Adrián Díaz, enfermero y divulgador: «Un diabético puede comer un helado o una bolsa de regalices si sabe qué hacer después»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

El enfermero asturiano Adrián Díaz se ha convertido en un referente para los pacientes con diabetes
El enfermero asturiano Adrián Díaz se ha convertido en un referente para los pacientes con diabetes

Conocido en redes sociales como Donsacarino, este ovetense se ha convertido en un referente para pacientes de diabetes. En esta entrevista de La Voz de Asturias cuenta su experiencia, explica cómo convivir con esta enfermedad crónica y ofrece pautas para un buen manejo

08 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Al ovetense Adrián Díaz le diagnosticaron diabetes cuando tenía 15 años. Desde entonces, convive con esta enfermedad crónica que afecta a cómo el cuerpo transforma los alimentos en energía. Consciente de que para llevar una vida plena y sin complicaciones se requiere un manejo riguroso de una patología que es «de las más desgastantes que existen», este enfermero pediátrico del HUCA puso en marcha hace una década un proyecto divulgativo. Su objetivo es que los pacientes, «independientemente de la atención sanitaria que reciban», accedan a información fiable y práctica, además de que conecten con otros en su misma situación. Conocido en redes sociales como Donsacarino, donde acumula más de 200.000 seguidores, se ha convertido en un referente en este ámbito.

—¿Esperaba tener tanta repercusión hablando de diabetes?

—Aquí conviene hacer un pequeño inciso en esta evolución, porque el proyecto cumple en noviembre diez años y ha dado para mucho. Durante los primeros cinco o seis años, lo llevé prácticamente a pulso, con mucha constancia, una de mis principales características. Es cierto que, en un primer momento, me convertí en un referente a nivel nacional en temas de diabetes, algo que sigo siendo, pero aún no había alcanzado al público general. En aquel entonces, mi Instagram era muy conocido dentro del mundo de la diabetes y contábamos con una comunidad de más de 30.000 personas, hasta que decidí publicar un vídeo sobre los productos de la sección “caca” del Mercadona. Ese contenido se viralizó, algo que nunca me había ocurrido hasta entonces. Durante dos o tres semanas, comenzaron a llegar miles de personas cada día, pasando en ese periodo de 30.000 a 100.000 seguidores. A partir de ahí, entré en una nueva etapa en la que fui compaginando el contenido sobre diabetes con publicaciones relacionadas con supermercados y con la importancia de aprender a comprar y alimentarse de forma saludable, con el objetivo de concienciar a la población y evitar que acaben con 40 o 50 años con una diabetes.

—Para alguien que no sabe nada. ¿Qué es exactamente la diabetes?

—La teoría es muy sencilla de entender. La diabetes o diabetes mellitus es una patología endocrina caracterizada por una elevación de la glucemia en sangre por encima de los niveles considerados normales, es decir, una hiperglucemia. A partir de ahí comienza la complejidad, que aparece cuando se añade el tipo o «apellido» de la diabetes. Así, podemos hablar de la diabetes tipo 2, la más frecuente, ya que representa en torno al 90% de los casos. Se trata de una diabetes de carácter progresivo, asociada al desgaste del páncreas, vinculada a la edad y con una fuerte relación con la genética, así como con el sobrepeso y la obesidad, que en muchos casos se asocian a estilos de vida poco saludables, como una mala alimentación o el sedentarismo. Por otro lado, existe un colectivo importante de personas con diabetes tipo 1. En este caso, que es el mío, se trata de una enfermedad autoinmune, como el lupus, la celiaquía o el vitíligo. El sistema inmunitario, en concreto los linfocitos T, ataca a las células beta del páncreas, que son las encargadas de producir insulina. Esto provoca una dependencia absoluta de la insulina exógena para poder sobrevivir. Además, existen otros tipos, como la diabetes gestacional, que aparece por primera vez durante el embarazo, o formas menos frecuentes como la diabetes MODY o LADA. Más allá de su clasificación, lo realmente complejo de la diabetes no es su explicación teórica, sino su manejo, con distintos niveles de dificultad. El mayor grado de complejidad se da en la diabetes tipo 1, donde la persona actúa como su propio páncreas, tomando decisiones constantes sobre la insulina con herramientas que, en muchos casos, son menos precisas que el propio órgano. En la diabetes tipo 2, la complejidad puede ser menor en algunos casos, pero depende en gran medida de los cambios que la persona esté dispuesta a realizar en su estilo de vida. De hecho, una parte importante de los casos puede mejorar significativamente o entrar en remisión si se adoptan hábitos adecuados, como una alimentación equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico y el control del peso, entre otros factores.

—Saber manejar esta enfermedad es muy importante. ¿Qué es lo que primero que suele enseñar a los pacientes, tanto a menores como adultos?

—Depende del tipo de diabetes. En la diabetes tipo 2, que además suele aparecer en edades en las que cuesta más introducir cambios en los hábitos, el proceso es más progresivo. Un niño, por ejemplo, suele incorporar las modificaciones con mayor facilidad que un adulto. Por ello, en estos pacientes siempre recomiendo empezar de menos a más. Les doy pautas muy sencillas de poner en práctica para que puedan ir motivándose y avanzando poco a poco hacia cambios más complejos. Una de estas estrategias básicas sería reducir o eliminar el consumo de azúcar y productos azucarados, ofreciendo alternativas de edulcorantes más saludables si la persona desea mantener el sabor dulce en su dieta. También se pueden introducir cambios en la forma de cocinar, priorizando métodos como el horno, el vapor o la plancha frente a las frituras. Y, por último, aumentar la actividad física diaria, incorporando hábitos sencillos como caminar más, usar la bicicleta, subir escaleras o bajarse antes del transporte público. A partir de estas primeras pautas se pueden ir incorporando cambios más complejos de forma gradual. En el caso de la diabetes tipo 1, que suele darse en personas más jóvenes, la educación recae en gran medida en la familia y debe realizarse de forma mucho más intensiva y rápida. Se trata de un proceso contrarreloj, ya que todas las decisiones están vinculadas al tratamiento con insulina: desde su administración, el control de la glucemia capilar o la interpretación de los sistemas de monitorización continua, hasta el ajuste de la alimentación y el conteo de raciones. Es un abordaje mucho más complejo, aunque, por fortuna, este perfil de pacientes suele contar con más recursos y un seguimiento más estrecho para su formación y acompañamiento.

«La fibra es fundamental en la alimentación de una persona con diabetes»

—¿Cuáles son los errores más comunes a la hora de aprender a manejar esta enfermedad?

—En las personas con diabetes tipo 1 existen ciertos errores que no siempre se pueden evitar y que, en muchos casos, se aprenden a anticipar con la experiencia, ya que se trata de una enfermedad muy basada en la prueba y el error. Muchos de ellos están los relacionados con la tecnología. Las herramientas actuales para la diabetes tipo 1 incluyen los sistemas de monitorización continua de glucosa y las bombas de insulina. Estas tecnologías han supuesto un gran avance, pero no están exentas de fallos. En ocasiones, los sistemas de monitorización pueden no ser precisos, por lo que siempre es importante recordar que, ante cualquier duda sobre un valor, debe confirmarse con una glucemia capilar. También existen errores humanos. Uno de los más habituales, y que puede generar mucho miedo e incluso requerir asistencia urgente, ocurre cuando se confunden los tipos de insulina. En los tratamientos sin bomba se utiliza habitualmente una insulina basal, que actúa de forma mantenida durante todo el día, y una insulina rápida, que se emplea para las comidas o para corregir hiperglucemias.Es relativamente frecuente que una persona, por error, se administre insulina rápida en lugar de insulina basal, llegando incluso a inyectarse varias unidades de golpe. En ese momento aparece el miedo a una posible hipoglucemia en poco tiempo. Son situaciones que, aunque pueden ser muy angustiantes, forman parte del aprendizaje inicial. Con el tiempo y la experiencia, estos errores se van reduciendo hasta convertirse en algo anecdótico.

—¿Cuándo es recomendable que un niño empiece a manejar la enfermedad y cómo debería hacerlo?

—Lo que siempre recomiendo, antes de que el niño empiece a desenvolverse de forma más autónoma, es que participe en campamentos. Los campamentos de verano que organizan prácticamente todas las asociaciones de diabetes en España están especialmente pensados para perfiles jóvenes. Y son un entorno idóneo para el aprendizaje, porque los padres no están presentes y, gracias a la educación que reciben allí, los niños tienen que empezar a gestionarse por sí mismos. Al final, aunque a veces no se perciba, los niños son como esponjas y aprenden mucho más de lo que pensamos. Sin embargo, si se les limita en exceso, no pueden desarrollar esa autonomía. Por eso, los campamentos son un muy buen punto de partida: permiten que el niño se enfrente a una realidad en la que es él quien toma decisiones, con acompañamiento profesional. A partir de ahí, como ocurre siempre, cada niño es diferente. Hay quienes con 13 o 14 años son muy independientes y otros que, con 18, todavía necesitan el mismo nivel de apoyo. 

«Existen múltiples opciones para sustituir el azúcar y seguir disfrutando de ese sabor dulce»

—El azúcar es uno de los grandes enemigos de los pacientes con diabetes, pero ¿qué otros productos también son perjudiciales aunque no lo parezcan?

—Además del azúcar, hay otros ingredientes que en muchas ocasiones están presentes en productos de supermercado y pasan desapercibidos. Por ejemplo, la maltodextrina, que aparece en alimentos como helados. Aunque no se clasifica como un azúcar, tiene un impacto glucémico, es decir, provoca una subida de la glucosa tan alta o incluso mayor que el propio azúcar. También están los almidones de maíz, muy habituales en productos destinados a personas con celiaquía. Estos almidones también pueden generar picos glucémicos muy elevados, comparables a los del azúcar. Son ciertos ingredientes que a menudo no se tienen en cuenta y que pueden influir significativamente más allá del azúcar, que sigue siendo el principal objetivo a reducir, sobre todo en el debut de la diabetes. Además, hoy en día existen buenas alternativas para sustituirlo, por lo que no es necesario recurrir a opciones poco útiles como la sacarina clásica que se ofrece habitualmente en cafeterías con el café.

—¿Cuáles serían esos alimentos o productos que se pueden convertir en grandes aliados?

—El mayor aliado de la diabetes es la fibra. A partir de ahí, sabemos que existen dos tipos principales: la fibra soluble y la fibra insoluble. La fibra soluble, especialmente relevante en la diabetes tipo 2, ayuda a mejorar el control del colesterol y a estabilizar los parámetros glucémicos en general. Contribuye a un mejor manejo de la enfermedad y se encuentra, por ejemplo, en las legumbres, la fruta o en sustancias como la goma xantana. Por otro lado, la fibra insoluble está presente en los cereales integrales y en las verduras. Su principal función es favorecer el tránsito intestinal, ayudando a combatir el estreñimiento y reduciendo el riesgo de ciertos cánceres gastrointestinales, como el cáncer de colon. En conjunto, la fibra aporta beneficios muy importantes, pero además, en el caso de la diabetes, desempeña un papel clave en la gestión de la glucemia. No solo aumenta la sensación de saciedad, lo que puede ayudar a controlar la ingesta y favorecer la pérdida de peso, sino que también contribuye a reducir los picos glucémicos. Esto se debe a que ralentiza la absorción de los nutrientes a nivel gastrointestinal, evitando subidas tan bruscas de glucosa tras las comidas. Por todo ello, la fibra es fundamental en la alimentación de una persona con diabetes. En cuanto a la sustitución del azúcar, existen diversas alternativas edulcorantes. Entre ellas, el xilitol, muy útil en repostería por su bajo impacto glucémico y su menor aporte calórico respecto al azúcar. Para un uso más cotidiano, como en yogures o café, se puede recurrir al eritritol. También destaca la alulosa, actualmente en proceso de mayor implantación en Europa, así como edulcorantes intensivos como los derivados de la stevia.En definitiva, existen múltiples opciones para sustituir el azúcar y seguir disfrutando de ese sabor dulce con un menor impacto glucémico. Lo importante es que el paciente conozca estas alternativas y sepa que siempre hay opciones más saludables. La clave luego está en saber elegirlas.

«No siempre se desarolla diabetes por comer mucho dulce»

—¿Más consejos sobre alimentación?

—Es fundamental contar con unos conocimientos básicos para interpretar correctamente las etiquetas nutricionales de los productos del supermercado. Por ejemplo, en el caso de la diabetes, conviene priorizar aquellos productos que contengan menos de 5 gramos de azúcares por cada 100 gramos, especialmente si se trata de azúcares añadidos. Es importante distinguirlos de los azúcares presentes de forma natural, como los de la leche o la fruta. También hay otros parámetros relevantes. En el caso de la sal, se recomienda optar por productos con menos de 1 gramo por cada 100 gramos. En cuanto a las grasas saturadas, lo ideal es que se sitúen por debajo de los 5 gramos por cada 100 gramos. Por el contrario, en el caso de la fibra, interesa elegir productos con un contenido elevado, por ejemplo, por encima de los 10 o 15 gramos por cada 100 gramos. A este respecto, es clave no dejarse llevar por los mensajes publicitarios del envase. Muchas veces encontramos productos que se anuncian como «altos en fibra» o «con stevia», cuando en realidad contienen cantidades mínimas de estos ingredientes. Por ello, es importante no fijarse únicamente en el envoltorio o en los reclamos comerciales, sino en la información nutricional real. Además, conviene prestar atención a los ingredientes. Será siempre más saludable un aceite de oliva virgen extra que un aceite refinado de girasol, y algunos aditivos, como los carragenanos o determinadas gomas, pueden resultar problemáticos para personas con sensibilidad gastrointestinal. En definitiva, estas son algunas claves básicas dentro de un ámbito tan amplio y complejo como el de la diabetes, donde, además, la industria alimentaria puede contribuir a generar confusión en el consumidor.

—Cuidando la alimentación y haciendo ejercicio de manera regular la mayoría de los pacientes pueden entonces llevar una vida normal.

—Sí. El problema que tiene la diabetes es que se asocia a un porrón de complicaciones crónicas. Esto quiere decir que, una vez que aparecen, ya no hay vuelta atrás. Una persona con diabetes tipo 2, cuando se diagnostica, ya viene de una alteración glucémica durante seguramente unos cuantos años, y así puede seguir durante una etapa larga. El problema es que, muy probablemente, esa persona, a los pocos años, comience con una retinopatía diabética, a tener problemas en el riñón o incluso empiece a perder cierta sensibilidad en las extremidades inferiores, lo que se llama una neuropatía periférica. Entonces, claro, eso es a lo que debemos evitar llegar. Y eso solo lo evitamos llevando una alimentación correcta, haciendo ejercicio físico, dándole mucha importancia al ejercicio de fuerza e intentando mantener un peso saludable. Después sabemos que hay un porcentaje de gente, vamos a decir, con «mala suerte». Ya no solo los tipo 1, como yo, sino también personas con diabetes tipo 2, de perfil saludable, que debutan con una diabetes a edades tempranas. Aquí es donde entra en juego la genética. Este tipo de perfiles, por lo general, una vez se diagnostica la diabetes, la llevan mucho mejor, porque al final es cuestión de cuatro cambios, poner alguna pequeña ayuda farmacológica y con eso lo tenemos bastante controlado.

«Si haces las cosas medianamente bien, vas a poder evitar las complicaciones de la diabetes durante muchas y muchas décadas»

—¿Qué mitos en torno a esta enfermedad le desespera seguir escuchando?

—Es cierto que el sobrepeso y la obesidad están muy presentes en los pacientes de diabetes, pero tampoco hay que establecer un absolutismo en relación con ellos. Como te comentaba, hay muchas personas en las que, por desgracia, la genética manda y tiene un peso mucho más grande que el resto de factores. Por ejemplo, uno de los mitos clásicos en los pacientes que tienen diabetes tipo 1, como yo, es decir que han desarrollado la enfermedad por comer mucho dulce. Pero, por desgracia, la diabetes tipo 1 tiene un escenario completamente diferente, en el que la persona no puede hacer absolutamente nada para evitarlo. Al final, es una activación del cuerpo donde tenemos, por un lado, la genética y, por otro, un desencadenante. Yo siempre lo explico así: la genética sería como la dinamita y el desencadenante sería la mecha. La mecha es lo que hace detonar la dinamita y provoca que aparezca la diabetes. Y aquí se habla de virus, de déficit de vitamina D, de microbiota, de mil factores diferentes. Entonces, la diabetes tipo 1 no aparece por comer muchos dulces. Y la diabetes tipo 2 tampoco implica que, si un día te apetece comerte un helado, no puedas hacerlo. No pasa absolutamente nada. Lo importante es saber qué tienes que hacer. Esto se lo digo mucho a los adolescentes. Si sales con tus colegas y van al kiosco y se compran una bolsa de regalices, tú no vas a ser menos. Si te apetece, cómpratela, pero sabiendo qué tienes que hacer para comerte esa bolsa de regalices y que no haya problemas. Este tipo de mensajes son muy importantes para evitar ciertas conductas que no nos interesan en estas etapas de la vida, como pueden ser la omisión de bolos de insulina, comer a escondidas o incluso desarrollar trastornos de la conducta alimentaria. Esos pueden ser algunos de los mitos típicos. Hay otros que quizá no me molestan tanto, pero que mucha gente cree, como que la insulina engorda. Evidentemente, la insulina no tiene ningún efecto secundario relacionado con el aumento de peso. El único efecto secundario que puede tener la insulina es una hipoglucemia si te pasas con la dosis.

—Por último, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a los pacientes de diabetes?

—A los que tienen diabetes tipo 1 les diría que, al final, esto es un maratón, no una carrera de fondo. Muchas veces, cuando se diagnostica, la gente piensa que ya tiene que saberlo todo y que todo tiene que estar perfecto, pero no. Siempre les digo que no se obsesionen, que van a tener sus meses de aprendizaje y que la diabetes aprieta, pero no ahoga. Lo importante no es estar perfectamente controlado en estos primeros seis meses, lo importante es cómo estés dentro de dos o tres años. Y también que no se obsesionen con la perfección, porque, por suerte, si haces las cosas medianamente bien, vas a poder evitar las complicaciones de la diabetes durante muchas y muchas décadas. Incluso, según la genética que tengas, puede que no desarrolles complicaciones asociadas a la diabetes. Entonces, no es necesario volverse loco, porque aquí hay una carga mental muy grande. No te vuelvas loco buscando la perfección y, por querer evitar un problema, acabes generando uno todavía mayor. Después, a la gente más adulta que debuta, sobre todo, con una diabetes tipo 2, lo que yo les diría es que se empoderen y que aprendan sobre ellos mismos. Y que no busquen, aunque sea triste decirlo, que el sistema les vaya a «salvar». Son ellos los que tienen que salvarse. Son ellos los que tienen que buscar referentes del campo de la diabetes y ser ellos quienes, poco a poco, se formen y vayan haciendo cambios. Porque, por desgracia, el volumen de personas es gigantesco. Estamos hablando de que en el mundo hay más de 500 millones de personas con diabetes tipo 2, es una barbaridad. Entonces, no hay ni recursos de tiempo ni recursos económicos para tratar a todos como nos gustaría tratarlos. Por eso, una persona adulta con diabetes tipo 2 tiene que ser ella quien tome las riendas de la enfermedad, porque, al final, el 90 % del manejo de la diabetes depende de la propia persona.