La brasileña que regenta su propia empresa de reformas en Asturias: «Cuando ven a una mujer entrar a una obra es como si vieran un bicho de siete cabezas»
ASTURIAS
Weslaine Priscila de Oliver llegó a Asturias en busca de una vida mejor; casi 20 años después, ha conseguido llevar a cabo su sueño: tener su propio emprendimiento
21 may 2026 . Actualizado a las 17:38 h.Reinventarse para lograr una vida mejor siempre ha sido el objetivo de Weslaine Priscila de Oliver. Brasileña de origen y asturiana de adopción, Priscila llegó al Principado sin saber siquiera dónde estaba ubicado. En sus más de 15 años en la región, la brasileña ha sabido reinventarse en multitud de ocasiones para lograr una estabilidad económica que le permitiera tener la vida que siempre había deseado. Ahora, Priscila regenta su propia empresa de construcción: Reformas con limpieza A la Brasileña, un nombre que hace honor a sus años de esfuerzo.
Todo comenzó en 2008, cuando Priscila, junto a una amiga, decidió emigrar de Brasil a Europa. Su primera parada fue Portugal. «A mi amiga no le convenció Portugal, así que decidimos venirnos a Asturias porque ella tenía una conocida aquí. Yo ni siquiera sabía qué era Asturias, ni dónde estaba ubicado, pero como estaba sola no tenía más opciones, así que decidí acompañarla», recuerda Priscila.
En sus primeros años en la región, Priscila comenzó trabajando «en lo que podía». Su principal objetivo era conseguir un sustento económico que le permitiera vivir. Tras trabajar durante una temporada como interna cuidando de una persona mayor, Priscila conoció al que por aquel entonces sería su pareja. «Gracias a él, tuve mi primer contacto con las reformas». Desde 2010, Priscila comenzó ayudándole con pequeños trabajos: «Ahí empecé a conocer los almacenes de obra, llevaba la furgoneta a donde hiciera falta... Me di cuenta de que las reformas no eran algo complicado y que era un trabajo que una mujer podía hacer perfectamente».
En 2012, Priscila se quedó embarazada del segundo de sus cuatro hijos. En aquel momento, decidió alejarse temporalmente de las obras, aunque continuó ayudando a su pareja en los trabajos que se hacían en casa. «Había que hacer presupuestos y, aunque de esas cosas siempre se encargaba él, yo siempre estaba ahí».
Tras su divorcio en 2019, se vio obligada a dar un giro a su vida. «Había estado diez años apartada del mundo laboral, dedicándome a ser madre». Con la llegada de la pandemia, las cosas se complicaron aún más. Priscila decidió entonces intentar emprender, aunque en aquel momento «no fue una opción viable». Comenzó a trabajar en un hotel de Teverga, lugar en el que residía. «Aquello me sirvió para abrir la mente, para descubrir que había vida más allá del pueblo y que valía para salir a trabajar fuera».
Tras un año dedicada al sector hotelero, la brasileña quiso volver a intentarlo en el mundo de las reformas. «Conocí a una persona de Avilés que tenía una empresa de reformas y decidió contratarme. No todo el mundo tiene el valor de contratar a una mujer porque a veces hay recelos y prejuicios, pero él lo hizo».
La presencia de una mujer en las obras continúa sin ser algo habitual, sobre todo cuando se trata de cargar materiales pesados o retirar escombros. «El dueño de la empresa avisaba a la gente antes de que yo fuera. Les decía que sería una mujer la que iba a acudir a la obra. Cuando ven a una mujer entrar a una obra es como si vieran un bicho de siete cabezas».
Tras más de un año en esta empresa y habiéndose trasladado a Trubia, Priscila perdió la custodia de sus hijos, un hecho que marcaría el rumbo profesional de la brasileña. «Aquello fue un golpe duro y decidí dejar el trabajo para centrar mi cabeza y recuperarme».
Pero estar parada no era una opción para ella. Tras recuperarse de este bache, la brasileña decidió empezar de nuevo y apostar por lo que siempre había soñado: tener su propio negocio. Su primera opción se centraba en el mundo de la hostelería, pero las dificultades para encontrar un local hicieron que la brasileña regresara a donde todo había comenzado: a las reformas.
«Fui a la asesora y le dije que me diera de alta como autónoma». Así nació Reformas con limpieza A la Brasileña, un nombre que hace honor al esfuerzo que Priscila había puesto para llegar donde está. «Cuando llegué a España nadie sabía pronunciar mi nombre, así que me conocían como 'la brasileña'. Además, cuando perdí la custodia de mis hijos, llegué a plantearme si me la habían quitado por ser brasileña. Ponerle ese nombre a la empresa era hacer limonada cuando la vida te da limones».
Los comienzos de la empresa no fueron sencillos, aunque todo fue avanzando «gracias al apoyo de mi gente cercana». Las reformas comenzaron a llegar por recomendaciones y, aunque no fue fácil, poco a poco, y gracias a la ayuda de mi hija mayor, fui saliendo adelante».
Priscila anima además a las mujeres a ocupar puestos de trabajo y formarse en oficios tradicionalmente asociados a los hombres porque, asegura, «cuantas más mujeres haya trabajando en esto, más normalizado estará». «Las mujeres también somos capaces de realizar este tipo de trabajos. Aunque no tenemos la misma fuerza que los hombres, eso es algo que se entrena. Además, no siempre se necesita fuerza; en ocasiones también es cuestión de maña».
Por otro lado, la brasileña anima al Gobierno a facilitar el acceso a la formación. Aunque Priscila se dedica a las reformas, no cuenta con una titulación específica. «Yo no soy oficial de primera, no soy especialista. Cuando intenté acudir a algunos de los cursos ofrecidos por la Fundación Laboral de la Construcción, no me dejaron acceder porque estaba dada de alta como autónoma. Necesitas especializarte para que haya inclusión, por eso deberían hacer una formación más abierta. No se trata de tener un trato especial por ser mujer, pero cuanto más fácil sea acceder a este campo, más gente trabajará en ello».
Ahora, Priscila continúa trabajando, por el momento en solitario, con el objetivo de seguir creciendo en una profesión en la que asegura sentirse «en su salsa» y con la esperanza de, en el futuro, «ampliar la empresa y poder contratar a más gente».