La asturiana que trabaja en una prometedora terapia contra el cáncer: «Casi lloro de alegría al ver que los ratones respondían tan bien al tratamiento»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

La investigadora asturiana Myriam Fernández
La investigadora asturiana Myriam Fernández

La ovetense Myriam Fernández participa en el proyecto de investigación del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra que se encuentra ya en fase preclínica

08 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hacer que el cáncer desaparezca del organismo de una persona es uno de los principales objetivos de la medicina. Investigadores de todo el mundo trabajan incansablemente por encontrar una cura a esta enfermedad que cada año causa miles de muertes. Aunque se trata de un reto que exige tiempo, dedicación, esfuerzo y una elevada inversión económica, los avances en este campo ya comienzan a hacerse visibles. El más reciente se ha producido en España, donde un equipo multidisciplinar del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra ha desarrollado un tratamiento experimental que ha mostrado resultados muy prometedores en el abordaje de distintos tipos de tumores sólidos en modelos animales. En este proyecto de investigación, codirigido por el catedrático de medicina ya jubilado Jesús Prieto, participa Myriam Fernández Fernández (Oviedo, 1994). Graduada en Biología por la Universidad de Oviedo, con un máster de investigación Biomédica y doctorada, la asturiana lleva tres años aportando sus conocimientos para desarrollar esta terapia oncológica que abre la puerta a la esperanza. 

—¿Qué te llevó a dedicarte profesionalmente a la investigación contra el cáncer?

—Sin duda, mi padre. Cuando yo era pequeña le diagnosticaron cáncer de páncreas y fueron meses muy duros para toda la familia. Aquella experiencia me marcó profundamente y despertó en mí el deseo de dedicarme intentar ayudar a otras personas en situaciones similares. Al principio quería hacer medicina, pero luego me di cuenta de que en realidad lo que yo quería era dedicarme a la investigación del cáncer.

—Actualmente participas en el desarrollo de un prometedor tratamiento experimental contra el cáncer ¿Qué significa para ti estar involucrada en un proyecto de tal calibre?

—Para mí es una gran responsabilidad, pero también un privilegio enorme. A nivel profesional, formar parte de un proyecto así significa estar trabajando en algo que realmente puede marcar la diferencia en la vida de muchas personas. Es ilusionante pero también te mantiene muy consciente de la importancia de mi trabajo. Además, después de mi experiencia personal, tiene un significado todavía más especial. Siento que, de alguna manera, todo ese camino me ha traído hasta aquí. Poder poner mi pequeño granito de arena en el desarrollo de nuevas opciones de tratamiento es lo que da sentido a todo el esfuerzo diario.

—¿Cuál es exactamente tu función dentro del equipo de investigación?

—La verdad es que mi función es hacer un poco de todo, ya que es un trabajo bastante variado y eso es precisamente lo que más me gusta. Participo tanto en la parte experimental como en la organización y análisis de resultados. Esta variedad hace que ningún día sea exactamente igual y me permite tener una visión bastante completa del proceso. Al final es un trabajo muy dinámico en el que estás continuamente aprendiendo.

El investigador asturiano, Jesús Prieto, junto con los científicosdel grupo de Evasión Tumoral y Nuevas Dianas del Cima
El investigador asturiano, Jesús Prieto, junto con los científicosdel grupo de Evasión Tumoral y Nuevas Dianas del Cima

—¿Has hecho alguna aportación que haya sido clave para el desarrollo de este tratamiento?

—Creo que en este trabajo es difícil hablar de aportaciones individuales, porque el proyecto es un trabajo colaborativo y cada avance es el resultado del esfuerzo de todo el equipo. Más que una aportación concreta, diría que mi papel ha sido sumar desde diferentes frentes y prestar ayuda cuando el equipo lo necesitaba. Al final, lo importante es que entre todos diéramos los pasos necesarios para el desarrollo de este tratamiento.

—¿Cómo gestionas la presión o la responsabilidad de trabajar en algo que tendrá tanto impacto en la sociedad?

—La verdad es que trabajo mejor cuando estoy bajo presión ya que me mantiene más concentrada y enfocada en cada detalle. Sé que es una gran responsabilidad, pero lo veo como algo positivo ya que me obliga a dar lo mejor de mí. Es verdad que hay días muy largos, de muchas horas en el laboratorio donde la presión es muy alta y el cansancio pesa. Pero cuando paras a pensar que ese experimento en concreto puede cambiar la vida de muchas personas, todo cobra sentido y compensa.

—Si todo va bien, el año que viene empezaran los ensayos clínicos de este tratamiento. ¿Qué sientes al saber que, más pronto que tarde, se va a poder administrar en humanos, después de tantos años de investigación?

—Es una mezcla entre ilusión y emoción enorme. Después de tanto tiempo y tantas horas en el laboratorio, es muy gratificante ver que todo ese esfuerzo se puede traducir en una esperanza real para los pacientes y sus familias.

—¿Cuál fue tu reacción al saber que la combinación de la radioterapia y la terapia génica funcionaba en modelos animales? ¿Qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza?

—La primera vez que vimos que los ratones respondían tan bien al tratamiento casi lloro de alegría. Fue un momento muy emotivo ya que todo el trabajo, las largas jornadas en el laboratorio y cada pequeño avance cobraban un sentido enorme. Sentí que estábamos un paso más cerca de poder ofrecer algo realmente útil a los pacientes. En mi caso personal, no podía pensar en otra cosa que no fuera mi padre y en cómo estaba cumpliendo la promesa que me hice a mí misma.

—¿Cuales son los resultados que esperas de la administración de este tratamientos en pacientes con cáncer?

—Mi gran deseo es que los resultados que vimos en los modelos animales se reproduzcan en los pacientes. Espero que el tratamiento sea tan eficaz y se pueda controlar la enfermedad, aportando una mejora real en la calidad de vida de los pacientes.

—¿Crees que algún día se logrará erradicar el cáncer?

—Ojalá. Es difícil hablar de erradicar el cáncer ya que es una enfermedad muy heterogénea. Pero somos muchos los que estamos trabajando en ello desde diferentes puntos de vista, ya sea para mejorar los tratamientos o para detectar antes la enfermedad. No sé si desaparecerá por completo, pero si tengo la esperanza de llegar a un punto en el que la palabra cáncer no sea sinónimo de miedo.

—¿Qué consejo le darías a aquellos jóvenes que quieren dedicarse a la ciencia?

—Les diría que la ciencia requiere mucho esfuerzo y dedicación. Es un campo donde muchas veces los resultados no llegan de inmediato, por lo que hay que tener paciencia. Dedicarse a la ciencia es un camino largo, pero ver como algo que tú has desarrollado puede salvar a la gente es increíblemente gratificante.

—¿Y qué mensaje te gustaría trasladar a la sociedad, especialmente a los pacientes oncológicos?

—Me gustaría decirles que, aunque el camino sea largo y difícil, no pierdan la esperanza. Quiero que sepan que cada día somos muchos los que buscamos más motivos para confiar en que pueden luchar y ganar esta batalla.