La Pizarra: Mossa y el carril favorito del Oviedo

Análisis del partido propuesto por Juan Antonio Anquela

Anquela Almeria Real Oviedo Carlos Tartiere.Anquela, durante el encuentro frente al Almeria
Anquela, durante el encuentro frente al Almeria

Oviedo

Nota: 8, notable.

Quien haya visto mucho al Real Oviedo esta temporada, sabía que el derbi no iba a transformar en nada el juego de los azules. El de Anquela es un equipo que te aprieta, te persigue, te muerde. Y cuando consigue morder no suelta, desgarra al rival hasta dejarlo grogui. Uno de los secretos de los carbayones es que juegan todos los partidos como si fuesen un derbi. Da igual el rival. Por todo ello, ayer jugaban con ventaja.

El Sporting llegaba al municipal ovetense con la oportunidad de poner en la buena dirección el proyecto de Baraja. Ya no era ganar al eterno rival en su casa, que es mucho, era meterse de lleno en la lucha por el playoff y llevarse el gol average ante un rival directo. Pero nada de eso ocurrió. Los futbolistas de Juan Antonio Anquela volvieron a dar una exhibición de cómo competir y, jugando a lo de siempre, se llevaron una victoria que confirma lo que llevaban meses adelantando: van a luchar por todo.  

El aspecto táctico

Los once de siempre. Anquela apostó por esa alineación que la afición azul ya se sabe de memoria y optó por dejar en el banquillo a Toché y a un Fabbrini que se estrenaba en una convocatoria. Por su parte, Baraja repetía el once con el que ganaron al Nàstic, un 4-4-2 claro en el que Castro y Santos se intercambiaban continuamente la posición. O ese era el plan. El Oviedo comenzó el encuentro apretando arriba a unos centrales que no tenían ningún problema en buscar continuamente el lado derecho de los carbayones. Allí, Santos disputaba para que Jony, el hombre más peligroso de los rojiblancos, buscara la espalda de Folch y Rocha para hacer daño por dentro.

Tras unos primeros minutos de tanteo, típicos de la Segunda en general y de los derbis en particular, el Sporting golpeó primero. Jony encontró a Santos a la espalda de los centrales y, tras una serie de desafortunados despejes, el balón quedó suelto para que el de Cangas fusilara a Alfonso.

A pesar de esto, el gol no torció el plan azul. Por el carril zurdo, el favorito del equipo de Anquela, Mossa, Saúl y Aarón siguieron taladrando un costado diestro de la defensa rojiblanca que hacía aguas cada vez que el 23 y el 21 se juntaban. Y así llegó el empate: típico movimiento fuera-dentro del valenciano, gran pase de Berjón y Mossa, con su pierna menos buena, la pone a la perfección en el palo largo. El tanto afectó al Sporting y llegaron los mejores minutos de los azules, que antes del descanso pudieron poner el 2-1 en el marcador, pero el linier exhibió vista de águila para anular el gol de Linares.

Casi no había empezado el segundo tiempo y el guión del partido volvió a dar un vuelco. Mossa, con la más buena de sus piernas, se sacaba de la manga un zapatazo a la escuadra que desataba la locura en el Tartiere y que trasladaba toda la responsabilidad con balón al lado rojiblanco. El Sporting comenzaba así una fase del juego en la que no encontraba soluciones de ningún tipo, reflejada a la perfección en la cara de sus dos centrales. Barba y Álex Pérez solo se encontraban a ellos mismos y cuando no, optaban por el pase en largo, algo que hacía feliz a Carlos, Forlín y Christian pero no tanto a Jony.

Los azules estaban cómodos y llegaban con facilidad al área de Mariño. Linares dio una exhibición de apoyos constantes, tanto recibiendo el pase largo de Carlos o Christian como ofreciéndose en corto a Folch y Rocha. Mención especial para 'Las dos torres' de Anquela, un doble pivote que volvió a firmar una segunda parte de escándalo ante unos Sergio y Bergantiños claramente superados.

No fue hasta el 63' cuando llegó la primera jugada elaborada del Sporting en campo del Oviedo, protagonizada por Santos, Jony y Canella. El partido pasaba y el cuento no cambiaba. Mossa y Saúl seguían torturando a Montoro y los centrales rojiblancos se turnaban para ver quién le daba el pase largo a Santos. Baraja hizo debutar a Santana para intentar dominar el centro del campo, pero el canario tocó poco el balón.

Se acercaba el final y la sensación era que solo el Oviedo podía regalar el empate. La coraza azul aguantaba sin resquebrajarse y a Jony, único argumento ofensivo del Sporting, se le acababa la gasolina. Una pérdida de Yeboah pudo costar un disgusto a los de Anquela, pero Nano Mesa, otro debutante, no asustó a Alfonso Herrero. Con el final se desató la felicidad en el Tartiere. El oviedismo cree en sus jugadores, cree en su entrenador, cree en una idea y cree en sí mismo. Y eso es un arma tremenda. 

Los cambios

Y por fin, Anquela pudo disponer de un banquillo con soluciones reales. Fabbrini, Yeboah y Toché eran suficiente gasolina para rellenar un depósito que en las últimas jornadas se solía acabar en el ultimo cuarto de hora. El ghanés fue el elegido para abrir la veda de cambios sustituyendo a un Aarón agotado tras un esfuerzo tremendo. El 14 no tuvo malos minutos, participativo e intenso, pero le faltó precisión para amenazar de verdad a la defensa rojiblanca.

Toché entró al césped buscando su ocasión y no paró de luchar por ella, pero esta no llegó. Su trabajo fue clave para empujar hacia atrás a los dos centrales del Sporting, obligándoles a trabajar a destajo en cada centro lateral. Y en el descuento se produjo el cambio que el oviedismo llevaba esperando desde agosto: Diego Fabbrini completaba su recuperación debutando en partido oficial con el Real Oviedo. Y pudo hacerlo con gol, ya que en la última jugada del encuentro, con Mariño buscando el empate en el área de Alfonso, el italiano tuvo la oportunidad de finiquitar el derbi, pero notó la falta de ritmo y Rubén García estuvo más rápido.

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