Cuando la inmigración no basta: el reto del envejecimiento crónico en Asturias

ASTURIAS

Un hombre camina por una calle de Oviedo
Un hombre camina por una calle de Oviedo Eloy Alonso / EFE | EFE

La rápida asimilación de los extranjeros a los patrones de baja natalidad neutraliza su potencial para transformar la pirámide poblacional, según un informe de Funcas

18 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

España está cerca, quizá haya llegado ya, a marcar una cifra histórica de población llegando a los 50 millones de habitantes, y lo ha hecho frente a otros países europeos muy aquejados por el declive demográfico apoyándose en los flujos migratorios. Sin embargo, este fenómeno de crecimiento también tiene límites y amplias diferencias territoriales. Así lo explica el informe de Funcas, «Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España», que apunta que la inmigración debe entenderse como un factor de «amortiguación», pero no como una «solución permanente» al reto demográfico y señala además que en lugar como Asturias esas limitaciones son más marcadas.

Las conclusiones generales del informe de la fundación advierten que la contribución de la inmigración es relevante pero «limitada», ya que, aunque alivia temporalmente los efectos del cambio demográfico, no resuelve sus causas de fondo. El estudio subraya que el potencial rejuvenecedor de la población extranjera encuentra dos límites: el envejecimiento natural de los inmigrantes instalados desde el año 2000 y un perfil de edad cada vez más maduro en las nuevas llegadas.

En el caso específico de Asturias, el informe la sitúa como una de las comunidades con mayor presión, señalando que la inmigración llega prioritariamente allí donde el reto del envejecimiento es menor, lo que deja a la comunidad con efectos de «atenuación» apenas intermedios. Es decir, los inmigrantes se instalan en las zonas de mayor concentración de población, es decir en las ciudades, en los núcleos urbanos del área central y, según el informe, no puede revertir el despoblamiento de concejos ya afectados por ese gran envejecimiento.

Para establecer este diagnóstico, el informe utiliza el denominado Índice de Envejecimiento, una métrica que calcula el peso relativo de las generaciones mayores frente a las más jóvenes dividiendo la población de 65 o más años entre la de 0 a 14 años. En este ránking de puntos, Asturias alcanza los 2,91, una cifra que ilustra que por cada menor de 15 años hay casi tres personas en edad de jubilación. Este dato contrasta drásticamente con la media nacional de 1,61 o con el 1,12 de la Región de Murcia, donde le peso de las cohortes jóvenes es mucho mayor. El informe destaca que en lugares como el Principado el envejecimiento es «estructural y acumulativo», y el efecto atenuador de la inmigración mínimo, lo que resulta insuficiente para modificar una estructura donde la llegada de extranjeros es definida como «marginal» en relación con la magnitud del desequilibrio.

Del mismo modo, el informe analiza la fecundidad mediante la Tasa Sintética de Fecundidad (TSF), que se expresa en puntos para representar el número promedio de hijos que tendría una mujer a lo largo de su vida si se mantuvieran los niveles de nacimientos de ese año. En Asturias, el comportamiento social ha desplazado la maternidad significativamente. Si bien las madres extranjeras sostienen una tasa superior —con 1.137 puntos frente a los 921 de las españolas en 2024—, este colectivo también está retrasando la edad de su primer hijo, situando su pico actual en los 30 años. Esta tendencia confirma que las extranjeras terminan adaptándose a un entorno socioeconómico que impone la postergación de la maternidad, lo que se refleja en la caída de la fecundidad para una mujer de 30 años en Asturias.

No obstante, los datos más recientes del INE ofrecen un contrapunto a la crisis de natalidad a través de la movilidad: Asturias ha vuelto a ganar población, y ya sucede en varios ejercicios consecutivos desde la pandemia, lo justo para mantener el millón de habitantes pese al dramático saldo vegetativo (la diferencia entre nacimientos y muertes) que arrastra Asturias desde finales de los 90 del siglo pasado.

Este crecimiento se sustenta en que la mayoría de los inmigrantes que residen en el Principado son jóvenes en edad de trabajar. El grupo más amplio se concentra en la cohorte de 30 a 34 años, donde la población extranjera representa ya el 18% del total. Del mismo modo, en el tramo de 25 a 29 años suponen el 17 %, lo que ha permitido que los tramos más jóvenes crezcan y se sostenga la población activa.

El balance general del informe para el conjunto del país describe un modelo de mantenimiento demográfico «frágil» y dependiente de la continuidad de flujos crecientes. El estudio de Funcas concluye que España no está sustituyendo su baja fecundidad por una mayor fecundidad inmigrante, sino que incorpora a los recién llegados a su propio régimen de natalidad reducida, donde los patrones reproductivos de autóctonos e inmigrantes «convergen en una sola generación».