la búsqueda de donantes compatibles para reemplazar las células dañadas.

«Me encontraron un donante con un 90% de compatibilidad, pero justo ese 10% que faltaba era crucial, porque se trataba de un cromosoma familiar muy importante. Entonces, resultó que mi segundo hermano, aunque solo tiene un 50% de compatibilidad conmigo, cuenta con ese cromosoma esencial, por lo que, si todo va bien, será mi donante», asegura, confiando en que esta oportunidad le permita superar la enfermedad. Antes de someterse a este proceso que permite reemplazar la fábrica de células de la sangre del cuerpo , los médicos, por protocolo, decidieron volver a ponerle un nuevo ciclo de quimioterapia.

«Otra vez me tuvieron que suspender el tratamiento porque, en esta ocasión, la quimioterapia me paralizó los riñones. Ahora estoy pendiente de que me hagan una biopsia y demás pruebas para ver si está todo bien porque sino no me pueden hacer el trasplante», asegura el gijonés, quien permanece ingresado para someterse a todas las pruebas necesarias y que los médicos puedan determinar si ya está listo para recibir esas células madres sanas que permitirán sustituir su médula ósea dañada.

«La verdad que ya no sé que pensar porque cuando parece que avanzo, de repente se frena todo. Los médicos me animan pero claro a mi me habían dicho que el 10 de marzo me harían el trasplante y ahora no sé si podré», dice. No obstante, si todo sale como lo esperado, más pronto que tarde, Diego iniciará el proceso para trasplantar esas células madre que podrían devolverle la salud y la normalidad. «Entre que preparan mi cuerpo y se aseguran de que la médula no sea rechazada pasarán unas tres semanas», detalla el gijonés, quien se muestra relativamente tranquilo al saber que el trasplante será «rápido», ya que su donante es su hermano. «Hay mucha gente que al final se echa atrás porque le da miedo», lamenta, recordando que este «simple pinchazo» permite «salvar la vida de una persona». Por esta razón, anima a toda la población a ser donante.

Para ser donante de médula ósea es necesario tener entre 18 y 40 años y gozar de buena salud. Solo hay que registrarse en la Red de Donantes de Médula Ósea (REDMO) o en el banco de sangre y tejidos de la comunidad, donde se realiza un análisis de sangre o un hisopado bucal para determinar la compatibilidad. De esta manera, en caso de ser necesario, se puede ser llamado para ayudar a alguien que lo necesite. En el siguiente enlace se encuentra toda la información al respecto.

Una vez que reciba el trasplante, Diego pasará a hacer revisiones cada dos días. «Si todo va bien, terminaré el tratamiento más o menos para agosto o septiembre», detalla. Después, las revisiones se espaciarán a cada seis meses. Asegura que acudirá a estas citas con cierto miedo, porque «el trasplante tampoco garantiza que la enfermedad no pueda volver», por lo que está trabajando con un psicólogo para reducir su ansiedad y prepararse mentalmente. «Me está también ayudando a afrontar las semanas de aislamiento que tendré durante el trasplante, porque estaré encerrado en la habitación con muy pocas visitas y seguro que mi mente no dejará de pensar en ello todo el rato», admite, consciente de la importancia de cuidar su salud mental durante todo el proceso.

A pesar de las dificultades, este gijonés todavía guarda energía para transmitir palabras de aliento a quienes atraviesan situaciones parecidas o han recibido un diagnóstico que les cambiará la vida. «Hay que tirar para adelante y apoyarse en la gente que uno quiere porque, aunque se crea que no, se necesita ayuda; afrontar esto solo es jodido», confiesa. Mientras continúa centrado en su recuperación y a la espera del trasplante, Diego continuará utilizando sus redes sociales para contar cómo evoluciona su proceso y compartir cada avance, con el objetivo de dar visibilidad a su enfermedad y acompañar a quienes están pasando por lo mismo.