Elías Delgado, endocrino: «Una persona con obesidad no es vaga, no se mueve poco ni solo piensa en comer»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

El endocrino Elías Delgado es catedrático del Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo y jefe de la sección de Diabetes del HUCA
El endocrino Elías Delgado es catedrático del Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo y jefe de la sección de Diabetes del HUCA

El médico especializado en metabolismo señala las claves por las que han aumentado las tasas de obesidad en nuestro país y ofrece pautas para prevenir esta enfermedad que supone un grave riesgo para la salud

17 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La obesidad es considerada por la Organización Mundial de la Salud como una epidemia mundial, debido a que su prevalencia ha aumentado de manera alarmante en las últimas décadas en prácticamente todos los países, afectando a millones de personas. Según los últimos datos de la Encuesta Nutricional de la Población Española, el 25,7% de los asturianos presenta una acumulación excesiva y anormal de grasa corporal, cifra que se sitúa por encima de la media nacional. Ante este preocupante panorama, el endocrino Elías Delgado, catedrático del Departamento de Medicina de la Universidad y jefe de la sección de Diabetes del HUCA, explica sus causas y ofrece pautas para prevenirla, dado que «es mucho más eficaz prevenir que tratar» esta enfermedad, que representa un grave riesgo para la salud.

—La prevalencia de la obesidad sigue en aumento, ¿qué está fallando?

—Tenemos una sociedad que cada vez se mueve menos y que vive en la abundancia. Esto hace claramente que aumente la prevalencia de la obesidad. Existe una teoría de carácter antropológico que ayuda a entenderlo. En los primeros tiempos de la humanidad, cuando los homínidos vivían en entornos con abundancia de alimentos, existían hormonas intestinales que enviaban señales al cerebro para regular la saciedad. Así, aunque hubiera comida, no se comía en exceso. Luego llegó el periodo cuaternario, la Edad de Hielo, cuando los alimentos escaseaban. Sobrevivían aquellos individuos que tenían niveles bajos de hormonas de la saciedad, ya que podían comer grandes cantidades cuando tenían oportunidad y almacenar energía para períodos sin comida. Con el paso del tiempo, volvió la abundancia de alimentos y hoy vivimos en un entorno de exceso, con supermercados llenos y acceso constante a comida. Esa evolución de nuestra especie hacia niveles reducidos de hormonas de saciedad, combinada con la abundancia actual, hace que muchas personas coman más de lo necesario y nunca se sientan completamente saciadas. En resumen, podemos decir que somos animales preparados para sobrevivir al hambre, pero ahora vivimos en un ambiente de exceso, lo que explica, al menos parcialmente, la alta prevalencia de obesidad. Esta teoría no está científicamente demostrada, pero puede ofrecer una visión interesante de la realidad.

—El entorno y la genética son, por tanto, factores determinantes en el desarrollo de la obesidad...

—Sí. Tenemos que erradicar el estigma de que una persona con obesidad es vaga, se mueve poco o solo piensa en comer. Es cierto que en algunos casos puede haber un componente de ese tipo, pero también existen factores genéticos y epigenéticos relacionados con la evolución humana que hacen que a muchas personas les resulte extremadamente difícil evitar la obesidad.

—La obesidad es una enfermedad que debería de preocupar por los problemas que acarrea en la salud

—Sí, exacto. La obesidad no es algo baladí ni una cuestión estética. Una persona con obesidad enfrenta una serie de complicaciones que afectan tanto la calidad como la cantidad de su vida. Entre ellas se incluyen enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, infartos, problemas respiratorios, alteraciones articulares y un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer. Todo esto reduce su esperanza de vida. Debemos entender que la obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por un exceso de grasa en zonas del cuerpo donde fisiológicamente no debería acumularse. Por ejemplo, en el corazón, el exceso de grasa se deposita alrededor del órgano e incluso dentro del músculo cardíaco, lo que compromete su funcionamiento y puede conducir a insuficiencia cardíaca. El concepto es fundamental: la alta prevalencia de la obesidad y su etiología son multifactoriales. No se trata de personas vagas que no se mueven y solo piensan en comer, sino que intervienen factores hereditarios, genéticos, epigenéticos y evolutivos. Para algunas personas, mantener un peso saludable es extremadamente difícil o incluso prácticamente imposible.

—¿Ese componente genético es el que hace que algunas personas ganen peso con facilidad y otras no?

—Exactamente, y esto también lo sabemos. Si pones a dos personas en la misma habitación y les das exactamente la misma cantidad de comida, una puede mantener su peso mientras que la otra engorda. Se suele decir que una persona tiene el metabolismo más acelerado, que necesita menos energía o quema más calorías que la otra. Sin embargo, la ciencia aún no ha logrado explicar completamente los mecanismos intrínsecos que determinan estas diferencias en el gasto energético.

«Para algunas personas, mantener un peso saludable es extremadamente difícil o incluso prácticamente imposible»

—¿Cómo se puede combatir la obesidad?

—Hasta ahora había mucha ignorancia sobre este tema y muy pocas herramientas terapéuticas disponibles. Durante mucho tiempo solo contábamos, por un lado, con la dieta, el ejercicio y las terapias conductuales, que todos los que llevamos tiempo en este ámbito sabemos que eran muy poco eficaces. Muy pocas personas conseguían reducir su peso de manera significativa. Por otro lado, estaba la cirugía bariátrica, que lleva años demostrando su efectividad. Esta intervención permite reducciones de peso del orden del 30%, que se mantienen entre un 20-30% incluso más de 20 años después de la operación. Además, resuelve muchas de las complicaciones asociadas a la obesidad: la diabetes puede desaparecer, la función cardíaca mejora, las articulaciones se alivian, entre otros beneficios. El verdadero cambio llegó con el desarrollo de herramientas terapéuticas basadas en hormonas saciantes provenientes del intestino. Antes, se pensaba que la regulación del hambre dependía exclusivamente del hipotálamo, por lo que se buscaban fármacos que actuaran sobre el cerebro. Sin embargo, estos tratamientos fueron poco eficaces y presentaban efectos secundarios. Por eso, la revolución comenzó con los fármacos que actúan sobre el GLP-1, una hormona intestinal que envía señales al cerebro indicando saciedad, reduciendo la necesidad de comer. Estos medicamentos han logrando reducciones de peso del 20-25%.

—¿Cuándo se recomienda el uso de estos medicamentos para adelgazar?

—Estos medicamentos siempre deben administrarse bajo control médico, preferiblemente por un especialista en obesidad o endocrinología, que pueda realizar una valoración global de la persona. No se deben utilizar como una medida estética, porque son tratamientos de vida, ya que no solo reducen peso, sino que también disminuyen eventos cardiovasculares. Por lo tanto, estos tratamientos deben indicarse únicamente cuando un profesional sanitario capacitado y especialista en patologías metabólicas lo considere apropiado. No se pueden automedicar ni usar con fines estéticos, como preparar el cuerpo para el verano, ya que, como cualquier fármaco, tienen riesgos y posibles complicaciones que deben conocerse y controlarse.

—¿Cuáles son esos riesgos?

—El primer efecto a considerar es el gastrointestinal. Estos fármacos pueden retrasar ligeramente el vaciamiento gástrico y modificar los hábitos intestinales. Si la dosificación no se realiza de manera adecuada, pueden aparecer diarrea, vómitos u otros malestares gastrointestinales. Un profesional experimentado en el manejo de estos fármacos sabe aplicar estrategias para mejorar la tolerancia, como aumentar la dosis de manera gradual y ajustar los hábitos alimenticios para minimizar estos efectos. El segundo efecto es la pérdida de peso, que incluye tanto grasa como masa muscular. Es importante minimizar la pérdida de músculo, ya que esto puede tener complicaciones. Por ello, el tratamiento farmacológico debe integrarse en un programa completo para personas con obesidad, que combine hábitos dietéticos, actividad física y, especialmente, ejercicios de resistencia, de modo que la pérdida de peso sea principalmente de grasa. El tercer aspecto a tener en cuenta es que estos fármacos funcionan mientras se usan. Al suspenderlos, lo más habitual es que se recupere peso de manera progresiva, por lo que es necesario planificar una desescalada adecuada para evitar el efecto rebote.

«Los medicamentos adelgazantes no se puede utilizar como una medida estética»

—Una de las soluciones a la obesidad es la cirugía bariátrica. ¿En qué caso se recomienda someterse a esta operación?

—La cirugía bariátrica se indica principalmente en personas con obesidad mórbida, es decir, con un índice de masa corporal (IMC) superior a 40, o con un IMC superior a 35 acompañado de múltiples complicaciones, como enfermedades cardiovasculares, entre otras. Lo que ocurre hoy en día es que, gracias a los nuevos fármacos, algunas personas que estaban en lista de espera para la cirugía pueden recibir tratamiento farmacológico y perder entre 20 y 30 kilos. En muchos casos, esta reducción de peso mejora su estado de salud lo suficiente como para que la cirugía ya no sea necesaria.

—Dado que las tasas de sobrepeso también son elevadas, ¿deberíamos enfocar esfuerzos en este grupo para prevenir que desarrollen obesidad?

—El sobrepeso es la antesala de la obesidad, y ahí es donde debemos tomar conciencia de que esta última es una enfermedad crónica. Por ello, lo fundamental es prevenirla, ya que somos mucho más eficaces evitando la enfermedad que tratándola una vez instaurada Esto es especialmente importante en la juventud y la adolescencia, fomentando hábitos físicos como el deporte y hábitos alimenticios que prevengan la aparición de la obesidad en quienes aún pueden lograrlo. En este esfuerzo están implicados la familia en primer lugar, los profesores, la sociedad en general y los responsables políticos, para garantizar el acceso a instalaciones deportivas, parques para pasear y un entorno que favorezca hábitos saludables, como usar el coche solo cuando sea imprescindible y desplazarse caminando siempre que sea posible. Existen ejemplos claros. En países como Holanda, donde se utiliza mucho la bicicleta, las tasas de obesidad son notablemente más bajas que en aquellos donde predomina el uso del coche. Esto refleja que la actividad física diaria es clave para prevenir la obesidad. Promover más carriles bici y reducir el uso del automóvil sería una medida altamente eficaz para disminuir la prevalencia de esta enfermedad.

—¿Cuáles son los errores más comunes al intentar adelgazar?

—Uno de los principales errores es pensar que basta con hacer una dieta durante un par de meses y luego volver a los hábitos anteriores. Adelgazar requiere un cambio completo de estilo de vida, implementando hábitos que sean sostenibles y duraderos en el tiempo. Estos cambios pueden realizarse con o sin apoyo farmacológico, según lo indique un profesional sanitario especializado en el manejo de la obesidad.

«Promover más carriles bici y reducir el uso del automóvil sería una medida altamente eficaz para disminuir la prevalencia de la obesidad»

—¿Qué alimentos ayudan más a generar sensación de saciedad?

—Los alimentos más saciantes son, generalmente, aquellos que contienen mayor cantidad de grasa saludable, ya que proporcionan sensación de plenitud durante más tiempo.

—¿Cómo ves el futuro de la obesidad? ¿Crees que se llegarán a reducir las tasas?

—Estamos en un momento completamente revolucionario. Ya hay algunas estadísticas en Estados Unidos que muestran una ligera disminución en la prevalencia de obesidad, gracias a estos nuevos fármacos que pueden transformar de manera significativa la vida de las personas con obesidad. Soy optimista al respecto, pero siempre hay que enfocarlo como una «operación salud» y no una operación estética tipo «operación bikini».

—¿Qué le dirías a alguien que lleva años intentando perder peso pero no lo consigue?

—Les diría que estamos en un momento en que eso puede cambiar. Lo primero es acercarse a un profesional sanitario. Los médicos de atención primaria están totalmente capacitados para abordar la obesidad y ofrecer un seguimiento adecuado. Próximamente se inaugurará en Asturias un protocolo asistencial específico para el manejo de la persona con obesidad, en el que los equipos de atención primaria —médico y enfermera— liderarán el tratamiento, tanto en prevención como en fases de obesidad ya instaurada. Por lo tanto, las personas deben acercarse a sus centros de salud y hablar abiertamente con sus médicos de atención primaria. Ellos proporcionarán los consejos necesarios sobre dieta y ejercicio y, cuando lo consideren oportuno, podrán indicar fármacos específicos. Esto puede marcar un antes y un después en el manejo de su obesidad.