El oso pardo, en plena reconquista de la Cordillera Cantábrica: «No se puede todavía garantizar la viabilidad de la especie»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

Una osa y tres oseznos en la Cordillera Cantábrica
Una osa y tres oseznos en la Cordillera Cantábrica FUNDACION OSO PARDO

Los avances logrados en las últimas décadas evidencian la eficacia de las medidas de conservación, pero también la necesidad de mantenerlas en el tiempo

15 abr 2026 . Actualizado a las 09:20 h.

Cuando un animal se encuentra en peligro de extinción es porque realmente existe un gran riesgo de que desaparezca por completo de la tierra. En esta crítica situación se encuentra el oso pardo. La supervivencia de este gran mamífero, que puede alcanzar hasta dos metros de altura y pesar alrededor de 300 kilogramos, lleva años gravemente amenazada, sobre todo, por la destrucción de su hábitat y la caza furtiva. Sin embargo, gracias a las políticas de conservación, esta especie se está recuperando tras haber llegado, en la década de los 90, a contar únicamente con unas pocas decenas de parejas reproductoras. Poco a poco, vuelve a reconquistar el territorio asturiano que durante siglos habitó e incluso comienza a extenderse a zonas en las que no se había asentado anteriormente.

El actual panorama abre una puerta a la esperanza. Son claros los signos de recuperación de esta especie, de gran valor simbólico y cultural en la Cordillera Cantábrica. Pero, aunque se observa una tendencia al alza de la población de plantígrados, el director de la Fundación Oso Asturias considera necesario ser «cautos» a la hora de hablar de recolonización. «Seguimos teniendo un número muy reducido de ejemplares como para garantizar la viabilidad a largo plazo. Además, solo hay unas decenas de individuos maduros con potencial reproductor y siguen existiendo dos núcleos reproductores bien diferenciados», asegura José Tuñón Huerta. Por estas razones, y mientras no se mejoren y consoliden estos parámetros, es probable que el oso pardo cantábrico siga en peligro de extinción.

Una familia de osos pardos en la parte leonesa de la sierra de Os Ancares. La especie está presente desde hace años en esta zona y en la sierra de O Courel
Una familia de osos pardos en la parte leonesa de la sierra de Os Ancares. La especie está presente desde hace años en esta zona y en la sierra de O Courel FUNDACION OSO PARDO

La población de oso pardo en la cadena montañosa que se sitúa al norte de la península ibérica ha aumentado notablemente en los últimos años. El censo pasó de 50 a 370 ejemplares en poco más de un cuarto de siglo. Según la última estima realizada por las comunidades autónomas en colaboración con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) hay 250 individuos en la zona occidental de la Cordillera Cantábrica, mientras que 120 habitan en la parte más oriental. De todos ellos, no se sabe a ciencia cierta cuántos están asentados en Asturias. «Es muy difícil determinar cuántos osos hay en nuestra región, ya que son animales que no entienden de límites autonómicos y sus territorios son de decenas de kilómetros cuadrados», dice el biólogo.

Aunque un oso puede estar hoy en el concejo de Cangas del Narcea, Somiedo, Ibias O Degaña y mañana deambulando en la vertiente leonesa, de acuerdo con los últimos datos del censo de población, en Asturias se encontraron 131 ejemplares. «Todos ellos en el núcleo occidental», detalla José Tuñón, antes de señalar que los lugares del Principado con mayor ocupación de esta especie son las del suroccidente. «Aunque también encontramos amplia presencia en concejos como Belmonte, Teverga, Quirós o Proaza», apunta el máximo responsable de la organización privada que centra sus esfuerzos en promover y ejecutar actividades orientadas a la preservación de este emblemático mamífero y su entorno natural.

OSO PARDO DE LA POBLACIÓN OCCIDENTAL CANTÁBRICA
OSO PARDO DE LA POBLACIÓN OCCIDENTAL CANTÁBRICA VALERIO PENTERIANI

Resulta también común encontrar plantígrados en aquellos puntos de la región donde históricamente apenas habían habitado. «Es cada vez más frecuente ver osos en zonas que tradicional han contado con escasa o nula presencia de la especie como puede ser el concejo de Lena, que es parte de los que conocemos como el corredor interpoblacional. Poco a poco, estas zonas van siendo recolonizadas incluso con presencia de osas con crías en el entorno de la autopista del Huerna», señala. Apunta también otras zonas del centro de Asturias como Grado u Oviedo. «Hay también registros de presencia en el noroccidente como Illano, Boal, Los Oscos e incluso algunos datos muy esporádicos en municipios costeros como Valdés, en su área sur», añade.

Asturias, una región clave para la recuperación de la especie

Si comparamos los últimos datos del censo, la comunidad que cuenta con mayor número de ejemplares y, además, con una distribución más amplia es Castilla y León. Asturias, por su parte, destaca por ser la segunda región donde predomina el oso pardo. «Además, algunos de sus enclaves fueron determinantes para conservar a los pocos individuos que quedaban a finales del siglo pasado», pone también de relieve el biólogo. En este sentido, explica que «muy probablemente» ello se deba a la orografía del terreno, que permitió mantener zonas del territorio muy poco alteradas, donde sobrevivieron estos animales, caracterizados por su denso pelaje, en los momentos más críticos de la población, gracias también a la calidad y continuidad de algunas áreas boscosas, que ofrecieron protección y alimento a los individuos.

El hecho de que actualmente pueda hablarse de la expansión del oso pardo se debe a su inclusión en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, en un momento en que la especie se encontraba al borde de la extinción como consecuencia del furtivimos y de la pérdida y fragmentación de su hábitat. Desde entonces, las administraciones y entidades de conservación han intensificado y coordinado sus esfuerzos para evitar su desaparición. «Sin lugar a dudas, las medidas que más han contribuido a la recuperación de la población han sido las de vigilancia y el control de la mortalidad por causa directa humana», asegura el director de Fundación Oso Asturias, asociación que ha participado activamente en proteger a estos animales.

«Han sido también muy importante aquellas relacionadas con la protección y restauración del hábitat como la creación de espacios naturales protegidos», asegura el biólogo, quien considera que estas acciones deben continuar siendo «el eje central» de la protección de la especie. «A pesar de que se ha restablecido la conexión entre dos núcleos poblaciones, debemos mejorar esta conectividad para asegurar la viabilidad de la población en largo plazo. Además, el crecimiento y la expansión de la población aumentará algunos riesgos para la especie como son los atropellos o la aparición de individuos en zonas más humanizadas que requerirá de reforzar las medidas de protección y vigilancia para reducir la mortalidad y los posibles problemas que se generen a las personas», precisa.

Un oso pardo
Un oso pardo Fundación Oso Pardo

No obstante, de acuerdo con las estadísticas, «el oso no supone un peligro para los humanos». «Si nos centramos en los datos, solo contamos con siete ataques de osos a personas en la cordillera cantábrica desde que hay registros, sin que ninguno de ellos se saldase con alguna víctima mortal, por fortuna», destaca. Aún así, conviene siempre tomar precauciones cuando estamos en una zona con presencia de la especie. En el siguiente artículo te explicamos cómo debes de actuar si te encuentras con algún ejemplar en el medio natural. Con el fin de evitar que haya conflictos derivados de la acción del oso en actividades humanas, según el experto asturiano, la medida de protección más eficaz es impedir el acceso al alimento. «Si hablamos de colmenas con pastores eléctricos, si hablamos de frutales recogiendo la fruta cuando madure y si hablamos de ganado, bien guardándolo o protegiéndolo, por ejemplo, con mastines», aconseja.

En este punto, el director de la Fundación Oso Asturias asegura que es compatible la presencia de plantígrados con la actividad ganadera. «Lo es y debe serlo», manifiesta, antes de recalcar una vez más que esta especie animal daña «principalmente» a las colmenas y en segundo lugar a los cultivos frutales. «Los daños a ganado no son tan abundantes, aunque se puedan producir, por supuesto», reconoce y resalta que «los osos de nuestra población tienen una dieta principalmente vegetariana y su consumo de carne se reduce mayoritariamente a carroña, algunos invertebrados, etc». «Es también importante discriminar bien cuando un daño es un ataque y cuando se trata de un comportamiento de carroñero, ya que podemos encontrar situaciones en las que un oso consuma de un animal doméstico que haya muerto previamente», explica.

La importancia de la educación social

Otras de las medidas de conversación que han resultado fundamentales para la recuperación de la especie en la Cordillera Cantábrica han sido las relacionadas con la educación ambiental y la sensibilización social. Estas actuaciones permitieron que el oso pasase de verse como «una alimaña» a convertirse en «un símbolo» de la región. No obstante, la importancia de su protección no ha calado de igual forma en toda la sociedad, lo que podría dar lugar a un cambio de tendencia en esta percepción.

Un oso pardo en Asturias
Un oso pardo en Asturias Fundacion Oso Pardo

En este sentido, el biólogo recuerda que la administración cuenta desde hace décadas con ayudas destinadas a la prevención y con un sistema de compensación de daños. «Es fundamental que este sistema sea ágil, eficaz y justo para ambas partes, ya que todo lo avanzado durante años puede verse comprometido si empeora la actitud de la población hacia el oso, especialmente en los entornos rurales», señala. Asimismo, considera imprescindible seguir avanzando en esta línea y perfeccionar los protocolos de actuación ante situaciones cada vez más frecuentes, como el acercamiento de ejemplares a núcleos habitados.

«Debemos escuchar a la ciencia para aplicar las medidas más eficaces que permitan reducir este tipo de situaciones y, al mismo tiempo, continuar educando y concienciando a la sociedad para mejorar la coexistencia», añade el experto, que también aboga por reforzar la regulación del turismo de observación del oso pardo. «En los últimos años se han producido episodios de masificación en algunos puntos de la región con el objetivo de observar a estos animales. Estas actividades deben llevarse a cabo siempre que no supongan un perjuicio ni para la especie, ni para las personas, ni para los vecinos de las zonas en las que se desarrollan», concluye.

En definitiva, el oso pardo cantábrico atraviesa una etapa de recuperación que invita al optimismo, aunque aún no exenta de riesgos. Los avances logrados en las últimas décadas evidencian la eficacia de las medidas de conservación, pero también la necesidad de mantenerlas en el tiempo. Solo la continuidad de estos esfuerzos permitirá garantizar la estabilidad futura de la especie en la Cordillera Cantábrica.